POR QUÉ SOY UN LIBERAL CONVENCIDO…Y LO SEGUIRÉ SIENDO (III PARTE)

El último hecho que me ha llevado a pensar en lo importante que es defender la libertad, es el acelerado agravamiento del desafío que ha significado Corea del Norte para el mundo desde hace varias semanas. La relación con el liberalismo no es tan evidente en este caso como en los dos anteriores a los que he hecho referencia, pero trataré de explicarlo en los siguientes puntos.

Primero, una vez más, se hace evidente la inefectividad de la solución a través de autoridades, ya sean nacionales o internacionales. Esto es, la desconfianza frente al poder de los liberales no es gratis: no solo se trata de preservar la libertad, sino de evitar los excesos y, en la mayoría de casos, las soluciones que resultan no siéndolo. Si esto se presenta en el ámbito doméstico, cómo no en el internacional, donde además no existe posibilidad de instaurar algo parecido al imperio de la ley ni donde existen incentivos para que las burocracias le rindan cuentas a nadie. Las últimas decisiones del régimen de Kim Jong-un desafían directamente la visión que algunos todavía sostienen sobre la conveniencia de darle más poder – y funciones – a la ONU. No han servido de nada las declaraciones, ni los llamados de atención, ni las reuniones de urgencia en el Consejo de Seguridad, ni las sanciones. Todo esto lo único que ha hecho es endurecer la posición del régimen. Por ello, más bien lo que se debería estar pensando es en ver a esta organización como lo que realmente puede ser: un espacio de encuentro entre quienes quieren (y esto es importante) pertenecer. Lo demás se maneja, y se seguirá manejando, nos guste o no, como asuntos de realpolitk.

Segundo, Corea del Norte es el paradigma – al extremo – de la negación de los valores liberales. Y es claro (no sé si sobre esto sigan existiendo dudas) de lo peor que puede ser. Es peor porque son regímenes a los que claramente no les importa el bienestar de la población. Por un futuro (siempre distante) supuesto de perfección y riqueza se sacrifican generaciones enteras – o se exterminan otras cuantas – sin la mínima preocupación por parte de los líderes. Pero además, solo pueden mostrar fracasos en el ámbito económico, cultural y social: hambrunas, pobreza, inexistencia de asociaciones, falta de confianza, inmovilidad social, incluso, pérdida de estética y de creación artística. Como alguna vez mencioné, en este extremo puede haber estabilidad (no crisis) pero ¿a qué costo?  

Tercero, porque en lo único en lo que no fracasan es en controlar a la población a pesar de las penurias. Este control, además del prosaico uso de la fuerza policial, se logra por medio de la transmisión de miedo a la población frente a una supuesta intervención externa o a la inminencia de un ataque. Es más, como demuestra no solo este caso, sino también uno más cercano a Colombia, en el Gran Caribe, estos regímenes se mantienen a través de la exteriorización de la culpa hacia los demás (bueno, por lo menos exportan algo): los fracasos se dan por el embargo o por las sanciones o por la no unificación…Pero nunca por lo errado del modelo que utilizan. Pero siguen existiendo intelectuales, además de personajes como Michael Moore, que siguen diciendo que la manipulación se hace en otros lados.

Sin embargo, y este es el cuarto punto, sí existen recursos para el líder y su familia, o para protegerse de la inminencia de los ataques externos: y qué mejor forma que hacerlo con un programa nuclear. Es decir, no hay riqueza, hay hambrunas cada diez años o menos, no existe ningún tipo de comodidad para los individuos pero sí existen recursos disponibles para…armas nucleares.

Quinto, este tipo de gobiernos, además, no tienen ningún interés – y por el contrario rechazan – cualquier tipo de internacionalismo. Rechazan los regímenes internacionales vigentes, sus prácticas, no les interesa la consolidación de ningún tipo de identidad positiva y, por lo tanto, ni contemplan la importancia de la reputación internacional. Es decir, a pesar de lo que dicen los críticos en contra del liberalismo y de cómo éste genera comportamientos egoístas, son estos regímenes, basados supuestamente en preceptos sociales, los que resultan utilizando únicamente comportamientos oportunistas, como se denominan en teoría de juegos.

Y son tan oportunistas que, sexto, para esconder su fracaso aparecen de cuando en cuando (Corea del Norte lo ha hecho en 1995, 2005 y ahora) haciendo bravuconadas para chantajear al mundo y, así recibir recursos que les permitan comprar más tiempo con el fin de seguir aplicando las mismas políticas de pobreza y exclusión. ¡Pero, claro, es en los países liberales, capitalistas, donde sucede esto!

A pesar de lo anterior, creo que el mundo occidental no debe pasar de las anodinas herramientas con las que cuenta en Naciones Unidas. Es decir, a menos que exista un ataque, no se debería actuar en ningún sentido: esto es, sigan aplicando sanciones. Si hiciera algo más, seguramente, se alzarían las voces de los críticos que, viviendo y disfrutando de los beneficios de la libertad, son simpatizantes de ese tipo de regímenes (donde no sé si soportarían vivir así fuera unos días). Ahí sí habría unión para denunciar el neocolonialismo o cualquier otro término que suelen usar. Además, seguramente, cualquier acción alertaría a los otros regímenes semejantes: Ahmadineyad ya está teniendo problemas, aunque sean pequeños, por sus excesos en la expresión del dolor por la pérdida de su amigo Hugo Chávez, pero una acción en Corea del Norte lo podría atornillar de nuevo en el cargo. Lo mismo sucedería en Cuba (ya que por lo menos van a entregar el poder…a un amigo) y en los demás regímenes semejantes.

Por último, cualquier acción occidental (es decir, en la que interviniera Estados Unidos) crearía una nueva oportunidad para que se siga diciendo que es Occidente el que actúa en interés propio (si tal cosa puede suceder) porque al fin y al cabo: ¿qué son unas cuantas armas nucleares en manos de un régimen que ha demostrado ser tan responsable, incluso con su propia gente, como el de Corea del Norte? ¿Acaso poseerlas no es un “derecho” de los pueblos? ¿Acaso no es una obligación de dignidad nacional? Y terminarían diciendo que, seguramente, si no los hubieran obstaculizado, Corea del Norte hubiera superado a su vecina del sur así como lo hizo la Unión Soviética frente a Estados Unidos desde que N. Kruschev así lo decidió (porque en esos regímenes se cree que porque el líder decide, aparece la riqueza y demás). Y una nueva esperanza, es decir, un nuevo fracaso, se engendraría en cualquier otro lugar del mundo.

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