SESGOS Y REALIDAD: EL CASO DE LA POLÍTICA COMERCIAL (Los impactos)

Hasta ahora, he mostrado el sesgo de uno de los que considero tuvo mayor impacto en el anuncio hecho por el gobierno nacional de frenar la política de apertura comercial y de concentrarse,  más bien, en el fortalecimiento industrial. También mostré que ese sesgo se refleja en la percepción que tiene José Antonio Ocampo sobre la realidad de apertura comercial del país. No obstante, puede ser que nuestro experto haya exagerado su apreciación para hacer más “digerible” al público nacional y a los tomadores de decisión la gravedad del asunto. En realidad, puede ser que la política comercial sí esté afectando de manera grave a la industria nacional.

Esta discusión debe comenzar por reconocer que, en los últimos periodos, ha existido una caída en la producción industrial. Es decir, el sector está en recesión. ¿Qué tanto tiene que ver esta situación con los acuerdos comerciales que han entrado en vigor de manera reciente?

Para responder esta pregunta es necesario reconocer los siguientes hechos. Primero, es muy pronto para medir los resultados de acuerdos que, como el de Estados Unidos, han sido implementados de manera muy reciente y hasta ahora están siendo reconocidos por los empresarios. Segundo, no hay que olvidar que las estrategias de libre comercio SÍ generan perdedores en el corto plazo. Tercero, sin embargo, así como hay perdedores, también hay ganadores. Cuarto, lo interesante es que no solo los ganadores son más, sino que las ganancias son mayores que las pérdidas. Es decir, el número de perdedores está concentrado en algunos sectores no eficientes. Los ganadores, para ponerlo sencillo, somos todos, porque todos somos consumidores, principales beneficiados de las estrategias de apertura comercial. Quinto, aunque un sector sea perdedor en un acuerdo específico, no necesariamente lo será frente a todos los acuerdos. Incluso si así lo fuera, el número de perdedores “absolutos” tenderá a ser muy pequeño y, por lo tanto, si así lo dispone la sociedad, podrán ser compensados.

Como las posturas de Ocampo y de otros críticos no están enfocadas en el largo plazo ni en las ganancias de los acuerdos, por ahora, no me voy a concentrar en eso. Me concentraré, en esta oportunidad, en los efectos actuales en el ámbito comercial y en el industrial.

Sobre el primero, desde su posición mercantilista, Ocampo se queja que Estados Unidos ha exportado más a Colombia que lo que ésta lo ha hecho a ese país, por ejemplo. Esta es una visión desafortunada, por decir lo menos: ¿Solo sirven los acuerdos en los que nosotros exportemos más que la contraparte? ¿Solo aquéllos en los que los dos países incrementen sus exportaciones en la misma proporción? Fíjense que las dos preguntas demuestran la superficialidad de las preocupaciones de Ocampo: lo primero es ingenuo; es ingenuo esperar que siempre Colombia exporte más que sus socios comerciales. Lo segundo no es posible.

Pero vayamos a las cifras, que es lo que más gusta. Según datos del DANE y del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, las exportaciones de Colombia, desde 1980, se han multiplicado por 14, mientras que las importaciones por 12,5. Entre 1990 y 2000, es cierto, para mayor preocupación de los críticos, las importaciones crecieron más que las exportaciones. Sin embargo, desde 2005, tanto las exportaciones como las importaciones han crecido en la misma proporción. ¿Qué se puede concluir de todo esto? Primero, nada. A lo sumo se podría decir que estos indicadores tienen comportamientos que tienen que ver, entre otras, con la situación internacional del momento. Segundo, se podría evidenciar que los acuerdos comerciales que han entrado en vigor de manera reciente han servido para crear comercio (tanto exportaciones como importaciones). Tercero, si nos atenemos a la visión mercantilista, no tendríamos que preocuparnos porque, en el largo plazo, las exportaciones han crecido de manera más acelerada que las importaciones.

Lo anterior se refleja de manera más clara cuando se calculan las variaciones del comercio año a año. Los mayores crecimientos del comercio, tanto de exportaciones como de importaciones, se han presentado desde el año 2003. La mayor de todas se da entre el año 2010 – 2011. También en este cálculo, las exportaciones han crecido de manera más acelerada que las importaciones…

Me imagino, sin embargo, que lo anterior no servirá para demostrar la debilidad de la visión mercantilista. Miremos, entonces, la balanza comercial. Con Estados Unidos, la Unión Europea y Chile, ésta es superavitaria (exportamos más de lo que importamos) y creciente. Con Japón, México, Canadá y Brasil, tenemos una balanza deficitaria. ¿Conclusión? Si nos apegáramos a la visión mercantilista, tendríamos que apoyar los TLC con Estados Unidos y la Unión Europea, mientras que le exigimos al gobierno acabar los acuerdos con México, Canadá o Brasil y dejar de negociar el de Japón. Sin embargo, y esta es una paradoja, los que más se critican son los acuerdos con los socios con los que tenemos un mayor superávit.

Pero, ¿qué exportamos? En este aspecto, sí debemos reconocer que la cosa no se ve tan positiva. En 1995, el sector con mayores exportaciones era el industrial (65,09%). Para 2012, el principal es el sector minero (casi 57%). ¿Culpa de los acuerdos comerciales? Como el mismo José Antonio Ocampo lo reconoce, no es necesario firmar un acuerdo comercial para exportar bienes como petróleo o carbón. El problema debe estar, entonces, en decisiones domésticas que han estimulado la concentración del país en el sector extractivo. Pero en esas decisiones nada tienen que ver los TLC.

A pesar de lo anterior, afirma Ocampo, origen de esta discusión, que los tratados han incentivado la desindustrialización del país. En esto no estoy tan seguro. Por un lado, es cierto, la industria ha perdido importancia dentro del total de las exportaciones colombianas. Pero esto no quiere decir que la producción industrial haya caído de manera sostenida en el tiempo. Puede ser, más bien, que los recursos naturales de extracción, como el petróleo, han aumentado su importancia. De pronto, como resultado de una mayor demanda internacional o de un incremento en sus precios internacionales. ¿Les suena conocido?

Antes de continuar, una aclaración adicional. Según José Antonio Ocampo, el comercio con China nos afecta porque este país solo demanda recursos extractivos. Creo que nuestro experto se equivocó al no tener las cifras a la mano en el momento de la entrevista: claro que a China exportamos petróleo o carbón, pero también este país es uno de los principales destinos de las exportaciones industriales. De hecho, es el segundo destino de exportaciones industriales, dentro del grupo de países con los que no tenemos acuerdos comerciales. 

Muy bien, con la aclaración hecha, llegamos al tema de la industria que, como señalé más arriba, ha mostrado unos resultados preocupantes en el último año. Sin embargo, cuando se mira el informe que, sobre el sector, presenta el Ministerio, se encuentran varios hechos interesantes. Primero, además de China, Estados Unidos (con cerca de un 40%), Canadá, Chile y Suiza son los principales destinos de estas exportaciones. Segundo, no toda la industria está “desapareciendo”. Por un lado, porque se han presentado caídas en algunos sectores que, aunque preocupantes, se pueden deber a una situación crítica en el ámbito internacional o de la demanda doméstica. Dentro de los subsectores que más han caído están la producción de plásticos, la refinación de petróleo, los químicos, los textiles y las piezas de automotores. Por el otro, porque existen otros subsectores como el de las prendas de vestir, la industria de bebidas, los lácteos, otros productos alimenticios, equipos de transporte, automotores y electrónicos de uso doméstico que siguen creciendo.

¿Está desapareciendo la industria colombiana? Está claro que no. ¿Qué les preocupa, entonces, a los críticos? Como lo he señalado en comentarios anteriores, lo que demuestran las críticas, cuando son contrastadas con la realidad, es que se pretenden mantener todos los sectores, a toda costa. En últimas, lo que se busca es que algunos productores sobrevivan a costa de las ayudas que el gobierno les dé, con cargo a los impuestos que todos los demás pagamos…y con la privación para todos los consumidores y muchos productores de aprovechar mercados más grandes y diversificados.

Tal vez por esto, porque no se puede hablar de una crisis generalizada del sector, la Asociación Nacional de Industriales – ANDI, no ha hecho ninguna crítica a los acuerdos comerciales del país. Esto, sin embargo, para Ocampo es algo que se debe criticar: ¿Cómo los industriales, y su gremio, no se han levantado para exigir mayor protección? ¿Acaso no les interesa? Como señalé antes, en esta crítica, vuelve y juega, Ocampo considera que su conocimiento y su trayectoria le dan algún tipo de superioridad para saber lo que quieren – y lo que deben hacer – los empresarios, mejor que ellos mismos.

En consecuencia, después de todo lo que he mostrado, tenemos una idea, que ha llegado a afectar las decisiones del gobierno nacional, basada en un sesgo específico, contradictorio, paradójico, generador de privilegios para unos pocos y antiliberal que, además, no se compadece con la evolución del pensamiento económico…y mucho menos con la realidad del país, según muestran las cifras. Ni Colombia es un país exageradamente abierto o expuesto al comercio internacional como para poder hablar de “indigestión”, ni los pocos acuerdos que hemos firmado o que han entrado en vigor pueden ser los únicos culpables del comportamiento coyuntural, de corto plazo, que muestran algunos sectores industriales.   

Lamentablemente, esta visión errada es la que atrajo la atención del gobierno nacional. No critico que Juan Manuel Santos sueñe con pasar a la historia. Al fin y al cabo ese puede – ¿debe?- ser uno de los objetivos de cualquier político. El punto es si el presidente se dará la oportunidad de ser recordado por sus buenas decisiones o por sus errores (que, en otros ámbitos, ya están superando a los aciertos). Puede ser que el anuncio hecho por el gobierno sea estratégico y que solo busque neutralizar el ruido de las críticas a la política comercial. Puede ser que no estemos ante una posibilidad real de un retroceso en lo poco que hemos avanzado hacia una economía más libre – y, por lo tanto, con mayores oportunidades de creación de riqueza. Lo cierto es que el gobierno, más tarde que temprano, tendrá que tomar posiciones claras, así le generen enemigos. No se puede ser amigo de todo el mundo. Así no se consigue pasar a la historia. Esperemos a ver. 

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