De vuelta al pasado

Contra todo pronóstico, el presidente Barack Obama está empeñado en una intervención militar en Siria. Cuando fue elegido por primera vez, los ingenuos del mundo celebraron su ascenso como el fin de lo que consideraron la era de la arrogancia y del guerrerismo de George W. Bush.

No contaron con tres realidades. Primero, sea quien sea el presidente de los Estados Unidos, los anclajes creados por el gobierno de este país en su supuesto liderazgo mundial. Segundo, la falta de experiencia y de preparación del candidato Obama y la inaplicabilidad de sus ideas, por muy agradables al oído que fueran. Tercero, la ley de las consecuencias inesperadas siempre actúa en realidades sociales complejas.

Barack Obama prometió un cambio en la posición de su país frente al resto del mundo. Relanzó la relación con Rusia; buscó alternativas en el caso de Irán; dio esperanzas en la apertura de relaciones con Cuba. Frente a cada intento, la realidad golpeó al idealismo de Obama hasta llevarlo, por ejemplo, a plantear la remota posibilidad de actuar frente al régimen de Al Asad en caso de que éste se excediera en una supuesta línea roja: el uso de armas químicas. Hoy, tal vez sin pensarlo, sin quererlo Obama, esa línea se cruzó y muchos en el gobierno de Estados Unidos consideran que deben actuar o serán vistos como débiles o irresponsables.

Frente a la posibilidad de una intervención, los de siempre han llegado con sus críticas. No faltan los pacifistas más puros: no a la violencia, no a la guerra. Esto estaría perfecto en un mundo sin dictadores como Al Asad. ¿No han muerto ya suficientes ciudadanos sirios en esa guerra civil? ¿De qué paz hablan?

Por otro lado, están los amantes de las teorías de la conspiración: Estados Unidos lo único que busca es petróleo…hmmm. ¡Claro! Ya están cansados de todo el petróleo que robaron en Irak y quieren más. Por eso no siguen empantanados en esa guerra y, en el intermedio, no tuvieron una crisis financiera que, según algunos (muchas veces los mismos de las teorías de la conspiración), ha sido la peor desde la Gran Depresión.

Otros, también seguidores de las conspiraciones internacionales, consideran que la intención es controlar la región. ¿Se imaginan? ¡Nunca hubiera esperando una pretensión más egoísta e irracional! ¿Buscar controlar una región, caracterizada por su paz, su democracia, su estabilidad? No hay derecho.

Este lado, ahora, recibe con júbilo las declaraciones del rey de la democracia y de la paz: Vladimir Putin. “Es el único sensato”, piensan. Por su ingenuidad frente a los demás y su obsesión por los teorías de la conspiración cuando de Estados Unidos se trata, no se dan cuenta que éste no está en contra de la intervención porque sea sensato, pacifista o un verdadero líder, sino porque también tiene intereses que, para este caso específico, se preservan más si no existe un cambio de régimen en Siria.

En el otro extremo, están los defensores de una acción militar. ¿No han muerto suficientes niños y niñas, mujeres y hombres, ancianos y ancianas? Pues bien, si esta fuera la racionalidad, Estados Unidos tendría que intervenir en casi todos los países del mundo…o, por lo menos, en aquellos donde existen conflictos armados hoy.

¿No se debe evitar el uso de armas que han sido consideradas por la humanidad como indeseables? Si bien esto es cierto, teniendo en cuenta el plan de Obama que no consiste sino en un ataque limitado, el control en el uso de armas químicas queda en entredicho. También lo está, incluso, si se lleva a cabo el plan propuesto por Rusia. El uso de armas prohibidas no se disminuirá con muestras de fuerza contra los irresponsables que las usan, sino evitando que éstos detenten el poder. Esto último, sin embargo, no depende de la acción de ningún actor externo.

Al contrario, un ataque de este tipo pondría en alerta a los demás regímenes en el mundo que, como Corea del Norte, no tiene líderes a los que les importen los límites internacionales o el derecho internacional.

¿Quién tiene razón en este caso, entonces? Como suele suceder en los complejos temas internacionales, nadie la tiene. Sin embargo, es cierto que una intervención en Siria es una pésima idea por varias razones.

Primero, porque si se cumple al pie de la letra el plan propuesto por Obama, no se logra nada. Al contrario, si éste se excede, Estados Unidos podría quedar envuelto en otra operación de nation-building a gran escala que no es claro si podrá asumir por razones económicas, políticas, de opinión pública y militares.

Además, lo anterior le sumaría más inestabilidad a la región. 

Segundo, porque, como mencioné más arriba, la garantía de no usar armas de destrucción masiva, como las químicas no existe. Ya lo hizo Saddam Hussein a principios de los años 90 en contra de la población kurda. Se le impusieron sanciones. Se le “castigó” con todo el poder militar de una coalición internacional. ¿Resultado para el futuro? Hoy, Al Asad vuelve a usarlas. O los rebeldes, como sabiamente afirma el demócrata y defensor de la paz, Vladimir Putin.

Tercero, porque Estados Unidos no puede seguir asumiendo responsabilidades de policía del mundo. No solo por sus condiciones internas, sino también porque el mundo ha cambiado. Muchos otros países tienen vocación de liderazgo internacional y pueden asumirlo, como es el caso de China. Además, porque una nueva intervención es, paradójicamente, alimentar la idea de que el supuesto “imperialismo” estadounidense es indeseable, mientras que uno ruso o uno chino no lo sería. Esto sí es un riesgo para la estabilidad mundial, no solo en el ámbito de la seguridad, sino también de la economía.

¿Qué hacer entonces? Como sucede en la mayoría de estos casos, nada o muy poco. Es importante que la humanidad reconozca que las buenas intenciones pueden no generar las consecuencias esperadas. En muchos casos, por más dolor que exista, es importante que las sociedades, por sí mismas, alcancen sus objetivos. El “deber de proteger” ha demostrado ser inútil puesto que se construyó a partir de consideraciones morales, pero no de un análisis basado en la realidad de política internacional.

Estados Unidos no debería meterse en esta nueva aventura internacional. Esperemos a ver si Barack Obama, el hombre que sí puede, atiende las presiones en contra o, como todo lo ha hecho al interior, sus tendencias autoritarias primarán.

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