DE CÓMO DOMANDO AL MONSTRUO, SE LIBERA…LA POBREZA

Esta semana decidí escribir sobre este tema por varias razones. Un amigo cercano y colega hace algunos días replicó una foto que subí a Facebook diciéndome que los casos de (Bernard) Madoff o de Interbolsa son ejemplos de cómo el sector privado puede empeorar las cosas. Además, el domingo pasado me encontré con una columna de Salud Hernández en la que hacía referencia a los hechos relacionados con el caso Interbolsa y hablaba de los excesos de, según ella, un tipo de capitalismo. El mismo día una noticia reseñaba que el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, pedía crear unos nuevos escenarios, para “el sur”, de solución de disputas con empresas privadas (las malvadas multinacionales) a propósito de la última decisión relacionada con la Chevron. Como si esto no fuera suficiente, el lunes recibí el último número de la revista Nueva Sociedad, en la que aparece un artículo, escrito a varias manos por doctores en economía, en el que se afirma la necesidad de cambiar el sistema económico actual por uno que ellos denominan “capitalismo decente”.

¿Por qué les cuento estos hechos? La verdad es que los cuatro casos, con sus diferentes énfasis, razones y momentos, comparten una similitud: todos critican el capitalismo y consideran necesaria su reforma, cambio o, seguramente en algunos casos, abolición. La derecha, la izquierda, los académicos y los expertos en economía: de todos los frentes surgen las mismas inquietudes y críticas. En los casos mencionados y en muchos otros que se podrían citar, se hace referencia a los efectos negativos del capitalismo, a los problemas que genera, a los efectos negativos de sus crisis…en fin.

No voy a hablar, sin embargo, de qué tipo de capitalismo es el que se critica en los cuatro casos. Tampoco voy a hacer referencia a cómo se puede criticar un sistema económico que, con todos sus problemas reales, ciertos, evidentes, ha demostrado ser el único capaz de resolver los problemas de escasez en la historia de la humanidad y, además, de permitir que, por primera vez, existan sociedades que viven por encima de sus necesidades de sobrevivencia. Tampoco me quiero referir a la equivocación de referirse al “capitalismo” como si fuera un individuo, un monstruo, un ser externo al que se le puede culpar de todos los males de la actualidad…y no reconocerle ninguno de sus beneficios y no aceptar que, al fin y al caso, el capitalismo refleja millones de decisiones individuales, simultáneas, en todo tiempo y lugar.  

No. De lo que quiero hablar es de los problemas que encuentro en las críticas que se plantean y, sobre todo, en las alternativas que se proponen.  Porque, digámoslo claramente, cuando se critica el capitalismo y se habla de la necesidad de mejorar las condiciones que genera, no se está hablando sino de cuáles otros papeles debe tener el Estado y de cómo éste puede hacer mejor las cosas que los millones de individuos que buscan sus intereses personales de manera simultánea y autónoma.

Encontré cinco problemas. Primero, creer lo anterior es considerar que todos aquellos que forman parte de eso que se llama capitalismo (es decir casi todos los seres humanos) solo tienen como principal interés hacer el mal al otro. Que esa es la única forma de ser exitoso. La verdad es, sin embargo, que así como existen muchos (empresarios, comisionistas de bolsa o consumidores) que son “malos”, también hay muchos otros que son “buenos” y, por lo tanto, considerar que el capitalismo (salvaje o como quieran llamarlo) debe ser limitado por una mayor intervención del Estado es errado.

Segundo, existe una confusión en el aspecto de la responsabilidad. Se dice que Madoff, que Interbolsa, que Enron, que ING, que Lehman Brothers…grandes estafadores de la historia y generadores de crisis. Por ellos, el Estado debería intervenir. Sin embargo, estas propuestas no reconocen que es en el mercado donde se pueden distribuir las responsabilidades, las culpas y encontrar específicamente los causantes de las crisis y hacerlos pagar por ello…si la sociedad así lo quiere. Mientras tanto, casos como el de los falsos positivos del gobierno Uribe o las graves equivocaciones (por llamarlas así, suavemente) de las últimas dos administraciones distritales en la capital del país, ¿de quién son culpa? ¿Quiénes son los responsables? Entonces, no sé si se pueda esperar que en un capitalismo más estatizado podamos siquiera identificar a los futuros culpables.

Tercero, se considera que el Estado lo haría mejor. Sin embargo, así como es común escuchar hablar del “capitalismo” como si fuera un monstruo, es común hablar del “Estado” como si fuera el superhéroe…y tampoco. El Estado no es sino una denominación para referirse a diferentes instituciones en las que trabajan funcionarios y/o políticos que, como ya había dicho alguna vez, son seres humanos como los demás…incluso, como los que han cometido los errores del “capitalismo”. ¿Por qué, entonces, se cree que serán diferentes las cosas si ahora las decisiones las toman esos funcionarios o esos representantes?  

Cuarto, tampoco se ha reconocido que ha sido precisamente en el mercado, como resultado de las decisiones de esas miles de personas que toman decisiones simultáneas, egoístas, si se quiere, en donde se han quebrado los grandes estafadores y todos aquellos que los han apoyado. Es decir, es “el mercado” (para que parezca otro monstruo independiente) el que ha encontrado, antes que nadie más, los fraudes y los errores. No encontré ningún ejemplo en la historia (si alguien lo encuentra, por favor, nos lo informa) de crisis financiera (desde 1825 cuando Carlos Marx propuso la primera teoría de los ciclos económicos) en el que haya sido el Estado – y sus ejércitos de reguladores, supervisores, auditores, etc. –  el que anticipó las pérdidas o los errores que se estaban cometiendo. Si esto ha sido así, ¿mayor regulación o un capitalismo de Estado podría alertar sobre futuros fraudes?  

Quinto, detrás del tema está la obsesión con un ideal de estabilidad. ¿Las crisis son dolorosas? Es seguro. ¿No quisiéramos que nadie, nunca, por ninguna razón, sufriera en el mundo? Seguramente. ¿Todos deberíamos tener lo mínimo y hasta más para llevar una vida decente? Estamos de acuerdo. En general, no nos gustan los ciclos económicos, no nos gusta el sufrimiento humano…y es claro que “el capitalismo” (el monstruo) no ha podido evitarlos. Sin embargo, en el extremo del argumento, ¿el Estado podría? Creo que existen ejemplos suficientes para demostrar que tal sistema resulta en estabilidad, es cierto, pero con pobreza para todos (es decir, el sufrimiento no se evita). Lo más grave es que después de la estabilidad, ante el primer amague de crisis, se puede esperar la implosión del sistema. No sé si se les ocurra algún ejemplo…

Pero, seguramente me dirán que no, que lo que se propone es algo de intervención, no más. Es decir, una suerte de punto intermedio. Claramente no el punto intermedio actual (no sé si alguien pueda creer que vivimos, en la actualidad, en un sistema de capitalismo total)…es decir, un sistema con un poco más de intervención.  En este caso, varios problemas surgen: qué es lo que se debe regular. Pero, además, cómo hacerlo, quién hará el seguimiento, cómo se puede saber si las regulaciones se están cumpliendo y muchos otros. Para resolver estos asuntos, es evidente que una sola regulación no basta. Es necesario profundizar en otras regulaciones que, a la vez, generarán los mismos problemas que, de nuevo, tendrán que resolverse con más regulaciones. Friedrich Hayek reflexionó sobre esto en su libro Camino a la servidumbre (1944) y mostró cómo, por una regulación, se puede llegar al otro extremo. La pregunta sigue siendo, ¿se evitaron las crisis y el sufrimiento humano? ¿Se logró la deseada estabilidad?

El objetivo de hoy no es decir que no se puede hacer nada ante los fraudes cometidos. Por el contrario, mucho se puede hacer: ¿qué tal comenzar por permitir que los culpables se quiebren y no buscar excusas para rescatarlos como, en general, se hace? Pero ese sería solo el primer paso…mucho más se pueden dar. El objeto de hoy es, más bien, señalar que, si seguimos pensando que es el Estado el que puede darnos la estabilidad y mejorar nuestro bienestar material (que porque el capitalismo es malo, así como los empresarios, los financistas y todos los demás), no solucionamos nada y en cambio sí privaremos a la sociedad de los beneficios que este sistema ha generado, más que ningún otro en la historia de la humanidad.

UN COMENTARIO FINAL. Me había propuesto no hacer ninguna referencia en este espacio al actual gobierno de Bogotá porque mi intención es discutir ideas prevalecientes y que nadie discute…y pues, claramente, los hechos y la opinión han reconocido el error que se cometió al elegir a Gustavo Petro. Sin embargo, no resisto la tentación de mostrar la contradicción: mientras consideramos que el Estado debe intervenir en la economía, decidir si fumamos o no, o si consumimos drogas o no…es decir, debe hacerlo todo (por lo que está lleno de individuos superiores), ahora nos dicen que de lo que no se puede encargar es de la seguridad. Nos dicen que eso debe ser personal, individual. Así, gracias a uno de los acostumbrados errores de Petro, llegamos al absurdo: el Estado se encarga de todo menos de cumplir con una de las dos tareas para las que fue creado en primer lugar. Muchas gracias al alcalde Petro…y a todos los que lo eligieron.

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