DE LA DEMOCRACIA Y OTRAS…¿FRUSTRACIONES?

Para este primer post abordaré un tema que, aunque muy relacionado con la actualidad, hace referencia a acontecimientos no tan recientes. El tema del que quiero hablar es el de la democracia y sus críticas.

Muchos autores han criticado el régimen democrático. Se me vienen a la cabeza las que hizo Joseph Schumpeter quien, en su libro Capitalismo, socialismo y democracia (1947), mostró cómo los resultados que se obtienen a través de este régimen no son racionales, debido a la ingenuidad e ignorancia de las mayorías sobre los temas políticos y económicos. Esta realidad es aprovechada por los políticos quienes, a través de la propaganda, manipulan las opiniones, lo que resulta no solo en decisiones subóptimas para la sociedad, sino en ataques a la democracia misma.

La predicción de Schumpeter era que, por la democracia y sus problemas inherentes, desaparecería el capitalismo y se implementaría un socialismo en la mayoría de sociedades. Como es evidente, esta predicción no se cumplió…por lo menos, en parte.

Sin embargo, sus apreciaciones tienen vigencia hasta la actualidad y pueden explicar cuatro hechos recientes sobre el comportamiento democrático de algunas sociedades: la elección de Juan Manuel Santos, en Colombia, y de Gustavo Petro, en Bogotá. También podría utilizarse para entender las re-elecciones de Hugo Chávez, en Venezuela, y de Barack Obama, en Estados Unidos.

En esta ocasión no haré referencia a las propuestas, formas de gobierno o perspectivas de estos mandatarios, sino en lo que representa su ascenso al poder. En cada uno de ellos, el diagnóstico aportado por Schumpeter se hace evidente.

Juan Manuel Santos fue elegido, de forma importante, por aquellos uribistas radicales, los furibistas, quienes en la campaña desechaban cualquier crítica a su candidato por considerarlas ataques directos – y, por lo tanto, inadmisibles – a su Mesías, el expresidente Álvaro Uribe. Esta irracionalidad en la forma como consideraron que Santos sería el continuador de la labor adelantada por Uribe les impidió ver la trayectoria política del actual mandatario de los colombianos: un político que ha pertenecido a casi todas las vertientes ideológicas del país y que le apuesta, siempre, a quien está con las mayorías. Dicho de manera sencilla, un político de encuestas (tema que abordaré en futuros posts). Esta ingenuidad fue aprovechada por la labor mediática y de campaña del, ahora, Presidente de los colombianos.

En los otros tres casos, la irracionalidad se manifiesta en la ingenuidad de los votantes sobre cómo alcanzar unos objetivos que se consideran benéficos. Gustavo Petro fue elegido, en parte, por sus propuestas, sin haber reparado los electores en si era posible llevar a cabo sus ideas, cuánto tiempo requerían, qué tipo de preparación se necesitaba y, sobre todo, sin haber considerado que, en la experiencia de Petro, no existía ninguna credencial que demostrara su capacidad de administrar.

Hugo Chávez fue reelegido porque, seguramente, parte del electorado venezolano considera que no son suficientes catorce, veinte o treinta años para lograr la sociedad ideal de un difuso Socialismo del Siglo XXI. Esta ingenuidad impidió cuestionar el hecho que el candidato-presidente-comandante-socialistamesías hubiera tenido una milagrosa curación, en muy corto tiempo, de su enfermedad e impidió reparar en los efectos negativos económicos y políticos que tendría la eventualidad en que esta supuesta curación no fuera sino una estrategia de campaña. Algunos de esos efectos negativos se discuten en el número más reciente de la revista Current History.

En el caso de Barack Obama, también la ingenuidad – y la esperanza – impidieron observar la incapacidad del reelegido para enfrentar la, a su vez irracional, oposición del ala más radical del partido republicano, así como para generar consensos para sacar adelante sus iniciativas. Es muy temprano para afirmar que ésta será una esperanza más perdida para los electores de Obama. Es posible que, esta vez sí, el mandatario estadounidense cumpla con todas sus promesas…que esta vez sí se podrá. El tiempo lo dirá.

Ingenuidad, manipulación de los políticos y propaganda que generan, más que resultados negativos (en esta ocasión no estoy hablando de eso), una sensación de frustración en las sociedades. Frustraciones no solo frente a esos políticos, sino frente a las instituciones que representan y a la democracia como régimen de solución de problemas de acción colectiva.

No obstante, los electores siguen, en su irracionalidad, sin darse cuenta (como tampoco lo hizo Schumpeter en su momento y, de allí, su incapacidad para hacer predicciones más cercanas a la realidad de los hechos) que el problema no es la democracia y, ni siquiera, los políticos. El problema es considerar que el Estado es la solución de los problemas, la forma de alcanzar los objetivos y el éxito individuales o llegar a una etapa ideal de armonía y estabilidad (al fin y al cabo, armonía y estabilidad según ¿quién?).

Tal vez las frustraciones y las malas decisiones se solucionen no, como se propone a menudo, con “mayor educación política” (tema que abordaré después), sino cuando cada individuo reconozca para qué existe el Estado; cuando comprendamos que no existen los mundos perfectos; cuando se entienda que los elegidos son representantes y administradores, pero no seres superiores y cuando aceptemos de una vez y por todas que el resultado de nuestra vida depende solo de nosotros mismos y no de una vara mágica, manejada por aquellos que forman parte del mundo de la política.

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