Denuncias, respuestas y alternativas

Esta semana se profundizó el enfrentamiento entre el senador del Polo Democrático, Jorge Enrique Robledo, y el ministro de agricultura, Rubén Darío Lizarralde. 

Es decir, lo de siempre. No me malinterpreten: me parece que la labor de control político que ha ejercido el Polo Democrático desde hace muchos años ha sido determinante para el país. Me parece que se debe valorar ese papel.

Sin embargo, también me parece que se está exagerando en esta práctica. Los escándalos políticos han servido bastante a quien los destape. En el caso del Polo, éstos podrían explicar los resultados electorales que ha tenido en los últimos años y que sus representantes sean considerados como los mejores congresistas del país.

Como el objetivo de un partido político es, lógicamente, hacer política, el éxito que han tenido los escándalos en los últimos años, ha llevado a que muchos se hayan dedicado casi que a “vivir” de ellos. Este parece ser el caso del senador Robledo. Ante cualquier nombramiento, el senador advierte, de manera automática, debates de control político por el pasado turbio de los nombrados. La idea es destapar criminales y castigarlos con su salida del gobierno.

Vuelvo y digo: no critico esa labor. Solo que debido a su práctica recurrente, sería interesante saber cuáles son los personajes que el senador – y la opinión pública – quisieran fueran nombrados. Tal vez la respuesta inmediata es obvia: personajes que “hagan bien las cosas”, que no sean “corruptos”, que sean “éticos”.

En esto, podríamos estar todos de acuerdo. Sin embargo, en la realidad, las cosas se complican. ¿Qué significa hacer bien las cosas? Por ejemplo, para el senador Robledo el problema de Lizarralde no solo es su pasado, sino que pretenda implementar un modelo agrícola que el senador considera equivocado. Pero que el senador piense así no quiere decir que sea una verdad absoluta.

Ahora bien, el senador – quien al parecer refleja el sentir de la opinión pública – asume que los nombrados no tomarán decisiones éticas, si tienen intereses particulares, previos, en los sectores para los que han sido nombrados.

Al parecer, el senador considera que el hacer mal las cosas (desde su punto de vista, no hay que olvidarlo) y al presumirse que los nombrados no serán éticos, automáticamente éstos serán corruptos y, por lo tanto, delincuentes, criminales.

Si aceptáramos la lógica anterior, tendríamos que aceptar que, el nombramiento ideal sería de una persona que creyera en un modelo  de izquierda y que no tuviera interés alguno en el sector frente al que ha sido nombrado. Lo primero significaría que todos los nombrados, sin importar quién esté en el poder, tendrían que provenir del Polo “Democrático”. Es decir, este primer requisito demuestra las débiles credenciales democráticas de este partido.

Para cumplir con lo segundo, el personaje tendría que ubicarse en algunos de los siguientes casos. Primero, tendría que no haber tenido, nunca, nada que ver con el sector. Segundo, en caso de haber tenido alguna relación, tendría que haber tenido poco éxito (no haber ocupado ninguna presidencia, por ejemplo). Tercero, tendría que ser un desconocido para quien esté en el poder.

Sin embargo, la posibilidad de un nombramiento con esas características sería imposible, en un caso, e indeseable, en los otros. Imposible porque es natural que se nombren individuos con los que se tenga confianza y no a simples desconocidos. Más, si hablamos de un ámbito tan cerrado como el de la alta política. Indeseables porque nombrar a un fracasado o a quien no tenga ninguna experiencia en el sector aseguraría malas gestiones.

Muy bien. Pero,¿ Y la respuesta del Ministro Lizarralde? Pareciera que el presidente Santos hubiera llevado al extremo la condición de no nombrar amigos…y que estuviera gobernando con sus enemigos. Ha tomado tan malas decisiones que a veces es inconcebible. La grabación de la conversación del senador Robledo no solo es un terrible – y tonto – error político, sino que profundiza las suspicacias frente a Lizarralde. Pero lo más grave es que pone en duda tres principios básicos de cualquier sociedad libre: la libertad de expresión, el derecho a la intimidad y la garantía de estos principios por parte del Estado.

En consecuencia, de esta respuesta solo se puede esperar un golpe más al debilitado apoyo al gobierno Santos y la caída de Lizarralde.

Tenemos, entonces, por un lado, un partido político que ha hecho una tarea relevante de control político pero que la ha llevado al extremo y, por el otro, un gobierno con tendencia a cometer dos errores por cada decisión. ¿Cómo se puede solucionar esta situación?

Algunos, como Claudia López y Antanas Mockus, sentados en su trono de la sabiduría y de la superioridad, creen que la alternativa es nombrarse ellos mismos – y a sus amigos genios. Así, el país sería perfecto. Muchos creerán en esta alternativa. Sin embargo, después se desilusionarán porque olvidan tres hechos. Primero, no existe garantía alguna que los genios lo harán mejor que los demás seres humanos. Segundo, la toma de la política por académicos, genios, filósofos y demás también crea nuevos problemas: peleas de egos, largas disertaciones y debates sin definición de acción, inmovilidad en las decisiones, etc. Tercero, existen dos posibilidades: más tarde que temprano los genios adaptan las mismas prácticas que la clase política a la que remplazaron o, en caso de ser muy resistentes en su superioridad ética, terminarán por no hacer mucho.

¿No hay alternativa, entonces? Claro que sí: la construcción de una sociedad cuyo valor supremo sea la libertad. En tal sociedad, el Estado estaría limitado y tendría funciones enumeradas. Dentro de éstas, se incluirían la seguridad y la justicia, pero no se esperaría que el Estado fuera el proveedor de todo tipo de beneficios y mucho menos que fuera el creador de la riqueza. Así, las prácticas políticas (como nombrar amigos o personas que tengan intereses en sectores específicos) serían neutralizadas por lo que pueden y no pueden hacer los nombrados. El Estado dejaría de ser el creador de beneficios para grupos específicos.

A eso es que habría que apuntarle. Una sociedad no liberal manejada por políticos o por genios tiene los mismos resultados: obsesión – equivocada – con el control político por parte de unos pocos y respuesta cada vez menos democrática, más autoritaria del Estado.

Anuncios
Etiquetado , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: