SESGOS Y REALIDAD: EL CASO DE LA POLÍTICA COMERCIAL (Sesgos)

En su afán de pasar a la historia quedando bien con todos los sectores, el gobierno colombiano anunció, la semana pasada, una menor concentración en la firma de tratados de libre comercio y una mayor en la implementación de una política industrial más agresiva.

Esta decisión se puede entender como un guiño del gobierno a aquéllos sectores que, incluso desde antes de la entrada en vigencia de algunos acuerdos comerciales, ya predecían la destrucción de la economía nacional, como resultado de su desindustrialización o de una supuesta quiebra del sector agrícola. Hasta el momento, infortunadamente, la situación económica internacional les ha permitido utilizar algunos resultados iniciales como una demostración de su visión apocalíptica.

Dentro de los críticos a la política comercial, creo que quien tuvo una mayor incidencia en la reciente decisión del gobierno fue el reconocido economista colombiano José Antonio Ocampo. A principios de julio, este experto criticó la política comercial del país y afirmó que era necesaria una política industrial más agresiva. Debido a su reconocimiento internacional, a su trayectoria profesional y a sus demostradas credenciales investigativas, seguramente sus palabras fueron escuchadas con atención en el gobierno Santos. Sin querer negar los hechos anteriores, el gobierno ha olvidado que, así como cualquier otro analista, Ocampo tiene un sesgo ideológico en sus planteamientos y que, por lo tanto, sus apreciaciones no pueden considerarse como una verdad revelada sin más ni más.

No sabemos si la decisión del ministro Sergio Díaz-Granados se implementará. Es común que los gobiernos hagan anuncios semejantes pero que, a la postre, no los cumplan. Igual, al parecer se mantendrán las negociaciones que ya se vienen haciendo con países como Panamá, Turquía, Japón o Israel.  En el mismo sentido, las prioridades que planteó el Ministro para su política industrial (costos de energía eléctrica y construcción de infraestructura) pueden convertirse en un saludo a la bandera.

No obstante, el que los funcionarios actuales, de alguna manera, le hayan dado la razón al sector más crítico a la política de libre comercio es fuente de preocupación, no solo para quienes la defendemos, sino porque, en el largo plazo, puede afectar la senda de crecimiento del país. Por ello decidí esta semana concentrarme en debatir no solo la decisión anunciada, sino las ideas en las que ésta se basa. Por la extensión y complejidad del tema, decidí hacerlo en tres entregas. En la segunda y terceras, asumiré que las ideas planteadas por Ocampo son reales y simplemente las contrastaré con lo que muestran las cifras.  

Hoy comienzo por los sesgos de quien creo tuvo mayor incidencia en el anuncio gubernamental. No pienso hacer una descripción de la reconocida trayectoria de José Antonio Ocampo. Lo único que quiero mostrar es que, a pesar de su conocimiento y de los altos cargos que ha ocupado – incluso en la burocracia internacional, sus apreciaciones parten de una visión específica. Esto es, que Ocampo demuestra un sesgo explícito. De manera muy breve, se puede afirmar que este economista colombiano es un exponente de una exagerada visión mercantilista. Para quienes tienen esta visión, los estados se enriquecen cuando más exportan, cuando más divisas poseen y cuando más protegen su sector productivo. Los fenómenos contrarios son muestra de debilidad o la antesala de la destrucción económica…lo que sea que esa destrucción signifique.

En una de las entrevistas en las que criticó la política comercial, hizo, entre otras, las siguientes afirmaciones que demuestran su sesgo mercantilista. Por un lado, criticó la prioridad que le dio el gobierno a la entrada del país a la OCDE. Pero esta crítica no la hizo por consideraciones económicas, sino porque, a su parecer, un país latinoamericano debe concentrarse en la región. Además, porque, para él, el país podría perder el liderazgo regional (así aún no lo tenga). Esto porque la entrada en esta organización podría ser vista por los demás países como que “Colombia quiere ostentar de ser mejor familia (…)”.  Hmmm…muy bien. Claro está, el análisis internacional no es el fuerte de este economista.

Veamos en lo que sí es fuerte, donde más se ven sus convicciones mercantilistas. Por ejemplo, a él no le preocupa si las empresas se quiebran o no, sino lo que le preocupa es que los empresarios prefieran importar. Es decir, la crisis colombiana surge de la decisión de algunas unidades productivas de adquirir sus insumos o los productos terminados en el exterior. Nada importa si los dueños de esas compañías tomaron tales decisiones porque así pueden mantener sus fuentes de ingreso. El problema de fondo está en que no producen en Colombia. 

En otro apartado de la entrevista afirma que un serio problema es que no existan aranceles de largo plazo, sino que éstos se han reducido. Es interesante notar en este punto que, en general, los mercantilistas plantean que los aranceles deben existir por un periodo de tiempo específico, mientras que las industrias locales se fortalecen. Para Ocampo no es suficiente que esta política proteccionista existió en Colombia, por lo menos, desde el gobierno de Rafael Nuñez, a finales del siglo XIX, hasta la década de 1990. ¡No! Para este experto, al parecer, los aranceles altos deberán existir hasta el final de los tiempos. Eso sí, nunca nos explica cuál es la utilidad de los mismos si la idea es que nunca desaparezcan. ¿Ven? Puro mercantilismo.

Además, esta posición demuestra otro aspecto de la visión mercantilista: lo que se busca fortalecer es al Estado, como si éste fuera un ser superior al individuo.  Para Ocampo es de admirar – y, por lo tanto, de seguir – el ejemplo de Brasil, con su muy limitada apertura. Nada se le debe criticar a este modelo cuyos únicos afectados por la decisión de ser un Estado fuerte o poderoso sean los mismos ciudadanos, como lo demuestran no solo los movimientos sociales de estos días, sino otros ejemplos más cotidianos.

Una tercera afirmación que muestra el mercantilismo de Ocampo es que critica que Colombia no tenga más reservas internacionales, como algunos otros países de la región y de fuera de ella. Es decir, una política de acumulación de divisas es la adecuada. ¿Para qué? Esto no es claro si tenemos en cuenta que la idea no es importar sino solo exportar.  De nuevo, puro mercantilismo: la riqueza está en poseer divisas, hoy, oro, en el pasado.

De igual forma, se preocupa Ocampo porque Colombia no tiene un sector de alta tecnología. ¿Cómo los países desarrollados han creado ese tipo de sectores? De la nada, parece pensar Ocampo. O, mejor, de la planeación estatal, del enriquecimiento que genera exportar mucho y no importar nada. Pues bien, así eso no demuestre la historia de los Estados Unidos o de los países europeos, la crítica se mantiene: si Colombia quiere ser un país desarrollado, debe tener una industria de alta tecnología. Aunque la cosa sea al revés, esta es la visión mercantilista.

Uno de los economistas más reconocidos del país, entonces, así no lo crean, también tiene sus sesgos. Es claro que yo no estoy de acuerdo con ellos, pero ¿y si estoy equivocado? ¿No será que una persona con esa trayectoria, esa experiencia y ese conocimiento, evita que sus sesgos nublen su visión, y procura solo hacer observaciones objetivas? Si tienen recepción sus apreciaciones no solo en el gobierno nacional sino en el ámbito de Naciones Unidas, ¿no será que su visión es la correcta? Pues bien, partiré de este supuesto para, mañana, mostrar qué tan basadas en las cifras están las apreciaciones de Ocampo sobre lo negativo de los acuerdos comerciales y sobre la necesidad de una política industrial.

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