PRIORIDADES, ¡PRIORIDADES!

Fue difícil escoger sobre qué escribir esta semana. En un primer momento, quise hacerlo sobre las propuestas del presidente Barack Obama sobre el tema de emisión de gases. Sin embargo, desistí, debo reconocerlo, porque no sé sobre el tema y, por lo tanto, no me parece responsable hacerlo. El tema climático es altamente científico y su comprensión no se puede quedar solo en opiniones superficiales, políticas. Claro que tengo mi posición: el medio ambiente se protege de manera más efectiva a través de una mayor libertad, que con prohibiciones o con inversiones públicas. No porque existan límites a las emisiones, éstos serán cumplidos ni necesariamente son los adecuados para resolver el problema. Pero como no cuento con la formación científica para demostrar estos puntos, decirlo es pura especulación. Así que será pensar, sobre este punto, como muchos, que lo que propuso el presidente Obama es maravilloso, que no se cumplirá porque los empresarios son malos y quieren acabar el mundo…y esperar el día del juicio final, de una hecatombe ambiental, que aunque nunca llegará, nos mantendrá expectantes…

Después pensé en escribir, también a propósito de los EEUU, sobre las históricas decisiones de la Corte Suprema sobre el tema del matrimonio de parejas del mismo sexo. Pensaba mostrar que, más que un debate entre derecha – izquierda, lo que demostró la Corte es que, primero, en Estados Unidos todavía es posible pensar que existe algún tipo de apego a las instituciones fundacionales que, como la Constitución, le han permitido a ese país convertirse en lo que es hoy, no como potencia, sino como país desarrollado y en permanente evolución.  Pensaba afirmar que las decisiones tomadas el pasado miércoles 26 de junio demuestran que todavía es posible pensar que, aunque existe un debate político, todavía hay países en los que priman los principios de libertad y de igualdad ante la ley. Pensaba explicar que, además, esta decisión es importante porque, aunque no fueron tenidas en cuenta en las sentencias, la Corte Suprema lo que ha hecho es recordarle a todos en Estados Unidos, incluso al presidente Obama, que todavía persisten las enmiendas 9 y 10, que crearon un Estado limitado y con funciones enumeradas. También que estas decisiones rescatan en parte la importancia de la autonomía de los estados pero con una base general para todos: los principios liberales.  Es decir, pensé hacer un comentario optimista sobre el futuro de los Estados Unidos…pero, ¿para qué? ¿Acaso esta visión tiene algo que ver con nuestra realidad, además de recordarnos que, lamentablemente, nuestro país no ha sido construido bajo los mismos principios y que eso explica, en gran parte, nuestros problemas actuales?

Por lo anterior, por desconocimiento, primero, y, segundo, por un optimismo que nos es ajeno, decidí escribir sobre un aspecto que es mucho más complicado. Esta semana, a propósito de las movilizaciones en Brasil, algunos pensadores colombianos se han preguntado por qué en Colombia no tenemos las mismas movilizaciones sociales si, desde su perspectiva, con la que yo concuerdo, estamos en una situación peor. La mayoría de estos pensadores plantearon sus hipótesis. Algunos consideran que esto se debe a la existencia de la guerrilla, que ha convertido a todo manifestante en un representante de este grupo ilegal. Otros consideraron que el problema es que la nuestra es una sociedad conservadora; otros, que somos conformistas.

A pesar de lo interesante del debate, lo que me sorprendió del mismo fue el nivel de desinterés, de ignorancia – y de algo de arrogancia – de estos pensadores frente a  lo que está sucediendo en Colombia: ¿acaso no hay cada semana movilizaciones sociales? Y no hablo de las protestas de grupos específicos, con intereses definidos, que lo único que buscan es recibir más recursos a costa de los demás. No. Hablo de movimientos sociales, heterogéneos,  que se enfrentan a los poderes establecidos. A esos pensadores que tanto se quejan por la pasividad de los colombianos, hay que recordarles que mientras ellos criticaban, como es costumbre, nuestra sociedad y cultura, en esta semana los campesinos del Catatumbo estaban adelantando una fuerte movilización social. Esto, aunque sean ignorados por los intelectuales quienes siguen pensando que las movilizaciones que valen son las de las ciudades, aunque sean despreciados  por el establecimiento y aunque sean desacreditados como una expresión de la guerrilla.

En el momento en el que escribo estas líneas, ya se ha anunciado el inicio de las negociaciones. Vamos a ver en qué termina esto. Pero lo interesante de ver es que, como mencioné en mi comentario anterior, estos campesinos también reivindican, de nuevo lo señalo, aunque no sean conscientes de ello, una mayor inclusión en la sociedad y la imposibilidad de la existencia de sociedades perfectas. Lo segundo, creo, no debo demostrarlo: es Colombia, el mismo país que todos criticamos y que consideramos como uno de los peores, si no el peor ante cualquiera que lo comparemos. No temo equivocarme al decir, aunque sí lo estamos al pensarlo, que todos estaremos de acuerdo en afirmar que si existe un ejemplo de sociedad imperfecta es Colombia.

Lo primero sí debo mostrarlo con mayor profundidad. ¿Cómo puedo estar cometiendo semejante sacrilegio de afirmar que los campesinos del Catatumbo, así no lo expresen, buscan una sociedad con instituciones más incluyentes y, por lo tanto, más liberales? Existen dos reivindicaciones puntuales. La primera ha sido el reclamo que hacen estos campesinos sobre la creación de una Zona de Reserva Campesina. Éstas, de manera muy superficial, consisten en la adjudicación que hace el Estado de terrenos que son públicos a campesinos pobres. Reconozco que sobre este tema existen muchos debates, muchos temores y muchas resistencias. Pero, en el fondo, señoras y señores, lo que los campesinos del Catatumbo están solicitándole a nuestro Estado, un Estado que todavía considera que la tierra puede ser de él, que les reconozca un derecho, que ha sido reivindicado por todos los autores liberales desde John Locke, e incluso desde antes, que se llama derecho de propiedad. Y este derecho, además, es una de las instituciones más incluyentes que existen en la historia de la humanidad y que le permiten a los seres humanos convertirse en agentes de su propio destino.

La segunda reivindicación, una más postmoderna si se quiere, ha sido la de detener la política de erradicación de cultivo ilícitos. Es decir, lo que han solicitado, de manera violenta, eso no se niega, los campesinos en esta ocasión, ha sido que el gobierno colombiano detenga la fallida guerra contra las drogas en la que ni el actual Presidente de la República cree. ¿Existe una reivindicación más liberal que exigirle al Estado que les permita tomar sus decisiones económicas, invertir en lo que deseen y obtener las ganancias por ello, sin su intervención ni el uso de la fuerza?

A pesar de lo anterior, por lo menos en un principio, la repuesta de las autoridades fue la de descalificar las movilizaciones por estar infiltradas por la guerrilla. Esta denuncia merece una mirada sin apasionamientos. ¿Alguien puede creer que esto no sea así? Es claro, obvio pensaría yo, que la guerrilla ha infiltrado las manifestaciones. Sin embargo, no por esa razón, es posible concluir que, por un lado, todos los campesinos sean guerrilleros, o que, por el otro, lo que están pidiendo sea inadmisible.

Además, la infiltración de la guerrilla en este tipo de movilizaciones tendría que avergonzar a nuestros representantes y a las fuerzas del orden. ¿Después de más de una década de recuperación del Estado todavía no contamos con uno que tenga el control del territorio y que, por lo tanto, ejerza soberanía? Pero, eso sí, se declara un Estado “dueño” de terrenos. Es más, el hecho que la guerrilla tenga una capacidad para infiltrar este tipo de movilizaciones demuestra que estas personas no han sido incluidas en el tipo de sociedad que hemos creado. Y volvemos a los principios liberales, puede que sin que ellos sean conscientes, de las manifestaciones.

La sola denuncia de la participación guerrillera, por otro lado, desconoce una realidad. Estos campesinos están haciendo sus reivindicaciones de frente al país, de frente a la sociedad y no, como ha sido tradicional por esos grupos ilegales, que justifican sus acciones homicidas a partir de una supuesta lucha basada en unos mitos en los que muchos siguen creyendo, sin querer ver que, en realidad, lo que han consolidado es economías de guerra que les han generado incentivos para mantenerse en la clandestinidad. No obstante, el actual proceso de paz, esperemos, podría demostrar que esos incentivos son menores en la actualidad que lo que fueron en el pasado.

La respuesta inicial, entonces, del gobierno colombiano fue la de enfrentar a los campesinos como si fueran delincuentes o guerrilleros (¿o viceversa?). Hasta el anuncio de las negociaciones, las noticias se concentraron en el número de muertos de un lado y del otro…y, como ha sido costumbre también, en la indignación nacional por los desmanes cometidos por los campesinos en contra de las fuerzas del orden…En Colombia ya es tradición pensar que tenemos que agradecerles a nuestras fuerzas del orden por hacer, a medias, su trabajo. ¡La sociedad civil subordinada a las fuerzas armadas! Pero bueno, gajes del conflicto…

Mientras esto sucede en el mundo urbano, la izquierda colombiana, oportunista como es, se apropia de las movilizaciones y denuncia los abusos de las fuerzas del orden en contra de los campesinos. En su visión, ya desacreditada por inútil, la izquierda pretende adueñarse de las manifestaciones y exagerar la respuesta de las autoridades. No se dan cuenta, sin embargo, los campesinos, que ese apoyo, como lo mencioné, es oportunista: ¿Acaso la izquierda no consideraría al Estado como dueño de todo? ¿Acaso no está en contra de la propiedad privada? ¿Acaso no lo está de la iniciativa económica, individual, autónoma? Pero este es el resultado paradójico de la incompetencia estatal.

Entre tanto, además de las críticas sobre la pasividad de los colombianos y la indignación de – todos – sobre las atrocidades cometidas, contra unos o contra los otros, en un territorio al que nadie va, el país pensante, las clases medias urbanas, los intelectuales y nuestros representantes se concentran en lo verdaderamente importante: el resultado del inocuo y superficial concurso del gran colombiano. Un concurso en contra del cual hasta una movilización (importante, esta sí) se ha creado para revocar su resultado, que ha llevado, como es costumbre, a decir que el problema es que los colombianos son ignorantes, que la metodología estaba mal o que, como ya va siendo costumbre, la maquinaria uribista (infalible, que todo lo sabe y todo lo puede) manipuló. Un concurso que, de manera simple, como cualquier reality gana el que quiere que ganen los que votan…sin más. Sin necesidad de aplicarle sociología al asunto. ¡Qué absurdo! Hubiera sido mejor escribir sobre el futuro de los Estados Unidos…

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4 pensamientos en “PRIORIDADES, ¡PRIORIDADES!

  1. Paula Matiz dice:

    Me atrevo a dar una pequeña opinión sobre uno de los temas en los que he venido trabajando en el último año, aunque disto de ser una experta en la materia. Esto es una pequeña colaboración sobre el debate, quizá deba decir sobre el discurso, de Obama en relación al cambio climático. En el contexto actual, difiero de tu punto de vista, sobre la manera más efectiva de proteger el medio ambiente es “a través de una mayor libertad, que con prohibiciones o con inversiones públicas”, y debo subrayar la expresión “en el contexto actual”. El principio de libertad supone que cada individuo es libre de hacer lo que a bien tenga siempre y cuando aquello no limite el mismo derecho de otro individuo. En temas medioambientales, como en algunos otros, la problemática radica justamente en este argumento puesto que la libertad de actividades (generación de energía y en general toda producción que se realice utilizando combustible fósiles), que además han llegado a ser fundamentales para la adaptación y labores humanas, genera un detrimento significativo en los derechos de otros especialmente a futuro (incluso el mismo derecho de utilización de recursos como un individuo de hoy, para no mencionar otros como la salud, por ejemplo). El primer gran problema radica justamente en esta consideración temporal, pues el futuro tiende a ser demasiado incierto e impreciso para la política pública. Sin embargo, hoy por hoy, se cuentan con cierto conocimiento científico para tener una base sólida sobre las consecuencias a largo plazo. Las mediciones de emisiones de CO2 y otros gases con efecto invernadero se empezaron a realizar hacia 1850, siendo cada vez más precisas. Así mismo, la climatología y otras ciencias medioambientales han podido rastrear las condiciones climáticas terrestres desde millones de años atrás. De esta manera, se tiene un panorama científico en que basar el argumento que la actividad humana y en particular las actividades basadas en la combustión fósil ha alterado de manera significativa y en corto tiempo las condiciones climáticas. La aceptación de regulaciones en la materia pueden percibirse altamente restrictivas a la libertad, pues por un lado, difícilmente se ven los deterioros de manera inmediata dado que el efecto es acumulativo y en lapsos que exceden el promedio de la expectativa de vida humana (a menos por supuesto que se comprueben casos puntuales de contaminación que afecte a una población en particular) y, por otro lado, los beneficios de dichas regulaciones solo podrán ser vistos y gozados en un siglo o más. La percepción temporal juega un papel fundamental pues una política pública tiene una perspectiva en extremo corta para aspectos de esta índole. Esto es como si pudiéramos culpar a Watts y demás colaboradores de la Revolución Industrial por el incremento de inundaciones o el Katrina. Sencillamente, la perspectiva de vida humana no alcanza para percibir y por ende, preocuparnos por situaciones de tan largo plazo.
    Por otro lado, el límite que establecen las regulaciones, prefiero usar “regulaciones” en lugar de prohibiciones, pues en realidad en este tema no ha habido prohibiciones en el estricto término de la palabra (Ni siquiera el protocolo de Kioto, que muy irónicamente EEUU no ha firmado, establece prohibiciones), se refieren a las acciones de mitigación. Esto es un intento de reducción para que el pico de saturación de CO2 en la atmósfera que se espera que ocurra (tranquilo! Ninguno que lea estas líneas estará vivo para presenciarlo, ni sus hijos, ni sus nietos) se retarde un poco. Los límites en las emisiones si es la medida adecuada, mas no suficiente y no resuelve el problema, dado que el problema no se puede resolver, solo mitigar. Si el problema es insoldable y ni siquiera viviremos para hacernos responsables, entonces ¿por qué preocuparnos? Para fortunio o infortunio nuestro, las consecuencias ambientales ya se vienen viendo, afectando la tan preciosa libertad de no pocos miles de personas. Así que la regulación si es necesaria.
    Respecto a la inversión pública, no creo que se pueda llegar a un consenso sobre la efectividad de la misma. Lo cierto es que una buena parte los servicios del Estado (EEUU y de casi todos los Estados) dependen del combustible fósil (la otra parte es la empresa privada). Sólo es pensar en el funcionamiento de un hospital, una escuela o una red de transporte para claramente saber que la dependencia es altísima. La energía renovable o verde, aún no cubre ni la demanda, ni la cobertura, ni los costos, por lo cual sigue siendo más costoso reemplazar una red de transporte que mantenerlo como está. No hay presupuesto nacional y menos en el contexto actual que pueda hacer semejante inversión. La iniciativa de Obama es dar incentivos (bastante vagos por cierto) para aquellos que fomenten y reemplacen por energías renovables o verdes. ¿Los incentivos cubrirían el costo? Tal vez no. Quizá una empresa lo suficientemente astuta podría aprovechar para patrocinar la innovación, investigación y educación en la materia, como ya lo vienen haciendo varias petroleras desde hace años. Los incentivos, parecieran que fueran dirigidos a las empresas privadas, quizá como una satanización de su responsabilidad (lo cual es fácil de ver en la opinión pública y con lo cual no quiero tampoco decir que están libres de toda culpa), pero oculta la gran parte que le corresponde al Estado.
    Repito, en el contexto actual no creo que el medio ambiente se proteja más efectivamente con mayor libertad. Sin embargo, si quizá algún día la inversión pública se dirigiera de manera significativa a la educación, no solo para convertir las energías renovables en más productivas, menos costosas y más extendidas, sino también para generar sociedad más sostenibles, más conscientes del medio ambiente, más ahorradores de energía, menos dependientes del plástico y en general, más responsables; entonces sí, sí estaría de acuerdo con que la protección es más efectiva sería con mayor libertad. Soñar no cuesta nada.
    Muy buena intención la de Obama pero pareciera un intento de recuperar la compostura del costoso caso de pseudo-espionaje, usando un tema tan loable que en realidad tiene más vericuetos éticos y que resulta hasta irónico en un país como EEUU que ocupa el segundo lugar de emisiones y que aún así, como es costumbre, ni siquiera firma los acuerdos internacionales, en un tema que de verdad SI necesita de compromiso internacional.
    Lástima que la hecatombe ambiental no llegue en los insignificantes tiempos humanos, porque quizá así si tomaríamos las cosas más en serio. Para aquel momento quizá tendremos mecanismos de adaptabilidad (tema poco tratado por las buenas intenciones de EEUU) como ha venido ocurriendo. La pregunta sería ¿a qué costo?, o, ¿qué estaríamos dispuestos a sacrificar (aire, animales, comida, salud, paisaje, etc)? o ¿qué seguramente no tendrán el placer de disfrutar las generaciones futuras (si es que existen)?

    • crittiko dice:

      Paula,

      Como siempre, muchas gracias por tu comentario y por leer cada semana mis comentarios. !Qué bueno el debate! Sobre lo que dices, tengo varias observaciones. 1. No creo tanto como tú en lo que denominas conocimiento científico y su evolución desde hace décadas. La verdad es que con lo que contamos es con modelos creados por científicos para proyectar la evolución del clima en los años por venir. Esos modelos, no obstante, no son perfectos, sino que dependen de los supuestos con los que cuentan esos científicos para correrlos. Además, son modelos que, debido a la falibilidad del conocimiento humano, no pueden prever todas las contingencias futuras (que no se conocen) ni pueden incluir todos las variables (una cuestión de dificultad matemática, aunque en esto se ha avanzado bastante…con la ayuda de, por ejemplo, teoremas como el de Kuhn-Tucker, entre otros. Pero – y aquí también hay un pero – fíjate que incluso estas herramientas matemáticas también dependen de la posición del científico para determinar las variables que tienen incidencia directa o no en el modelo y, por lo tanto, en la solución de ecuaciones con n variables como son las climáticas). 2. Lo anterior me lleva a otro punto. Tú planteas como que existe consenso en la comunidad científica sobre el hecho que ha sido la acción humana la causante de los cambios climáticos y esto no es cierto. Así sea un 90% de científicos que estén de acuerdo, eso no quiere decir que, por un lado, sean todos o que, por el otro, estén en lo correcto. Sabemos que, como lo han demostrado autores como Thomas Kuhn, la ciencia no evoluciona de manera ascendente (para ser gráficos) sino de acuerdo con la existencia de paradigmas. Los que no están de acuerdo con esos paradigmas son ignorados o rechazados. 3. Sobre el tema de las regulaciones (muchas gracias por la puntualización sobre la conveniencia de utilizar este término y no el otro, fuera de lugar, de prohibiciones), tampoco creo que las regulaciones sean la solución, entre otras, porque, como tú misma reconoces, existe un factor relevante en este caso y es el del tiempo. Al ser tan distantes los efectos tanto de las regulaciones como del cambio climático, y no conocemos a ciencia cierta los valores futuros de ninguna de las variables, las decisiones no pueden ser tomadas por consideraciones científicas, sino meramente políticas…es decir, las regulaciones recaerán sobre aquellos sectores que tienen menos capacidad de proteger sus intereses y no sobre que deberían hacerlo. Además de este problema, inmenso, existen varias preguntas que no pueden ser solucionadas a partir de la visión de lo adecuado de las regulaciones: ¿quién las define? ¿cómo se establecen las metas, así sean de mitigación? ¿cómo se hacen cumplir? ¿no existen incentivos para nuevas fuentes de, por ejemplo, corrupción? 4. Sobre el tema de la inversión, sobre todo, en educación, tengo una posición particular. En eso sí soy optimista, a diferencia de tu opinión. Yo creo que una mayor libertad ha sido la única que ha generado la conciencia ambiental con la que contamos hoy y que seguirá creciendo en el futuro. Las personas quieren proteger el medio ambiente. Incluso está en el interés de los empresarios hacerlo: por negocio y para satisfacer las posiciones de sus compradores. Como tú misma muestras, en una industria tan anti-ambiental como la petrolera se ha avanzado mucho en el tema. No creo que sea necesaria las inversiones en educación en ese aspecto, sino que las mismas personas han visto la importancia del medio ambiente y pretenden protegerlo. Ahora bien, eso no hay que olvidarlo, son las sociedad más ricas las que pueden hacerlo. Además, son estas sociedades las que más conciencia han generado sobre el problema. Y las únicas sociedades que se enriquecen son las más liberales. 5. Sobre lo que afirmas, al final, de Estados Unidos, solo un aclaración: no porque este país no firme algunos acuerdos internacionales, no quiere decir que no cumpla con sus objetivos o consideraciones. Por ejemplo, no se puede decir que EEUU sea un país en el que se violen los derechos de los niños o de las mujeres. Además, sobre el tema ambiental, existan unas regulaciones locales que superan en mucho a las propuestas en el protocolo de Kyoto.

      Te agradezco de nuevo el comentario y es bueno seguir el debate!

      • Paula Matiz dice:

        Respecto a tus opiniones:
        1. Es cierto que las proyecciones dependen del modelo científico que las generen. Justamente ante la diversidad de modelos y resultados. La IPCC generó diversos escenarios (cuatro básicos A1, A2, B1 y B2 con subdivisiones también) ante contingencias futuras, como tú las llamas. Esos escenarios incluyen los diversos modelos científicos existentes justamente para dar cabida a esa divergencia de resultados. Por otro lado, también estiman diversas posibilidades desde sociedades de mayor emisión y uso fósil hasta más ambientalistas y desde tendencias más globalizadas a las más regionales. Esto da unos rangos amplios de proyecciones. Lo interesante del asunto es que no se contradicen. Por ejemplo, todos estiman que la tierra se va a calentar (ninguno que se va a enfriar) al menos en las próximas centurias. Los modelos difieren en la cantidad básicamente. Esto puede ser importante en ciertos sectores pero para otros, como la política pública, pues la verdad no creo yo que haya mucha diferencia. En todo caso son modelos, como lo son los económicos también, y por tanto son estimativos. No será nuca la realidad pero sin duda son herramientas de planeación a futuro. Lógicamente, no estamos exentos a que ocurra una hecatombe volcánica mundial y que ninguna de las proyecciones funcione. Al igual que ningún modelo de ningún área está exento de eventualidades que difícilmente se pensaron que pudieran ocurrir. Lo interesante e importante aquí, es que ninguno de los modelos existentes se contradice o va en una dirección contraria. Y más interesante aún es encontrar que los modelos que se hicieron hace varias décadas (70’s y 80’s) resultaron “conservadores” en relación a lo que en realidad sucedió (por ejemplo, en los estimativos para 2000 y 2010).
        2. No he querido decir que el cambio climático se debe a la actividad humana. Lo que he querido decir es que el incremento en la emisión de carbono y otros gases invernadero si se debe a la actividad humana. Esto es diferente. Cambios climáticos han existido toda la vida desde la misma existencia del planeta. Ha habido calentamiento y enfriamiento. Ha habido flujos de carga de carbono altos y bajos. En lo que coincide la comunidad científica y si me atrevo a decir que hay consenso en eso, es que la actividad humana incrementa la carga de carbono y en particular se ve desde la revolución industrial y también es claro que la quema de combustible fósil aumenta significativamente la carga de carbono. La comunidad científica puede diferir en cuantos gigatones ha contribuido la actividad humana industrial pero si hay consenso en que lo ha aumentado. Ahora, como la tierra ya ha pasado por ciclos de cargas altas, por eso es que las proyecciones son coincidentes en las consecuencias. (Vuelvo y puntualizo que la divergencia está en la cantidad). Si se tiene en cuenta que quizá esto no es nada para los ciclos de millones de años que ha tenido la Tierra, pues quizá nos estemos preocupando innecesariamente dado que nadie vivirá para presenciarlo, pero en lo que también hay consenso es en la velocidad en que la carga ha aumentado. Justamente porque hay consenso en estos dos puntos (velocidad y aumento de la carga de gases) es que se cree que la regulación de emisiones es uno de los caminos a seguir. ¿Qué tan efectiva es esa medida? Ese podría ser el debate. Difícil saberlo cuando tampoco hay muchas alternativas.
        3. Coincido con la cantidad de variables que hacen a las regulaciones difíciles de evaluar. El tiempo de acción, ejecución y posible efecto hacen que la efectividad sea muy difícil de analizar. Si creo que las regulaciones sean necesarias pero no suficientes. Efectivamente las regulaciones de por sí no arreglan el problema. A diferencia de las mediciones de los años 70s sobre las estimaciones del 2000 y 2010, en esta ocasión no tenemos una política o una regulación muy clara como para poder fiarnos que algún camino tomado en el pasado ha servido hasta el momento, o mejor, aún es muy temprano para saber si funciona o no. Además, al ser un problema global de nada nos sirve saber que hay países muy “verdes” con políticas medioambientales si al otro lado del mundo se produce el doble de carbono. A la larga, lo que hace de este un tema complicado es que afecta al planeta entero. Con lo cual una regulación aquí o allá quizá no sea realmente efectiva. Coincido contigo en que las decisiones terminan siendo políticas, pero no porque se carezca de información científica sino porque implica poner en juego unas variables de desarrollo, industria y economía, entre otros, que si tienen una esfera más nacional y también porque aún si se guiara por conocimiento científico, el problema es global. Coincido completamente en las implicaciones políticas que mencionas y la cantidad de preguntas que colocas.
        A manera de información (porque los cuestionamientos siguen siendo válidos y vigentes), solo puedo mencionar que las metas que se colocaron la última vez se realizaron bajo las negociaciones de Kyoto y el plan de acción de Bali estuvieron guiadas por los lineamientos científicos de los reportes del IPCC y las metas estaban determinadas de acuerdo a la cantidad de gigatones que producía cada país. Por lo cual, ciertos países como China, EEUU, India, etc quedaron con la “mayor” responsabilidad de emisión.
        4. Respecto a la educación, solo espero que sea así. El problema que solo las sociedades ricas puedan hacerlo nos deja en el mismo problema de las regulaciones. Es decir, sabemos que la conciencia ambiental es importante y necesaria. Aplaudimos a aquellas sociedades que han logrado engranar conciencia, educación y los servicios estatales, por ejemplo. ¿Qué tan efectivo será para un problema global?
        5. Cierto. El hecho que no firmen no significa que no cumplan. Cierto. Y debo aceptar que en este caso particular son consecuentes al no ratificar. Simplemente es algo irónico (aunque ya debería acostumbrarme a la ironía) que pese a que fue de los países que más reparos colocaron en las negociaciones de Kioto y de los que más influencia ejercieron (como dices tú, política), a la final no ratifican. Solo una precisión: puede que EEUU tenga más regulaciones que ningún otro país pero están lejos de las metas propuestas en Kioto. Hay que decir que es un buen ejemplo de la esfera política del problema pues justamente gran parte de las justificaciones que han dado es que las metas se establecieron por la carga de carbono que aportan y no por población, viéndose un desbalance si te tiene en cuenta la carga que significaría China, India y Brasil en conjunto y sumando su demografía.
        Para mí es uno de los problemas más complejos que existen y exige de una dinámica política y de negociación totalmente diferente tanto por ser un aspecto global como por la dimensión temporal. Sigo siendo como pesimista en la materia pero el tema es muy interesante y creo que se debe ir moviendo más hacia la adaptación y tecnología como más o menos se propuso en Bali. Ya veremos cómo se mueve la política internacional.

      • crittiko dice:

        Paula, muchas gracias por tu respuesta. Después de este intercambio de mensajes, lo que más me doy cuenta es que, en efecto, el tema es mucho más complejo de lo que lo manejan en la mayoría de escenarios. Llegar a un acuerdo en este punto es muy difícil, como no se ha hecho en el ámbito internacional ni en el científico. Te agradezco tu participación y espero tus reacciones en los próximos comentarios!

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