ERA CUESTIÓN DE TIEMPO

Ya comenzaron. Era obvio, con la fuerte oposición que han tenido las negociaciones de los TLC desde que se han iniciado las negociaciones e, incluso, desde que se planteó la posibilidad de adelantar una negociación. Los diagnósticos están prefabricados: Colombia va a ser el perdedor en todos los sectores, con todos los países del mundo. No podemos esperar para hacer mediciones en un periodo de tiempo aceptable, sino que ya aparecen, cada vez más, noticias que reportan lo mal que nos está yendo con los tratados que hemos firmado, en particular, con los Estados Unidos. Y, claro está, de ahora en adelante todos los problemas económicos – reales o percibidos – del país tendrán como causa los acuerdos comerciales.

Dos ejemplos esta semana. Por un lado, en Portafolio aparece una noticia en la que se alerta sobre la impresionante caída de las exportaciones en marzo de este año. Por el otro, un columnista pide la unión de todos los sectores del país (no de los individuos, sino de los sectores, de los grupos) para reemplazar el actual tipo de gobierno por uno de izquierda democrática.

Vuelve y juega. Las cifras son peligrosas en tanto su presentación se usa para mostrar una posición que ha sido creada desde antes. Los números, por sí mismos, no permiten llegar a ninguna conclusión. En el artículo de Portafolio esto es evidente. Primero, es un artículo bien confuso: habla de caídas en cantidades y, luego, las mezcla con las caídas en ventas; lo mismo sucede en los periodos analizados; lo mismo cuando hace referencia a los sectores y a los destinos de las exportaciones.

Afirma, que existe una caída (¡Y aportan los porcentajes!) para todos los sectores productivos cuando se comparan las ventas entre marzo del año pasado y el mismo mes en 2013. ¿Esa comparación se puede hacer así y, además, afirmar que existe una caída? ¿Las ventas de hoy no son diferentes a las anteriores o éstas son acumulativas? Como, en efecto, las ventas de hoy no son comparables con las del pasado, a lo sumo lo que se puede afirmar con las cifras aportadas es que disminuyó el crecimiento, pero no las ventas.

Posteriormente, se dice que la caída más pronunciada (21,3%), por encima del total, es la de ventas a los Estados Unidos (¡Claro! El TLC no funciona….no puede funcionar). Sin embargo, en el siguiente párrafo muestra que las caídas a todos los demás países (España – 66%, Chile – 59,9%, Reino Unido – 44,9% y Brasil – 47,2%) son mucho mayores. Pero, igual, la más pronunciada, confirma, es a los Estados Unidos.

Como es obvio, la idea no es mirar las razones de las supuestas caídas (o, mejor, de la disminución en el crecimiento). La razón queda implícita: la existencia de un TLC. Sin embargo, esta razón no tendría peso si se tienen en cuenta, como también muestran en el artículo, los únicos países con los que se incrementa el comercio – Alemania y China. Es decir, la caída no puede ser la existencia de un TLC puesto que, de todos los países con los que disminuyó el crecimiento en las ventas, solo con Estados Unidos y con Chile tenemos tratados vigentes. Pero, además, los dos países con los que se fortalecieron las relaciones comerciales son países que, en sus respectivas regiones, se han visto menos afectados, en términos comparativos, por la actual crisis financiera. ¿No será que ésta será, de pronto, la causa de la disminución en las ventas y, por lo tanto, ésta es coyuntural? Pero este tipo de reflexiones no son importantes: lo importante es crear alarma en los lectores y, claro está, exigir un cambio en la dirección económica del país.

Pero antes de pasar a este punto, el artículo finaliza mostrando que, en las ventas a los Estados Unidos – el país donde más cayeron las exportaciones (¿?) – los sectores que más se vieron afectados son los de las flores, frutas, café y combustibles. Es decir, los sectores que, sin duda alguna, son ganadores con los TLC puesto que, incluso desde antes de las negociaciones, eran los que mayor capacidad exportadora tenían. ¿No será, entonces, que lo que se está presenciado es un cambio en la canasta exportadora del país hacia una mayor diversificación? Pero no, este tipo de reflexiones no se hacen en los diarios como Portafolio: no hay espacio…

Para lo que sí hay espacio, con este panorama de cifras confusas y de conclusiones alarmistas, sin mayor reflexión, es para que los formadores de opinión encuentran la causa del malestar social: la política comercial del país. En su columna, Rodolfo Arango parte de dos razonamientos. Primero, que todos los grupos (cacaoteros, cafeteros, estudiantes, etc.) están en contra de los TLC. Segundo, que, por eso, tenemos que cambiar de gobierno para “renegociarlos”. Ni un solo razonamiento en el que muestre por qué hay tantas movilizaciones (como la hipótesis de que son captadores de rentas) o en el que nos explique si todo lo que quieren las mayorías, debe hacerlo el Estado (como prohibir el aborto, por ejemplo, o perpetuar en el poder a Álvaro Uribe).

Igual, el punto es que “la gente” está en contra de los TLC y, por lo tanto, el Estado tiene que renegociar los acuerdos. Tampoco explica qué quiere decir por “renegociar”. Más adelante habla de hacer respetar los intereses de los pobladores, de satisfacer las necesidades de lucha contra la pobreza y la desigualdad, de evitar el saqueo de los recursos naturales y humanos, de adelantar negociaciones de paz (porque confunde el tema de las negociaciones de paz con las de comercio….pero bueno) y comerciales que lleguen a un “puerto más digno y seguro”  y de recuperar la educación pública “digna, con amor propio, de calidad, justa y equitativa”.

¿Cuál de todos estos temas se deben incluir en el proceso de renegociación? Es decir, tenemos que sentar a los países de la – casi fallecida – CAN, a Chile, a Estados Unidos,  a la Unión Europea y a otros cuantos y decirles: tenemos que cambiar el TLC. Ahora, vamos a incluir la lucha contra la pobreza y la desigualdad. O, mejor, vamos a incluir en el preámbulo algo tan claro y poco confuso como la dignidad nacional. O, mejor, vamos a estipular, en los TLC, que el gobierno colombiano va a proveer educación pública digna (otra vez…todo es dignidad), con amor propio (¿la educación se va a querer a sí misma?), de calidad (como si ésta se lograra por decreto), justa y equitativa. ¿Esto es lo que este columnista propone “renegociar”? ¿No se deben tomar estas decisiones al interior del Estado? ¿Negociarlo con socios comerciales no sería una pérdida de…dignidad? A mí me parece que, como en el pasado lo he dicho, el uso del término renegociación es un eufemismo para pedir que el próximo gobierno acabe con los TLC. Es decir que adoptemos una política exitosa, digna y que genera desarrollo, como ha demostrado la experiencia, basada en el proteccionismo.

Y me parece que esto es lo que espera, no solo este columnista sino muchos otros colombianos, porque, como él afirma, en su visión, los TLC irrespetan los intereses de los pobladores, acaban con los recursos naturales y humanos (no sé qué querrá decir con esto último) y, sobre todo, acaban con nuestra dignidad, algo que parece ser determinante en la visión de este señor.  ¿Cómo se irrespetan los intereses de los pobladores? ¿No será que, de pronto, se afectan los intereses de algunos que han estado protegidos por el Estado? ¿No será esa protección la que lleva a la desigualdad y la pobreza? Pero no, son los TLC los que han creado todos estos problemas en el país.

¿Se acaban los recursos naturales? ¿Estos no son depredados por la ineptitud del Estado, con o sin TLC? ¿O por la corrupción? ¿En realidad, los TLC son los que van a acabar con los recursos naturales en el país? Esta visión, mayoritaria, pierde de vista cuál es la mejor forma de proteger el medio ambiente: el Estado ha demostrado su incapacidad una y otra vez. Sobre el saqueo de recursos humanos no sé qué decir: ¿propone este columnista que los colombianos no puedan salir de su país y buscar su propio destino en otro? O, ¿considera este autor que los TLC, literalmente, acaban con vidas humanas? Si es esto último, la visión radical que se disfraza con palabras como “renegociación” se hace evidente.

Por último, el tema de la dignidad. Desde mi perspectiva, la dignidad en un atributo del individuo en tanto, por un lado, lo reconoce como tal, dotado de libertad, y, por el otro, le permite interactuar con sus semejantes en igualdad de condiciones (algo así como la estima social de la que habla el premio nobel en economía, Oliver Williamson). Pero para este pensador, la dignidad es un atributo colectivo. ¿Cómo se define ésta? Como la definición puede hacernos quedar en el plano de las especulaciones sobre lo que este señor quiere realmente decir, lo único que puedo afirmar es que, según la lectura de lo que él dice, la dignidad nacional es posible en tanto no existan TLC. Es decir, llevado al extremo, seremos realmente dignos cuando no tengamos que importar nada del resto del mundo pero que sí podamos vender muchos bienes, claro está, de nuestros sectores protegidos.

El incremento de las movilizaciones en el país las tenemos que ver como lo que son: grupos que buscan captar rentas y obtener beneficios a costa de los demás. Las variaciones en las cifras tenemos que discutirlas como lo que son: fenómenos coyunturales que pueden tener muchas causas y que dependen también de los ciclos económicos. Creo que estos hechos se están perdiendo de vista y, en el imaginario colectivo se están creando las bases para que, en un futuro no muy lejano, adoptemos políticas que, es mejor dejarlo claro, no han sido exitosas, ni pueden serlo, como las existentes en algunos países vecinos. Ojalá me equivoque, aunque lo sucedido desde hace más de una década en el caso bogotano, no me deja mucho lugar al optimismo. Mientras sigamos creyendo que existen rutas milagrosas para acceder a la riqueza y que podemos evitar el esfuerzo individual y el trabajo en cooperación para alcanzar nuestros objetivos, siempre existirá el peligro de seguir cometiendo errores…errores de los que, seguramente después, autores como Arango culparán a la corrupción, a algunas manzanas podridas o a una conspiración de la CIA. No es mucho lo que hemos avanzado…ojalá no sea el deseo de la población colombiana acabar con lo poco que hemos hecho.

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