PUERTAS

En comentarios pasados, he mencionado que la perfección no es posible. También he dicho que, sin embargo, pareciera que el ser humano, por su afán de generar estabilidad en su vida y con la creencia en poder resolverlo todo a través de acciones/decisiones intencionales (lo que F.A. Hayek llamó el constructivismo racionalista), eso es lo que busca. Existen muchos ejemplos para demostrar estas dos afirmaciones. Uno de los hechos más importantes de la semana me permite profundizar en ello, pero también en la demostración de por qué es importante reconocer lo primero y evitar (es decir, debatir) lo segundo.

El hecho al que hago referencia es, en general, el “descubrimiento” del espionaje adelantado por los Estados Unidos en el mundo y, en particular, en Colombia. Tan pronto como fue revelado lo primero, hace una semana, los países europeos, indignados, exigieron explicaciones. Esta semana fue la oportunidad de Colombia…y la verdad sea dicha, la respuesta fue tibia por decir lo menos. Pero no así por parte de los analistas, de los opositores o de algunos congresistas, entre otros.

Las reacciones frente a las denuncias me han extrañado, debo decirlo con franqueza. No recuerdo ninguna de mis clases, desde el colegio, en las que, cuando se hablara de Estados Unidos, no se mencionaran las labores de espionaje de la CIA o del poder del gobierno federal, en el plano interno, como en el externo. Lo mismo puedo decir de los medios de comunicación. Denuncias de este tipo han sido la norma. No sé si la reacción es genuina, de sorpresa e indignación, o si solo es una forma de sobredimensionar algo que ya se sabía con anterioridad. De pronto, es simplemente la reacción normal cuando las personas comprueban algún prejuicio. No sé cuál será la explicación…

Ahora bien, ¿alguien dudaba que Estados Unidos adelantaba ese tipo de operaciones en el mundo? Si nos referimos al caso de Colombia, ¿alguien cree que no lo harían frente a un “aliado” en el que “invierten” tantos recursos? Responder “sí” sería tan ingenuo – y tan descarado (¿?) – como exigir que los estados deben dar recursos de “cooperación” sin pedir nada a cambio. Es decir, sin condiciones. Pero, esperen un momento: esto es lo que se hace…

Por otro lado, si el problema es que sean los Estados Unidos los que lo hacen, ¿alguien duda que los demás estados del mundo también lo hagan? ¿Acaso no han escuchado hablar de las labores de “inteligencia” que hacen las representaciones estatales en otros países? Esta función – y, por lo tanto, estrategias como las de espionaje o de recolección de información – son tradicionales. Se consideran como una función del Estado dentro de la más amplia de seguridad y defensa.

Si abordamos el tema de la tibia respuesta del gobierno colombiano, la cosa tampoco debería sorprender o indignar. Pongamos un caso hipotético: nuestro gobierno no es un “arrodillado”, sino uno “digno”, uno que nos genera “orgullo”. ¿Cuál hubiera sido la respuesta adecuada? ¿La misma de Brasil o Francia que, al igual que la tibia de Colombia, no ha logrado nada? ¿Qué buscamos con la respuesta, dura o tibia, del país? ¿Que nos pidan excusas? ¿Para qué? ¿Que no lo vuelvan a hacer? De nuevo, ¿alguien creería en eso? ¿Qué garantía se podría establecer? ¿Cómo se le haría seguimiento? Y, como no obtendríamos mucho, ¿qué podemos hacer? ¿Rompemos relaciones? ¿Vamos a la guerra? ¿Los espiamos también a ellos? De esto último, no podemos decir que no lo hagamos ya…en Colombia, infortunadamente, no tenemos un Snowden. Tenemos un PUMA…y esto sí lo aceptamos…por cuestiones de seguridad.

Y con esto último llego a donde quería llegar. Con lo anterior no quiero decir que está bien que exista el espionaje. Tampoco quiero decir que, como es Estados Unidos el que lo hizo, entonces está bien. Mucho menos pretendo decir que tenemos que aceptar que, como todos los estados lo hacen, la violación a la privacidad, a la diferencia de pensamiento, a la libertad de expresión y demás graves implicaciones que cualquier acto de espionaje incluye, sean males menores o que no sean graves. Todo lo contrario. Los actos de espionaje reflejan una grave violación a la libertad individual y un grave abuso y exceso en lo que deben hacer los estados. Es cierto que estos actos deben generar indignación. La confirmación de algo que todos sabíamos y decíamos de manera informal, sin pruebas, es una grave afrenta a la dignidad. Pero no a la nacional, porque tal cosa no existe, sino a la individual. Los individuos son los únicos que poseemos ciertos atributos, siendo la dignidad uno de ellos.

El problema, entonces, es más profundo de lo que parece a primera vista. El problema recae en la idea que muchos han apoyado – y que siguen apoyando – sobre lo que es, y para lo que debe ser, el Estado. El ser humano requiere de cierto nivel de certidumbre para desarrollar sus proyectos y objetivos. Esa certidumbre se obtiene, como demostraron en su momento autores como Ludwig Von Mises o, más a profundidad, Friedrich A. Hayek, a través del orden que resulta de la confluencia, simultánea y libre, de miles, de millones de individuos en todo tiempo y lugar. El orden resultante, sin embargo, al ser perceptible,
aunque no explicable, por los seres humanos (con nuestras limitaciones en conocimiento e información), muchos lo han considerado como producto de acciones/decisiones deliberadas. Esta forma de ver la cuestión, al parecer, ha sido preferible para una parte mayoritaria de sociedades, que la otra, percibida como caótica. Por ello, por buscar una mayor estabilidad, de fomentar un mayor orden social, se ha llegado – casi – a un consenso consistente en que los estados son los garantes de tal orden y de la certidumbre resultante. Llevada al extremo, esta visión considera que el Estado es el único capaz de
crear algún tipo de orden, que ese orden es deseable y que, por esta vía, se podrá alcanzar, algún día, una estabilidad permanente…una situación de equilibrio (como explican, equivocadamente, los modelos neoclásicos)…una situación de perfección.

No obstante, esta visión, como dije al principio, está equivocada. Es más, no solo está equivocada, sino que su implementación lleva a consecuencias inesperadas que, ahí sí, resultan negativas para las mayorías que apoyaron la idea estatista (¿o estatizante?) en primer lugar. Vale la pena aclarar también este punto. Yo soy un tipo medio pesimista con el tema del avance de la libertad. Sin embargo, debo reconocer que, por lo menos en la actualidad, muchas libertades son aceptadas y consideradas necesarias por parte de las mayorías. Eso está bien. A pesar de eso, esas mismas mayorías que defienden algunas
libertades (porque está de moda, porque es políticamente correcto, por valores, por quedar bien o por lo que sea), rechazan otras porque consideran que éstas generan – o que pueden generar- resultados negativos. ¿Ven la idea de perfección inherente? Un ejemplo: en general, se considera que está bien que exista libertad de expresión o de credo. Pero, la libertad de hacerse daño uno mismo (consumir comida chatarra, fumar, consumir drogas, etc.) se considera que debe ser regulada o limitada. En otras palabras, nos gusta la parte “buena” de la libertad, pero no soportamos sus resultados “indeseables” si ésta se aplica de manera consistente.

Lo que me hace ser pesimista es que la mayoría de libertades son consideradas indeseables: no solo algunas individuales, sino prácticamente todas las económicas. Y aquí entra en escena el Estado. Como esta organización ha sido considerada como la única capaz de generar un orden que facilite la certidumbre, dentro de ésta se incluye la solución de todos los que son considerados efectos “negativos” de la libertad. Por ello, se le ha dado un papel de regulador en diferentes esferas. Algunas de éstas también son consideradas buenas: acabar con la “pobreza” o generar “igualdad”, por ejemplo. No importa que estos objetivos no se cumplan. Lo importante es que el Estado supuestamente debe estar encargado de estas tareas. En estos aspectos nadie critica la acción estatal: se deben pagar impuestos. Por lo tanto, es normal que el Estado reciba, busque y coleccione toda la información económica de todos los individuos. No entregarla es considerado un delito.

Pero resulta que, lamentablemente, así no lo crean algunos, esta visión también genera resultados “indeseables”. Existe un consenso, por cuestiones pragmáticas, teóricas y hasta éticas, en que el Estado debe garantizar la seguridad de sus ciudadanos. Sin embargo, lo que no está claro es esa seguridad en qué debe consistir y, por lo tanto, cuáles herramientas se pueden utilizar. Es decir, apoyamos que el Estado garantice – y proteja, por ejemplo, el derecho a la vida. Pero por esta decisión, ha sido difícil limitar la extensión de la visión de seguridad y que haya llegado a lo que es hoy: la “seguridad para los
edificios”, por mencionar solo una de sus desviaciones. ¿Si hay un ataque a alguno de esos edificios, muchas personas no morirán? Entonces, lo que se tiene que evitar es que existan tales ataques. ¿Ven lo complicado del asunto? Para simplificar el razonamiento, me adelanto a decir que en esta dificultad es que tiene lugar la discusión sobre el tema del espionaje, tanto al interior del Estado como en otros estados.

Pero, ¿cómo puedo ser tan sacrílego? ¿Cómo puedo comparar una labor tan noble como acabar con la pobreza con una tan mezquina como espiar, sobre todo si esto lo hace un demonio como Estados Unidos? Pues bien, la relación se puede explicar, entre otras, por dos mecanismos que operan en el contexto que acabo de ilustrarles. Primero, porque como a los estados se les han extendido tantas funciones de intervención, en tantas dimensiones de la individualidad, es muy difícil establecer los límites, agotar las excepciones o explicar, de manera consistente, por qué se puede intervenir en un área mientras que en otra no. Segundo, porque la idea del Estado como un ente organizador, con atributos superiores a los de los individuos, ha llevado a ideas equivocadas, desde hace mucho tiempo, como las de “secreto de Estado”, “razón de Estado”, “interés nacional”…o “dignidad nacional”. Estas expresiones, vacías en su contenido (expresiones comadreja, las llamó F.A. Hayek), abren la puerta a la acción estatal a áreas en las que, incluso, no ha sido aprobada por los ciudadanos.

Esto ha sucedido en los Estados Unidos, en donde el fortalecimiento del gobierno federal, de manera sostenida, desde principios del siglo XX, acelerada, desde la Segunda Guerra Mundial, e intolerable, desde los gobiernos de George W. Bush (2001 – 2009) hasta hoy, ha llevado a justificar este tipo de intervenciones como forma de preservar, paradójicamente, la libertad. Pero también ha sucedido en Colombia, como resultado de la situación de conflicto persistente. Además, en las relaciones entre los dos países, porque Colombia, desde el (des)gobierno de Ernesto Samper (1994 – 1998) hasta hoy (aunque
pensábamos que esto iba a cambiar), decidió construir su identidad a partir de los referentes de amenazas internacionales, como los son las drogas ilícitas y el conflicto armado. Esto, en un primer momento, facilitó la recepción de recursos de “cooperación”. Pero, de manera no intencionada, generó otros resultados. La famosa subordinación y la intervención en nuestros asuntos domésticos por parte de diferentes actores internacionales, cada uno con sus visiones e intereses, son algunos de ellos.

El tema del espionaje, entonces, no se resuelve con expresiones de preocupación o indignación, ni se comprende a partir de nociones transnochadas (e inútiles) de imperio, de subdesarrollo o de sumisión. El tema, con todo lo preocupante que es, persistirá y se comprenderá cuando se acepte, al fin, que las sociedades deben ser consistentes en sus decisiones. Cuando se abre una puerta, se debe aceptar todo lo bueno, o lo que se percibe como tal, así como lo malo. Por mi parte, el llamado es a que escojamos la puerta de la libertad.

COMENTARIO ADICIONAL. Esta semana se publicaron los datos de exportaciones del país para mayo y el acumulado de 2013. Como éstas disminuyeron en el absoluto, los opositores aprovecharon. Como ya lo he dicho, las cifras no sirven de mucho porque necesitan de interpretación para decir algo. Sí, las exportaciones bajaron. Pero, ¿no podemos tener en cuenta la situación económica internacional? Además, fíjense que los sectores que cayeron son los de bienes tradicionales, mientras que los de manufacturados aumentaron. ¿No se puede pensar en una reconversión de la canasta exportadora del país? Pero no, vamos por lo fácil: es mejor seguir exportando petróleo, oro y flores.

COMENTARIO ADICIONAL II. Además, ¿con la comparación de un mes respecto del mismo mes en el año inmediatamente anterior o de disminución en un año puede concluirse que las cosas están destinadas solo a empeorar? Si este fuera el caso, debido a que es indeterminado el tiempo que tomará llegar a USD 0 (sí, cero dólares) y a que no tengo el profundo conocimiento que tienen los gurús de la economía colombiana para saber cuánto es el nivel mínimo de exportaciones que debemos tener, les anuncio que Colombia, si se mantiene la tendencia, tendrá exportaciones de USD 10 (sí, ¡diez millones de dólares!) más o menos en 2066. Tienen tiempo para huir. Los cálculos son míos, así que seguramente están equivocados. Pero, eso sí, como son cifras, hay que creerles…

COMENTARIO ADICIONAL III. La buena noticia es que, seguramente, para ese momento, si también se mantienen las tendencias, nuestros vecinos, como Venezuela, habrán alcanzado el desarrollo. Con la inflación de ese país en los niveles en los que está, muy pronto la gente andará con billetes de millones o de miles de millones de nuevos bolívares en los bolsillos (riqueza contante y sonante, ¿no les digo?) y podrán comprar lo que quieran, así no haya nada. Además, lograron un reconocimiento internacional, avalado por la gran y respetada OEA, para que les den explicaciones por lo que sucedió con Evo Morales…es decir, alcanzaron la “dignidad nacional”…¿ven? Riqueza. Como si fuera poco, la integración se habrá consolidado con el gran peso – y la utilidad -de Mercosur. Así que a pedir asilo, como se lo han dado a Snowden. Busquen algo del “imperio”, lo denuncian y con eso garantizan su exilio en el paraíso del futuro.

COMENTARIO ADICIONAL IV. Debo reconocer que, por lo menos, aunque equivocada, la izquierda es consistente con sus críticas a las cifras. Para ellos, el problema son los tratados de libre comercio. Siempre lo han dicho. Lo que no entiendo es cómo los uribistas también están criticando las mismas cifras. ¿Cómo lo explicarán? ¿Será que Juan Manuel Santos impidió que vendiéramos más, mientras que Uribe se iba, por el mundo, como buen culebrero, haciendo ventas? Qué comprensión tan limitada de las funciones de quien está en el poder.

COMENTARIO ADICIONAL V. Los sectores con intereses particulares siguen provechando. No solo el paro que tienen previsto para recibir más ayudas, sino que, esta semana, recibieron su partida (mermelada la está llamando la izquierda, seguro por la expresión que alguna vez utilizó Juan Carlos Echeverry) los alcaldes locales. Vamos bien…tocará aprovechar y armar un grupo de algo para que nos den alguna ayuda por todas las angustias que nos hace pasar el hecho que las cosas se hagan tan mal en el país.

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