RESPUESTA

Agradezco, nuevamente, sus comentarios. A continuación doy respuestas muy cortas a cada uno de los puntos que usted menciona. Sin embargo, debo decirle que, creo, no leyó con atención los posts y/o que no comprendió el objetivo que me planteé en ellos. Es decir, no entendió el objeto de discusión.

Profe, es realmente una lástima que en las tres partes del artículo, no haya un solo número, una solo cifra que respalde sus tesis y sus críticas a las críticas. Absolutamente nada en relación al retroceso o avance industrial, la balanza de pagos, el déficit comercial, el empleo industrial y agrícola, etc.

          Creo que no leyó con atención la primera parte de esta radiografía. En el tercer párrafo de la primera parte, precisamente, anuncio que no utilizaré cifras ni ejemplos de otros países. Allí doy dos razones que le resumo: primero, porque se convierte en una eterna discusión del vaso medio lleno y del vaso medio vacío. Segundo, porque esto lleva a que se convierta el debate en un concurso de quién puede mencionar más cifras y armar el panorama que desee, según su posición, sin que por esto sea más real.

          Por ejemplo, podríamos quedarnos en este debate si yo le digo que el ingreso per cápita, por ejemplo, ha aumentado de manera importante en el país o que Colombia ha incrementado sus flujos comerciales de manera sostenida o que hemos mejorado en los resultados del IDH. Sin embargo, los opositores pueden decir que no es suficiente: ¿quién tiene la razón? Como es evidente que ambas partes la tienen, ¿cuál es la visión que predominar? Ahí sí la respuesta ya no es tan evidente…todo se convierte en un juego de quién transmite mejor su visión, su posición.

          Por ello, decidí enfocarme, no en las críticas, sino en las características generales que tienen esas críticas.

Para ser una “radiografía a las criticas” tengo que sincerarme diciéndole que la encuentro muy…limitada.

          Claro que es limitada. Nada más pretencioso y deshonesto que proponer un análisis, en cualquier campo, sobre cualquier tema, que sea completo, absoluto, definitivo. Pero esto no es algo negativo: tiene que ver con la incapacidad que tenemos los seres humanos (cualquier ser humano) para comprender y explicar fenómenos tan complejos como los relacionados con la vida social.

          Sobre este tema y para que vea una crítica, desde la filosofía, sin cifras, lo invito a leer el libro La sociedad abierta y sus enemigos, de Karl Popper. En ese libro, Popper muestra los peligros de creer, como creyeron algunos, que la verdad absoluta es de conocimiento inmediato o, lo que puede ser peor, considerar que existen “leyes” ineludibles, superiores a la capacidad humana de, por medio de la prueba y error, construir la sociedad que desea.   

Primero porque la crítica, sin respaldo estadístico además, no se compadece con los argumentos de renombrados economistas nacionales como Abdón Espinosa Valderrama, Eduardo Sarmiento, Bethoven Herrera ó incluso autoridades internacionales como los Nobel Stiglitz ó Krugman ó el señor Kenichi Ohmae (“el Señor Estrategia”, catalogado por Financial Times de Londres como el gurú gerencial del Japón) que en referencias generales (los dos primeros) critican el modelo de “libre comercio” y su relación con la crisis estructural de la economía internacional y los tres expresaron en su momento lo inconveniente para Colombia de este tipo de acuerdos.

          Tiene razón: no utilicé, en mis afirmaciones, los trabajos de los autores que menciona.

          Sin embargo, tampoco utilicé los trabajos de otros economistas colombianos, como Juan Carlos Echeverry, Alejandro Gaviria, Santiago Montenegro o Roberto Steiner, quienes tienen una posición muy distinta a los que usted menciona.

          En el mismo sentido, tampoco incluí, otros premios nóbel como Ronald Coase, Douglass, North, Elinor Ostrom, Oliver Williamson, Gary Becker, James Buchanan o, claro está, Friedrich Hayek y Milton Friedman.

          No lo hice porque, de nuevo, esta no era una discusión sobre las cifras o sobre los resultados comerciales para el país, sino lo que, a mi parecer, está detrás de las críticas que se hacen: es decir, estas son las características que encuentro en cualquiera de las críticas puntuales que se hacen contra los acuerdos comerciales del país.

Una radiografía completa expondría por lo menos las críticas a la especialización en las “ventajas comparativas” desde el enfoque de la demanda disímil de algunos productos en el intercambio comercial “libre” (E. Sarmiento); el problema del intercambio en cuanto al valor agregado en la especialización y sus efectos macroeconómicos (Krugman y Stiglitz caso Grecia y la Unión Europea); la evidencia empírica negativa del libre comercio en América Latina (Herrera, caso México) ; la evidencia estadística (escalon tecnológico, producción industrial, empleo industrial, participación en el PIB y en el valor agregado) que señala que Colombia INVOLUCIONA en términos capitalistas (Luis Jorge Garay); y tal vez el más importante a mi juicio, la explicación del discurso y las políticas libre cambistas a la luz de los problemas de superproducción de las economías desarrolladas , la disputa por los mercados.

          No es muy claro este párrafo, pero creo que ya queda claro por qué no incluí a ninguno de estos autores.

          Además, fíjese que este es un pequeño ejemplo de lo que le mencioné antes: si me quedo en las cifras, entro en la discusión de si América Latina (México, por ejemplo) está mejor hoy que antes de NAFTA. Muchos autores consideran que sí, pero otros (como Gaviria o Echeverry) han afirmado que el modelo equivocado, el que se está agotando, es el de Brasil. Vuelvo y le pregunto: ¿quién tiene la razón?

          Sobre lo último, el tema de superproducción de las economías desarrolladas y la disputa por mercados, me parece que es una confusión que usted tiene sobre las razones de la crisis actual. Es decir, sobre eso sí que no hay debate: no tiene nada que ver con problemas de superproducción. Pero bueno, esa sería otra discusión, poco relacionada con la de los acuerdos de Colombia y las características generales de las críticas.

En segundo lugar porque el estilo de la crítica es macartista.

          No creo que este sea el caso: simplemente tomé el caso de una persona que, considero, tiene una capacidad especial para ser considerado formador de opinión y critiqué su posición.

          ¡Eso no puede ser considerado McCartismo! No entiendo por qué algunos grupos sociales o políticos creen que cualquier crítica que se les hace es una cacería de brujas o busca otros fines más allá de la sana discusión de ideas. No sé si tenga que ver con que creen que cuentan con la verdad revelada, absoluta o si tiene que ver con otras razones….el punto es que la idea no es plantear un escenario de buenos o malos, sino que mi intención es aportar mi punto de vista. No hay nada detrás…ninguna teoría de la conspiración.  

Tomar un hecho político, propio de un escenario parlamentario, como el de la bandera para señalar incoherencia en la discusión y en la argumentación académica sacándolo de contexto, no es muy honesto.

          De nuevo, creo que no leyó con atención los posts: Este ejemplo lo utilicé para mostrar, no incoherencia, sino la visión que se tiene sobre la capacidad de Colombia para competir en el ámbito internacional.

          Es decir, lo que sugerí es que el senador Robledo, con esta expresión política refleja, en parte, cómo nos vemos los colombianos.

          Ahora bien, esta es un propuesta que hago sobre cómo hemos construido nuestra identidad, pero tampoco pretende ser la verdad absoluta. Es, si quiere verlo así, una hipótesis.  

Sugerir que la propuesta del Senador como alternativa al “libre comercio” es la autarquía o ó el enclaustramiento comercial es cuando menos una caso grave de desinformación.

          No sugerí esto…simplemente que, como no es clara la alternativa que propone el Senador, uno podría asumir esto. Pero me parece muy bien que el Senador no piense así…sería bueno que fuera claro sobre cuál es la alternativa que propone para discutirla.

Sería tan macartista como comparar sus posiciones constructivistas con el idealismo de San Agustín. Particularmente no me gusta este estilo, porque no propende por la honestidad en el debate académico y sí por ridiculizar las posiciones de la otra parte.

          OK.

Entiendo que el Blog no es un espacio académico o científico, pero la importancia del tema (por lo menos la que yo le doy) amerita, hacer esfuerzos, más rigurosidad.

          De nuevo, entienda la discusión en el nivel en el que la planteé: todavía no he comenzado a discutir las críticas, sino que propuse cuatro características que, me parece, son comunes a todas las críticas. Haga el ejercicio y lo verá…desde el tema de los subsidios, hasta el tema ambiental, pasando por el de la carrera al fondo (race to the bottom), la desindustrialización, etc….

Aportaría mucho en el debate conocer por ejemplo ¿Cómo se ha manifestado él avance industrial de Colombia después de 20 años de apertura?

          Fíjese que este es otro problema: ¿qué cifras tendríamos que mirar para que sea riguroso? ¿El tema industrial tiene que ver únicamente con una discusión sobre las estrategias de libre comercio? ¿No tendrá que ver, por ejemplo, con obstáculos institucionales domésticos para ampliar las posibilidades de inversión? ¿No tendrá que ver con un problema de a quiénes se les otorgan las ayudas? Y así podríamos hacer muchas otras preguntas que incluirían muchos otros temas, más allá del de los acuerdos comerciales. ¿Qué es más riguroso, entonces, considerar que la culpa de todo lo que pasa en la industria es resultado de los acuerdos comerciales o comenzar por discutir qué ideas están detrás de las críticas que le hacemos a esos acuerdos?

 ¿Qué significa, a la luz de sus posiciones, que Colombia que importaba en el 90 menos de un millón de tn de alimentos, hoy importe 12 millones de tn, alimentos que produce y/o solía producir?

          De nuevo, esta parte tampoco la leyó con detenimiento. Si nos alarmamos por esta realidad, tendríamos que aceptar que tenemos que una visión mercantilista. ¿Por qué es malo importar esas toneladas de más? Además que sería una discusión, ahí sí, poco rigurosa: ¿a qué precios se han importado? ¿quiénes son los principales consumidores? ¿antes quiénes eran? ¿quiénes las producían? ¿por qué no pudieron enfrentar la competencia externa? Estas son algunas preguntas que habría que hacerse…o quedarse pensando que, en efecto, importar es malo…porque sí.

          Por otro lado, con esta afirmación, me pone a dudar sobre la alternativa que plantean sobre los temas comerciales: ¿Colombia no debería importar alimentos? ¿Cuáles debería importar? ¿Quién debería tomar esa decisión? ¿En realidad no contemplan un estado autárquico como el ideal?

¿Qué opinión merecen, los subsidis agrícolas de la UE, la “guerra devaluacioncita” del dólar en Estados Unidos, los subsidios industriales en energía en Corea, las medidas proteccionistas casi que universales en sectores como el siderúrgico (G. Bush en el caso de USA), en el contexto y en el discurso del “libre” mercado?

          De nuevo, también pasó por alto la parte en la que describí las diferencias entre libre comercio y acuerdos comerciales. En este caso, no estamos hablando de estrategias de libre comercio, sino de un punto intermedio en el que la meta no es abrir los mercados del todo (o sino no habría necesidad de negociar), sino lograr mantener algunos sectores protegidos, por lo menos por un tiempo.

          Por partes, aunque no todos los anteriores sean temas de los acuerdos comerciales (de nuevo, para ser rigurosos tendríamos que centrarnos en el objeto de debate, pero bueno).

o   Subsidios: Claro los subsidios son, si se quiere, una forma de “competencia desleal” que hacen los países ricos. No obstante, ¿en todos los sectores subidiados, Colombia tiene ventajas comparativas, concepto que usted había desechado pero que ahora está utilizando? Además, si esta crítica fuera válida para impedir avanzar en este tipo de acuerdos, la tercera característica que mencioné sería completamente válida: usted está defendiendo los intereses de unos colombianos y no de todos los colombianos. Los subsidios, con algunos supuestos específicos, generan una disminución en los precios. Si bien esto afecta a los productores, beneficia a los consumidores, ¿no? Si no firmamos acuerdos comerciales por la existencia de subsidios, entonces, tendríamos que ser honestos: lo hacemos porque queremos proteger los intereses de FEDEGAN o de la SAC pero no los intereses de todos los colombianos.

o   No es muy claro el tema del proteccionismo que usted menciona, pero, claro, esto también es malo…para los consumidores estadounidenses. No obstante, habría que mirar si el sector siderúrgico es un fuerte de Colombia en la relación con Estados Unidos o si esas trabas se mantienen…

La discusión aquí no es si Colombia se relaciona o no con el mundo (es absurdo que se plantee en estos términos), sino los términos en los que se da esa relación y esos intercambios. Creo que una mención obligada en estos temas es hablar de la evidente especialización de Colombia en el “país minero” a través de estos 20 años.

          De nuevo, esta parte tampoco la leyó con atención. ¿Esto es resultado únicamente de las estrategias comerciales del país?

          Además, como le mencioné desde el principio, es un problema de cifras: para usted Colombia se ha convertido en un país minero únicamente. Es decir, para usted, Colombia es un país minero en el mismo sentido en el que Venezuela es un país petrolero (este país, sin estrategias de acuerdos comerciales ni nada que se le parezca). No obstante, otros, según su posición, tendrán otra visión sobre la diversificación productiva del país: ¿quién tiene razón?

No tengo una posición de principios en contra de la minería, pero sugerir que un país se especialice en este sector sacrificando el resto es descabellado e ingenuo por demás ¿acaso es lo mismo, en el marco de la especialización de las ventajas comparativas, ser un país minero, o un país industrial?

          No es clara su pregunta en este punto. Claro que no es lo mismo ser un país minero que ser un país industrial. Ahora bien, si lo que en realidad usted está preguntando es qué es mejor, fíjese que la discusión se nos vuelve a ampliar por fuera del debate meramente comercial.

          Por otro lado, si usted, en el fondo, está hablando de los famosos términos de intercambio, según lo visto en la última década, sería mejor, por ahora, seguir siendo un país minero…¿o no? Mire los precios de unos frente a los precios de los otros.

          Sin embargo, para que quede claro, mi posición: claro que la industria es buena y que tendremos que avanzar hacia allá. Pero la mejor forma de hacerlo es a través de una estrategia aperturista y no a través de una economía cerrada. Además, esa estructura económica depende de muchos otros factores además de los comerciales.

Espero que las anteriores aclaraciones le sirvan para que avancemos en el debate. Lo invito a leer nuevamente los posts y a que discutamos, ahora sí, la radiografía hecha: cada una de las cuatro características, cuáles podrían faltar o cuáles se podrían mejorar. Nuevamente, le agradezco haberse tomado el tiempo de reaccionar frente a mis posiciones.

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