REPARTIENDO EL PASTEL…PERO, ¿DE QUIÉN?

Y pues sí, al parecer el gobierno de Juan Manuel Santos se está descuadernando: la Unidad Nacional es cada vez menos real, fracasos en política exterior, en la reforma política, críticas por la reforma tributaria, en la política educativa y, ahora, una parálisis por protestas sociales. Eso es, tal vez, resultado del afán, no de cumplir con su trabajo, sino de querer pasar a la historia. O de tratar de mantener feliz a todos los sectores. Al fin y al cabo tener contento a todo el mundo es imposible. Es cierto que se necesitaba un cambio en la forma de ejercer el poder a una de, por ejemplo, menor confrontación pero también es necesario que un representante tome decisiones difíciles: para eso fue elegido. La cosa no es un concurso de popularidad…o, por lo menos, no todo el tiempo.

Sin embargo, el problema no es solo del gobierno. A pesar de las críticas que se le puedan hacer, lo que pasa no es culpa solo del presidente y de sus ministros como parecieran pensarlo los aparentes nuevos aliados políticos (por lo menos en su oposición radical e irracional al gobierno): el Uribismo y la izquierda. ¿Qué es lo que ésta pasando en el país? Un economista del siglo XIX, Frédéric Bastiat, escribió un ensayo que tituló Lo que se ve y lo que no se ve. De manera muy breve, en éste, afirmaba que el papel de los estudiosos de la sociedad no era el describir lo evidente, sino el develar las consecuencias inadvertidas de las decisiones políticas.

Por ello, un verdadero análisis no se puede quedar en lo obvio: que existen sectores insatisfechos; que puede haber presión por parte de grupos ilegales; que han sido sectores tradicionalmente descuidados, que….estas y muchas otras observaciones pueden ser ciertas, pero no llegan al fondo del asunto. Además de lo malo que pueda ser el gobierno actual (porque nunca ningún gobierno será lo suficientemente bueno), ¿qué está pasando en el país? ¿Cuáles pueden ser las consecuencias?

Yo no creo que esto refleje unas peores políticas o una pauperización de la situación de las mayorías. No creo que este gobierno sea peor que, bueno, que cualquiera del pasado. Tampoco que los cafeteros o camioneros estén peor hoy que hace diez años, o veinte. El problema, entonces, me parece que está en dos hechos. Primero, la necesidad, por parte de sectores específicos, de capturar las decisiones políticas en su beneficio. Segundo, el aprovechamiento rápido y oportunista de lo que, creo, se perciben como ganancias de corto plazo. 

Es decir, Colombia ha crecido. Está creciendo. Así muchos no se hayan dado cuenta, ya no hablamos de un país pobre, sino de renta media. Pero este crecimiento ha generado, por un lado, un optimismo infundado y, por otro, mayor ansiedad, mayores temores. Un optimismo infundado que se ve, por ejemplo, en que el presidente Santos habló de la inclusión del país en la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), foro de encuentro de países con unos niveles de desarrollo “importantes”. Pero mayor ansiedad o temores porque no se sabe si la fiesta va a durar…y, sobre todo, si dura, si los beneficios llegarán a quienes no los perciben de manera inmediata en el corto plazo.

Estos dos hechos estimulan los comportamientos oportunistas en grupos organizados de la sociedad. Pero, y esto es importante, no son lo más débiles o los más afectados. Su capacidad de incidir en las decisiones depende de su poder político: de su fortaleza. Por esto es que las negociaciones con los grupos en paro giraron en torno a cuánto se incrementarían las protecciones y generosas contribuciones que el Estado (con los recursos que todos pagamos de impuestos) ya les dan…desde hace mucho tiempo. Además, por esto es que los que están sentados en la mesa de negociación con los ministros no son campesinos del común, sino personajes que no se caracterizan, precisamente, por su pobreza. Por esto es que son sectores que, a pesar de estas realidades, generan simpatía en las mayorías urbanas y tienen su apoyo a pesar de los problemas sociales que generan al, por ejemplo, bloquear carreteras sin pensar en que están generando grandes pérdidas a la economía que es, en últimas, la razón por la cual tienen las protecciones que tienen o sin pensar en los daños humanos que generan. Pero no…al fin y al cabo, en Colombia, parece ser que el derecho a la huelga prima por encima de todos los demás, incluso al de la vida.

Sobre esto, una pequeña reflexión. Los cafeteros. Ahora resulta que todos nuestros formadores de opinión y representantes de ciertos sectores políticos añoran la época en la que los cafeteros dominaban el país. Se habla, con tristeza, del pasado poderoso de la Federacafé o de cuando este producto generaba un porcentaje importante del PIB nacional. La pregunta sería, ¿no es mejor que esto ya no sea una realidad? ¿En los años 80, por ejemplo, no eran estos mismos representantes y estos mismos formadores de opinión los que criticaban la importancia que los cafeteros tenían por encima del cualquier otro sector? A mí me parece que el hecho que los cafeteros ya no sean tan importantes como en los años 1920 – 1980 es una señal de progreso. Es decir, si ya no son tan importantes y lograron negociar semejante paquete de ayudas, no me quiero imaginar cómo eran las cosas a finales de la década de los años 20, cuando se creó la Federación. Pero esa es solo mi opinión.

Entonces bien, venía diciendo que el tema de los paros, además de todo lo que se pueda decir, se puede explicar por la existencia de comportamientos oportunistas por parte de grupos poderosos en la sociedad. Por esto es que el antecedente de esta semana puede ser problemático en un futuro. Primero porque cuál o cuáles serán los próximos sectores. Segundo porque cuándo se detiene la adopción de comportamientos de este tipo y qué cantidad de recursos es necesaria para satisfacerlos. Tercero, precisamente, porque cuánto es suficiente: ¿tendrá el gobierno que duplicar o triplicar, con nuestros recursos, todas las ayudas?          

Pero además de los anteriores hay dos aspectos que deberían generar un debate en el país. ¿Existe algún estimativo confiable de cuánto nos costará la generosidad de este gobierno? Es decir, cuánto costarán todas las leyes que han sido aprobadas desde su inicio, cuánto costarán los acuerdos de los últimos días, cuánto los de las semana que vienen, cuánto los del futuro. ¿Cuál será el impacto fiscal? ¿Alguien tiene información confiable sobre esto? Como creo que no existen, este es otro ejemplo de la transparencia del Estado…Para aquellos que piensan que no deberíamos preocuparnos por esto, les recuerdo que el Estado no tiene los recursos guardados o que es solo prender la “máquina de impresión de billetes” y ya está. Todo la riqueza que se reparte ha sido previamente creada y “recolectada” (a propósito de los grupos que nos interesan) por el Estado a través de la política fiscal. Entre más gaste nuestro Estado, más tendremos que contribuir los colombianos…y la discusión sobre si deberían aportar más los ricos, ricos o las clases medias no es productivo. Entre más gaste el Estado, más tendremos que aportar todos. Por esto es que deberíamos tener información clara sobre esto.  

Lo otro es que los recursos que se están destinando a calmar los ánimos oportunistas de ciertos grupos, ¿no se deberían utilizar en apoyar los procesos de transformación productiva de quienes realmente lo necesitan: es decir de los perdedores de los acuerdos comerciales? ¿No se podrían utilizar en crear programas inteligentes de ayuda a los realmente más pobres del país? ¿No sería mejor destinarlos a fortalecer el Estado en las muchas funciones que no cumple, como la de la justicia? ¿No podrían invertirse en más infraestructura o en mejorar la calidad de la educación? En fin, de nuevo, lo que se ve y lo que no se ve. Los recursos no son ilimitados en ninguna parte del mundo. Por eso, hay que tener prioridades claras, algo que Colombia no tiene. Los medios anuncian acuerdos y acuerdos que representan miles de millones de pesos y los ciudadanos siguen como si nada: como si nunca nada de esto los fuera a afectar. Como si los beneficiados no fueran unos pocos a costa de todos.  

A pesar de estos y de otros aspectos que deberían estarse discutiendo, el tema en Colombia se ha quedado en que es necesario que el Estado responda con mayor generosidad antes las protestas. Otros, a pesar del mayor gasto, consideran que no es suficiente y que este gobierno es malo…porque sí (inserten en este punto Uribistas o izquierda…o ambas). Otros sueñan con que ya somos un país rico y que es el colmo que no se esté repartiendo la riqueza: ¿Es que no han visto cómo se hace en países como Dinamarca o Suecia? El gobierno, mientras tanto, juega el papel del policía bueno y del policía malo (el mismo gobierno, el mismo presidente), lo que genera dudas sobre su estabilidad…por lo menos mental (¿sufren de doble personalidad nuestros representantes?). Pero, al final, todo se soluciona repartiendo más recursos. Otros, comienzan, como no es raro, a culpar a los acuerdos comerciales, al supuesto libre comercio. Sin embargo, no se avanza porque no priorizamos; porque no existen mecanismos de generación de consenso sobre lo que se busca con el país; y porque, como no debería ser el caso, preferimos contentarnos con lo que se ve, sin profundizar nunca en lo que no es tan evidente.

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Un pensamiento en “REPARTIENDO EL PASTEL…PERO, ¿DE QUIÉN?

  1. […] he señalado en otros espacios, esta reacción en cadena se puede deber al error de haber estimulado la captación de rentas […]

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