SESGOS Y REALIDAD: EL CASO DE LA POLÍTICA COMERCIAL (El grado de apertura)

Ayer mostré que las declaraciones de José Antonio Ocampo develan un sesgo mercantilista en su visión económica. Hoy no pretendo criticar ese sesgo, sino contrastarlo con lo que muestran los datos. Es decir, el ejercicio de hoy consiste en reconocer que estar sesgado no significa necesariamente que se está errado. Veamos a ver.  

En el siglo XX, la ciencia económica adquirió muchas de sus características actuales. Una de ellas es el uso exagerado de cifras y datos como si éstos fueran neutrales y capturaran la realidad de manera exhaustiva. Como de lo que se trata acá es de partir del supuesto que las apreciaciones de Ocampo son correctas y no producto de su sesgo, tengo que utilizar las mismas herramientas que él utiliza para hacer sus observaciones. Por ello, en esta ocasión he profundizado en diferentes fuentes de información estadística. Otras las he construido con datos de diferentes orígenes, como el Banco Mundial.  

Según nuestro experto, la política de los TLC es negativa porque genera desindustrialización. Según él, la más grave en los últimos 30 años. Según él, ésta es causada por la revaluación del peso frente al dólar, la política comercial y la falta de política industrial con “dientes”. No sé ustedes pero yo me pregunto qué dirá ahora Ocampo con los pronósticos de devaluación. En la entrevista se adelanta al hecho para decir que, en realidad, esa no es la principal causa de los problemas económicos, sino un factor más que incrementa los problemas de falta de políticas. No obstante, como suele suceder en el caso de personas de tanta experiencia, con todas las cifras y el conocimiento que manejan, es que suelen ignorar o no tener en cuenta las preocupaciones de quienes toman las decisiones de manera directa. En el último informe industrial de 2012 del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, se afirma que, según encuestas aplicadas directamente a los industriales colombianos, su mayor preocupación era la tasa de cambio, seguida por la falta de demanda, la creciente competencia y, por último, el costo de las materias primas. Pero lo que piensen los empresarios, así sean ellos los que toman las decisiones, no es importante. Para eso es que José Antonio Ocampo es un gran economista…

Bueno, a partir de su hipótesis, el analista afirma que Colombia sufre una “indigestión” de TLC. Esto es, el problema es que tenemos muchos acuerdos comerciales y no sabemos, en sus propias palabras, qué hacer con ellos (¡!). Yo pensaba que los acuerdos comerciales eran…para comerciar. Pero no, hasta ahora me doy cuenta que los estados tienen que darle funciones adicionales a través de estudios y de planeación que hacen nuestros expertos, como el mismo Ocampo.

Pero hoy no critico el sesgo, solo lo contrasto con lo que muestran los datos. Según lo mencionado por Ocampo, lo primero que debe generarnos interrogantes es, entonces, cuántos acuerdos son los deseables.  Esa respuesta no la tenemos, claro está. Por ello, decidí mirar el tema de la “indigestión” de acuerdos comerciales desde diferentes ámbitos.

Si se afirma que Colombia tiene muchos acuerdos, esto se tendrá que reflejar en el grado de apertura. Existen dos fuentes que nos permiten medir la exposición de las economías nacionales al comercio internacional. Una de ellas es construida por la Cámara de Comercio Internacional (ICC) y que se denomina Índice de Apertura de Mercados (Open Markets Index).  Éste se mide entre 1 y 6, siendo 6 una economía completamente expuesta; completamente abierta. El índice mide, a su vez, cuatro componentes: la apertura de comercio observada, la política comercial, la apertura a flujos de capitales (inversión extranjera) y la infraestructura para el comercio. Los invito a que revisen las consideraciones metodológicas y el peso de cada uno de los componentes en la obtención del índice agregado.

De 75 economías analizadas, en 2011, Colombia ocupó el puesto 59, con un índice de 2,7 (apertura debajo del promedio). En ese año, de los países que conforman los CIVETS, solo Egipto estaba por debajo de Colombia. Otros países por debajo del país fueron Uganda, Venezuela, Sudán, Etiopía, Bangladesh…y Brasil. Ignorando los primeros cinco casos, Ocampo afirma que Colombia debería seguir el ejemplo de Brasil en su apertura comercial (¡!).  Por último, de los cuatro componentes, en el que peor le fue al país fue, precisamente, en el de apertura. El mejor fue de inversión extranjera. La política comercial y la infraestructura, aunque con muy bajos puntajes (2,8 ambos), se ubicaron en el medio.

En 2013, la cosa cambió. Este año el país ocupó el puesto 52 de 75 países, con un puntaje de 3,0 (límite inferior de la categoría “promedio”).  De los CIVETS, solo Egipto e Indonesia estuvieron peor ubicados. Los demás ejemplos siguieron siendo los mismos. Ahora, el componente en el que mejor nos fue (3,5) es el de política comercial. El de apertura sigue siendo el más bajo (2,4), aunque mejoró. El componente de inversión extranjera bajó a 3,4 y el de infraestructura subió a 2,9.

¿Podemos a partir de estos datos afirmar que, en realidad, un problema es que estamos muy expuestos al comercio internacional? La verdad es que yo no lo veo. Al contrario, lo que nos muestra esta fuente es que el país tiene una inserción mediocre en el ámbito del comercio internacional.  

La segunda forma de medir la exposición al comercio internacional es sumando exportaciones e importaciones y dividiendo por el total del producto interno bruto. Esto se conoce como Índice de apertura comercial. Para comparar a Colombia, solo incluí los datos de 11 países: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Costa Rica, Ecuador, México, Perú, Uruguay, Venezuela y Estados Unidos (aunque esta última comparación no tenga ningún sentido desde un punto de vista metodológico).  Según datos de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo (UNCTAD), en el promedio desde 1980, Colombia tiene un nivel de relevancia del comercio en su economía superior solo a la que tienen Estados Unidos y Argentina.

¿El más abierto? ¿El más expuesto al comercio internacional? De nuevo, eso no lo muestra tampoco este índice. Sin embargo, Ocampo podría afirmar que, en este caso, miremos el ejemplo de los Estados Unidos: un país cuyo índice de apertura es cercano al 20%. Si bien esto es cierto, no se puede afirmar que éste país sea más cerrado o que Colombia. Lo único que podría reflejar, en este caso, es que de la producción nacional, muy poca se genera por los flujos comerciales. ¿Cómo llegaron a eso? Pues bien, la respuesta, en este caso, es que pueden ser muchos factores, pero la limitación del comercio internacional no es una de ellas.  

Con estos datos, fíjense, las conclusiones pueden, a lo sumo, ser mixtas. Existen países con economías abiertas, como Estados Unidos, que no dependen tanto del comercio exterior, así como países con economías más cerradas, como Brasil, que tampoco lo hacen. Algunos pueden mostrar efectos positivos, como Brasil, pero muchos otros no tanto, como Sudán o Venezuela. La lección, entonces, no está acá. Lo primero que debe saltar a la vista es que Colombia no es un país, ni tan abierto, ni tan expuesto al comercio internacional como se esperaría si se cree que son correctas las apreciaciones de Ocampo.

Pero, existe más evidencia sobre esto. Según información de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Colombia tiene un número semejante de acuerdos comerciales que Canadá, Rusia o la mayoría de países centroamericanos; tiene más acuerdos comerciales que la mayoría de países africanos y suramericanos; sin embargo, tiene menos acuerdos que países como Perú, Chile, México, Estados Unidos, China e India. Entonces, solo por número de acuerdos, tampoco se ve la “indigestión”. A menos, claro está, que Colombia no pueda darse “el lujo” de querer ser como Perú, Chile o México. Además, no sé si sea mejor estar en el grupo de países suramericanos o africanos – que claramente demuestran los efectos positivos de tener muy pocos acuerdos – o estar en el de los seis primeros.

Por su parte, según la página del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, sin mirar el grado de profundidad o de completitud, Colombia tiene 12 acuerdos vigentes, tres suscritos  y cuatro en negociación. Si asumiéramos que todos entren en vigor, el país tendría “disponible” un mercado que suma un poco más del 20% de la población mundial, con un PIB agregado cercano al 70% global. No sé si estas cifras puedan generar “indigestión” a un país, pero lo que sí es cierto es que para algunos conocedores del tema, como José Antonio Ocampo, esto es algo malo. ¿Para qué un mercado disponible tan grande? ¿Con semejante porción de la riqueza global? ¿Qué podemos hacer con todo eso? Acá la lógica no la entiendo, pero la transmito: según lo planteado por nuestro experto, lo que tendríamos que concluir que es mejor menos a más en cuestiones de comercio. Interesante planteamiento. Debe ser muy avanzado, eso sí, porque contradice lo planteado por todo el pensamiento económico hasta la actualidad, incluso el Marxista.

Por ningún lado se ve, entonces, lo que critica con preocupación José Antonio Ocampo. Los datos no muestran que Colombia sea un país sobre-expuesto al comercio internacional. Tampoco muestra que lo esté más que países semejantes o que otros que, como los CIVETS, tienen niveles de desarrollo semejantes. Mucho menos esto se ve en el número de acuerdos comerciales y la comparación que se puede hacer con el resto de países en el mundo. Algo que sí muestran los datos es que la oportunidad de comerciar es, por decir lo menos, interesante: un mercado de 20% de la población mundial, que representa casi el 70% de la riqueza global. Pero esto lo señala Ocampo como algo negativo. Las oportunidades se convierten en algo malo bajo esos planteamientos.

Claro que frente a lo anterior, otros seguidores de la visión de Ocampo podrían afirmar que, como yo también tengo mi sesgo, evado la discusión de fondo: los efectos de los acuerdos que tenemos en la economía colombiana. Pero este aspecto lo abordaré en la última parte de este comentario.

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