VACAS Y CAMPESINOS

Esta semana fueron publicados dos resultados interesantes. En uno se enumeran los políticos más influyentes en Twitter. En el otro, los congresistas mejor calificados por los formadores de opinión. No pienso debatir los resultados. La gente tiene sus preferencias y eso está bien. Eso sí, porque la gente los perciba como buenos, no quiere decir que lo sean. Es más, como ya lo mostré hace varios meses en algún comentario, muchas veces sus ideas están erradas o son muy superficiales.

Sobre esto último es lo que quiero hablar. A propósito del TLC con Europa, el senador mejor calificado trinó afirmando que es mejor ser vaca en Europa que campesino en Colombia. Uno podría pensar que ésta es una afirmación efectista, que explica por qué es uno de los más influyentes en Twitter. Sin embargo, al parecer la mencionada no es un eslogan o una frase fácil, sino que el senador en cuestión cree en ella, pues la repitió en una entrevista.

Así que hoy solo me voy a referir a esa frase. ¿Qué tanto tiene de fondo? ¿Qué implica? ¿Qué demuestra? ¿Es real?

Me sorprende que un senador con la preparación y el reconocimiento que éste tiene crea realmente en una frase que forma parte de la “sabiduría convencional”. Todavía recuerdo que, desde el colegio, mis profesoras decían exactamente lo mismo. He escuchado tanto la misma afirmación que se me hace increíble que un senador de la república la repita como si fuera una verdad absoluta. Alguien podrá decirme que si todos los piensan, se debe a que es cierta. Es posible. Como también es posible que, por ejemplo, Colombia tenga el segundo mejor himno del mundo…

Pero bueno, no por lo anterior puedo descalificar lo que el senador afirmó. Para ello, es necesario ver el fondo de la afirmación. ¿Por qué se afirma que es mejor ser vaca en Europa que campesino en Colombia? Por la existencia de subsidios a la agricultura en ese continente que, para el caso de la Unión Europea, consiste en la denominada PAC (Política Agrícola Común). En realidad, lo que se critica es que en este continente se le otorguen tantos recursos a los ganaderos y agricultores, mientras que en Colombia no los tengan o sean muy pocos.

¿Qué implica lo anterior? Encuentro tres implicaciones relevantes. Primero, que el senador (y todos aquéllos que creen en este tipo de afirmaciones) hacen una comparación directa entre los subsidios que recibe el agro europeo y los que recibe el colombiano. Pero, acá, comenzamos a tener problemas. Como no es posible comparar la población, ni el tamaño de las economías (Producto Interno Bruto) de manera directa, tampoco se pueden comparar, de esa forma, las ayudas que se les dan a los diferentes sectores.  El senador afirma que el sector agrícola en Europa recibe 70 mil millones de euros al año. ¿Si en Colombia se otorgara exactamente el mismo monto ya sería aceptable ser campesino en este país? Si la respuesta es que sí,  entonces tendríamos que concluir que el senador peca por creerse en “Dinamarca y no en Cundinamarca”.

Unos subsidios de ese monto en Colombia representarían el 26,5% del PIB y estarían destinados para un sector que solo produce el 5,96% (los cálculos son míos con datos de esta fuente). Mientras tanto, en Europa los subsidios representan el 5,63% del PIB (cálculos basados en esta fuente). Así que el senador propone que más de un cuarto del PIB se vaya para un sector minoritario. Me dirán que no. Que lo que digo es injusto. Que el senador también ha propuesto ayudas a la industria. Perfecto. Si tenemos en cuenta que la industria es responsable del 11,88% del PIB colombiano (esto es, de más del doble que la agricultura), podríamos esperar que las ayudas tendrían que ser proporcionales. Es decir, en la lógica del senador, para poder estar felices en Colombia y no desear ser un semoviente en otro continente, tendríamos que destinar más del 75% de todo lo que producimos solo a dos sectores de la producción nacional. ¡Buenas cuentas! Pero, precisamente por eso es que no se pueden hacer este tipo de comparaciones directas.

Alguien me dirá que el senador no espera que se otorguen los subsidios en el mismo monto, que él ha hecho el trabajo muy juicioso y que tiene cálculos que serán proporcionales a la economía colombiana. Pero, eso tendría que hacerse en el caso de que no existieran subsidios en Colombia. Pero sí existen. Si esto se tiene en cuenta, ¿por qué hacer la comparación?

Existe otra implicación de la afirmación hecha. Ésta concibe que la única fuente de bienestar económico es la que proviene del Estado.  Es decir, según el senador, las vacas en Europa tienen una gran “vida” porque es el Estado el que les otorga los recursos. Pero eso tampoco es cierto. Los agricultores y ganaderos europeos, además de las ayudas, obtienen sus ingresos del mercado, no del Estado. Es cierto que los subsidios y la protección de la PAC distorsionan el mercado, pero entonces tendríamos que estar en contra de éstos y no del TLC.

Una tercera implicación es que, lamentablemente, para el senador el ser humano es unidimensional (al mejor estilo de Herbert Marcuse, un autor muy utilizado por la izquierda, pero que criticaba este hecho y que afirmaba que era el capitalismo el que lo generaba. Vean pues que no es el capitalismo, sino la visión de izquierda). Me explico, ¿alguien puede sostener que es mejor ser una vaca por el solo hecho de que éstas reciben ayudas? ¿No vale la pena ser ser humano por mucho más que solo los ingresos? Esta parece ser una implicación superficial pero no lo es. Este tipo de afirmaciones, de pensamientos son los que le han quitado gran parte de la dignidad al hecho de ser individuos, de ser humanos y de la riqueza (además de la monetaria) que este hecho otorga a quienes lo somos.

Las tres implicaciones mencionadas no solo demuestran que el senador mejor calificado, no solo no hace la tarea sino que se basa en simplificaciones de la realidad. Lo preocupante es que, al parecer, se cree lo que dice. Esto lleva, entonces, a demostrar que, como dije al principio, no porque sea bien calificado, podemos afirmar que sea bueno o a que sus ideas lo sean porque, además, éstas están basadas en supuestos que no se sostienen ante un proceso de revisión un poco profundo.

Con esto no quiero decir que estén mal las encuestas. Mucho menos que sean las personas las que están mal. Como he dicho en muchos de mis comentarios, esto demuestra, más bien, todo el trabajo de argumentación y de debate que queda por delante para los que defendemos ideas liberales. Tampoco quiero que éste sea un ataque directo a la izquierda o a la importancia de sus representantes para hacer oposición o para estimular debates que el país necesita. La intención con este comentario era mostrar, una vez más, que las ideas, incluso las aportadas por los más respetados de la sociedad, pueden ser peligrosas, no solo por sus implicaciones, sino porque parten de creencias que no superan la prueba de realidad. El problema es que, en caso de prosperar, esas ideas sí se concretan en políticas que acaban con lo poco que se ha avanzado en cualquier país, incluso en Colombia, donde, para algunos, es tan malo ser hasta campesino.

AVISO. Las próximas dos semanas no escribo. Vuelvo a publicar comentarios desde el 30 de agosto. 

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