Archivos Mensuales: diciembre 2013

El caso Petro: tareas pendientes en Colombia

La decisión del Procurador General, Alejandro Ordoñez, de destituir e inhabilitar al Alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, demuestra muchas de las tareas pendientes – y urgentes – que tenemos en Colombia para avanzar en el eterno proceso de construcción de sociedad.  

Primero,  se hizo evidente la necesidad de delimitar y de definir las funciones del Estado y de sus órganos. No solo es la falta de claridad sobre si el Procurador se extralimitó en sus funciones. Tampoco son claros los casos en los que un representante elegido en las urnas puede ser destituido por un ente de control o por una decisión judicial. Mucho menos está definida la delgada línea entre el acatamiento de una sentencia y la posibilidad de manifestar su desacuerdo por parte del funcionario afectado. Ni qué hablar de la potestad que tiene un funcionario elegido de convocar a manifestaciones públicas para ser defendido por las mayorías o del uso que se le puede dar a los canales de televisión locales financiados con recursos públicos y cuya autonomía editorial no está clara.

Todo esto se evidenció en este caso, pero existen muchos otros en los que no están definidas ni las funciones, ni los alcances que tienen los órganos del Estado. De hecho, cada vez que existe una decisión sobre el desempeño de algún funcionario se crea un profundo debate entre juristas del país sobre las normas que permiten o no la ejecución de tal decisión.

Por lo anterior, el país está en mora de establecer funciones definidas, claras, transparentes que establezcan lo que se puede o no hacer y las actuaciones tanto de los funcionarios como de los órganos que representan. Y esto, déjenme decirles, es otra forma de decir que necesitamos de manera urgente un proceso de limitación del Estado.

Precisamente, la incertidumbre que existe sobre este aspecto dio lugar a las suspicacias que, en este caso, llevaron al escalamiento del movimiento ciudadano en defensa del Alcalde Petro. Por ello, es que la decisión se ha considerado como un ataque de la “extrema-derecha” o como un ejemplo de la supuesta falta de democracia en el país. Siempre que se toma una decisión judicial o disciplinaria algún grupo o conjunto de grupos sociales se siente excluido o perseguido.

Esto último, a su vez, demuestra un segundo aspecto faltante en Colombia. Éste tiene que ver con la definición de los principios generales, de las reglas básicas sobre las cuales nos podemos construir como sociedad y que facilitan el control de la violencia y la consecución del bienestar.

En general, esta tarea se ha reducido a la supuesta necesidad de definir un objetivo común; a la construcción de nación. Sin embargo, esta forma de abordar el tema es equivocada, como lo demostró Friedrich Hayek en su obra Derecho, Legislación y Libertad. No existen objetivos comunes a toda la sociedad. Cada individuo define sus propios objetivos y, para alcanzarlos, coopera con sus semejantes a través de la creación de organizaciones. Pero no existe posibilidad de que todas las organizaciones compartan los mismos fines.

En consecuencia, lo único que se puede hacer es tratar de verbalizar las reglas generales a través de las cuales esos individuos y sus organizaciones han interactuado en la sociedad. En esta tarea pendiente no es necesaria la creación de esas reglas, sino simplemente el reconocimiento de las prácticas sociales ya existentes y que han servido para mantener, así sea de manera muy frágil, nuestra sociedad.

Las dos anteriores tareas pendientes plantean otro desafío. Nuestros legisladores se han dedicado a producir normas para regular todos los aspectos de la vida individual y social, pero no han cumplido las tareas que les dan su razón de ser a los órganos legislativos.

Por un lado, en Colombia contamos con regulaciones (leyes, las llaman) que afectan las decisiones económicas, la creación de organizaciones, los bienes que se consumen, la discriminación, las bebidas alcohólicas, el cigarrillo…Escojan ustedes el tema y encontrarán alguna disposición “legal”. Por otro lado, no obstante, no contamos con transparencia ni claridad sobre cuáles son los principios generales que nos permiten vivir en sociedad ni, mucho menos, sobre los límites que tiene el Estado y sus funcionarios.

¡El mundo al revés! Nuestros legisladores se han dedicado a regular nuestra vida en todos los aspectos pero han dejado de lado la limitación del poder estatal.   

Tal vez todo lo anterior se deba a la última tarea pendiente a la que quiero hacer referencia. Colombia sigue siendo una sociedad corporativista. No tenemos una noción de sociedad incluyente porque despreciamos la noción de individuo. Nos hemos quedado, como lo hacen las sociedades no evolucionadas, en la existencia de grupos que buscan controlar el poder para beneficiar a sus propios miembros. A los demás, los eliminan. Y, ojo, esto no lo hace únicamente la “extrema-derecha”. La Alcaldía de Petro se ha presentado como una reivindicación de algunos sectores sociales en contradicción con otros y no como al servicio de todos. En el mismo sentido, las movilizaciones que han salido en su defensa se presentan en oposición a quiénes consideran son sus enemigos.

Con todo lo dicho, el caso de Petro, termine como termine, no es tan negativo como se ha percibido. Creo que estamos en una coyuntura privilegiada en la que se han hecho evidentes las tareas que tenemos pendientes como sociedad. Y existen mecanismos para adelantarlas. No se trata, como han pretendido algunos, de nombrar, en las próximas elecciones, personas que se consideran superiores moral o intelectualmente, sino a quiénes demuestren la capacidad de cumplir con las tareas que se requieren.

No se trata, entonces, de crear una sociedad perfecta a través de la ley, sino de utilizar la ley para lo que realmente sirve. Los ciudadanos tenemos que responsabilizarnos por el importante papel que jugamos en ese proceso y dejar de creer en la existencia de fórmulas mágicas sobre lo que es la sociedad. No podemos darnos el lujo de perder esta oportunidad: tal desperdicio del voto es lo que han demostrado los ciudadanos bogotanos en las últimas tres elecciones.

COMENTARIO ADICIONAL. Lo que he descrito hoy se demuestra en todo. ¿No les parece paradójico, por decir lo menos, que ahora la izquierda colombiana, tradicionalmente anti-estadounidense y nacionalista, saludó con entusiasmo las declaraciones del nuevo embajador de Estados Unidos en el país? Y los uribistas, en un arrebato de anti-americanismo nunca antes visto, las rechazaron.

COMENTARIO ADICIONAL II. En el mismo sentido se explican las preocupaciones por la investigación en curso en contra de Iván Cepeda. No se confía en las decisiones judiciales o disciplinarias porque no existe claridad en los límites del Estado ni en sus funciones.

COMENTARIO ADICIONAL III. No hay que sorprenderse tanto por la preocupación expresada por Naciones Unidas u ONG como Human Rights Watch: es natural; es su razón de ser. Siempre están tratando de buscar funciones para persistir en el tiempo.

COMENTARIO ADICIONAL IV. No crean que olvidé mi compromiso de profundizar en la discusión del tema educativo. En eso he trabajado toda la semana y espero publicar muy pronto la primera entrega.

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PISA y Educación: algunos puntos para comenzar el debate

La noticia de esta semana definitivamente fueron los resultados de Colombia en las pruebas PISA (Program for International Student Assessment)Los pésimos resultados han desatado un fuerte debate nacional.

Con esa capacidad a la auto-crítica que tenemos en el país, se han perdido de vista varios aspectos que no son del todo negativos. Primero, el debate mismo. El hecho que el tema haya generado tanta preocupación demuestra que todavía tenemos alguna habilidad para discernir entre lo importante de lo urgente – o de lo anecdótico. Segundo, el debate no se está dando solo en Colombia. En Estados Unidos, Francia y España los resultados también han generado preocupación. Tercero, no se debe olvidar que estamos muy mal ubicados en un grupo de países que han decidido, unilateralmente, participar. Muchos otros de América Latina, por ejemplo, ni siquiera se atreven a exponer a sus estudiantes a las pruebas.

No obstante, los puntos dos y tres que acabo de mencionar pueden sonar a – y, en efecto son, puras – patadas de ahogado. La verdad es que no importa cuántos sean ni si el problema no es solo para Colombia. Al país le fue muy, muy mal en las pruebas, lo que demuestra, no que nuestros jóvenes, que ya casi llegan a la universidad, tengan pocos conocimientos, sino que con los que cuentan no les sirven para resolver problemas prácticos. Es decir, para enfrentarse a la vida. Por ello, no cuentan con herramientas suficientes para ser exitosos en el futuro.

Con algo tan grave en mente, sin embargo, el debate que se está presentando no le da la talla a los problemas evidenciados. Además de nuestra capacidad de auto-crítica (molesta por lo excesiva, pero necesaria) se ve afectada por la forma como, en general, abordamos los debates.

Primero, todo ha quedado en buscar culpables específicos. Unos han culpado a los profesores, quienes ya se han defendido y acusado a los estudiantes. Seguramente como éstos no tendrán ni idea de cómo les fue (nuestros jóvenes no se caracterizan por su interés por la actualidad política ni por su interés por…algo), la cadena de culpas se diluirá en el tiempo.

Por otro lado, algunos han pedido la cabeza de la actual ministra de educación. Otros han pedido, además, la de la ministra del gobierno Uribe. Asumamos que las obtengan: ¿con eso ya se soluciona el problema? No es posible que haya alguien que crea que el resultado se debe a que la ministra de turno haga bien o mal su trabajo, que es político, en Bogotá.

Pero como así se piensa, esto refleja un problema más profundo que, además, afecta casi todos los debates sobre asuntos públicos en el país. Éste tiene que ver con que se presume que el desempeño de la sociedad (en su economía, en su ética, en los servicios que se proveen o, claro está, en la calidad de su educación) resulta de la planeación, coordinación y diseño que se haga desde el gobierno.

Y esta idea es completamente equivocada. La educación, así como la mayoría de fenómenos sociales, es un sistema complejo, producto de la interacción entre los individuos, su capacidad de organización y la estructura de incentivos – formales e informales – existentes.

El no reconocer lo anterior lleva a una simplificación exagerada de las cuestiones a debatir que, paradójicamente, resultan en la complejidad excesiva de su verdadera naturaleza. Ejemplos de esto último son los enfoques que se le han dado a la cuestión de los malos resultados y que se han concentrado únicamente en pensar que la solución será el incremento de la financiación estatal a la educación pública o, como he visto en redes sociales, al cambio del modelo “neoliberal” que supuestamente existe en el país.

Me explico. En Colombia (como en otros países) no aceptamos que el sistema educativo sea resultado de muchos factores que no podemos controlar de manera directa, sino que resulta de la interacción entre miles y miles de individuos. Así, los problemas del sistema educativo que tenemos son resultado de miles de estudiantes, de sus familias, de los profesores, del entorno en el que se encuentran, de los valores que ellos tienen, de sus prioridades, de sus planes, entre muchos otros factores. A su vez, todo lo anterior tiene relación directa con el entorno social que condiciona esos planes, los modelos mentales que se crean y de las necesidades que tienen percepciones específicas sobre cómo puede ser alcanzadas o satisfechas.

Por lo anterior, la única forma de mejorar el sistema educativo existente es a través de su mayor descentralización. Dicho de otra manera, a través de su liberalización. En la recepción que esta simple afirmación tiene demuestra que no se pueden concebir soluciones aparentemente simples. Preferimos grandes planes, con miles de metas, que deban ser ejecutados por pesados ministerios para tener a quién culpar por nuestra incapacidad de lograr nuestros propios objetivos.

Como lo que acabo de afirmar es considerado casi un sacrilegio en diferentes ámbitos y como un despropósito o una propuesta ignorante, en otros, se debe profundizar en ella. Proponer que la solución al problema de la educación solo se logra a través de su liberalización no es bien recibido por las mayorías.

Sin embargo, es la única solución, además de lo dicho, por la naturaleza misma del servicio del que estamos hablando. La educación no es un bien público, aunque sea algo deseable. No es un bien público porque no cumple sus características (no es rival ni excluyente). Por lo tanto, la mejor forma de su provisión es a través del mercado. Es más, ésta es la única forma de mejorar su calidad.

Pero esto es impensable, irrealizable. Nadie va a proponer, mucho menos aceptar, que el Estado deje de intervenir en un sector que se considera estratégico. Con esta realidad, es necesario, sin embargo, introducir el componente de competencia en el sistema educativo. Un sistema de vouchers como el propuesto desde hace décadas por Milton Friedman es la mejor solución, demostrada por diferentes sistemas educativos en el mundo.

Para lo demás, lamento decirles que no existe mayor cosa para hacer. Como demostró F.A. Hayek hace muchos años, los sistemas sociales complejos no pueden ser alterados ni diseñados para alcanzar fines previamente definidos porque no tenemos, como humanos, la capacidad para hacerlo. Sobre lo demás, trataré de volver en próximos comentarios adicionales semanales. Estoy leyendo juiciosamente los volúmenes del informe PISA y mirando la base de datos que proveen para contrastar lo mucho que se ha dicho hasta el momento con lo que se propone.

Por lo pronto, ojalá la próxima semana a Álvaro Uribe no se le ocurra decir otra bobada más, ni que Juan Manuel Santos decida salir haciendo otra payasada o que las FARC hagan otra de sus absurdas propuestas porque podríamos perder lo poco que hemos avanzado en un debate que sí es importante para el país y del cual, ojalá, salgan resultados reales y no contentarnos con una renuncia más de una ministra a la que seguramente le hubiera ido muy mal en PISA, así como a los senadores que tanto le exigen.

COMENTARIO ADICIONAL. De lo que he avanzado, ¿sabían que el país sí mejoró en su desempeño en todas las áreas? Mejoramos el promedio en matemáticas en 1,1 puntos, el de lectura en 3,0 y el de ciencias en 1,8. Así que el problema es que los demás países de la prueba están haciendo las cosas mejor que nosotros.

COMENTARIO ADICIONAL II. Otro hallazgo: ¿sabían que Colombia es uno de los países que mejor paga a sus profesores, como porcentaje del PIB, de la muestra?

COMENTARIO ADICIONAL III. Trataré de sistematizar toda la información y publicar, cuando la tenga, varios comentarios sobre ello.

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Historia del PIB mundial

Historia del PIB mundial

¿El milagro chino? No. Es la recuperación normal del lugar que desde siempre había ocupado. Lo que se debe estudiar de China es por qué perdió el lugar que, casi por naturaleza, tenía. India no ha podido recuperarlo. ¿Por qué? Además, interesante cómo Estados Unidos aparece, como de la nada, desde el siglo XIX. ¿Por qué? En los tres casos, la respuesta es una: factores institucionales que fomentan una mayor o menos libertad. Entre mayor libertad, se puede esperar una mayor creación de riqueza, en términos absolutos y relativos. ¿Y los países europeos? Bien, gracias.

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Diez hechos para el No-Gracias (Es decir, para no agradecer)

Al parecer ahora celebramos el día de acción de gracias también en Colombia. Pues bien, para no quedarme atrás decidí participar desde este espacio. Sin embargo, como mis comentarios no se caracterizan – infortunadamente – por el optimismo, decidí hablar de lo que no agradezco. Además, como ahora están tan de moda los conteos, me aventuré a hacer el mío.

Acá están los diez hechos por las cuales no se puede dar gracias en lo local (Bogotá), lo nacional y lo internacional. Comienzo por lo local.

  1. El cambio climático y Gustavo Petro. Desde que el Alcalde de Bogotá encontró que con este tema podría tener un respiro de su pésimo mandato, por lo menos fuera del país, la situación se empeoró para la ciudad: ahora es intocable no solo porque es la paz hecha hombre, sino que si lo tumban, estaremos destinados a una catástrofe ambiental.
  2. Los escándalos del Polo.  El Partido político cuyos líderes posan de adalides de la moral, se equivoca cada vez más. Respaldaron la corrupta administración de Samuel Moreno y ahora a Clara López, cuyo esposo está involucrado en el escándalo. No solo eso: ella fue una funcionaria activa, muy cercana a Samuel Moreno, durante toda su Alcaldía: ¿Para la izquierda tampoco aplica la responsabilidad política?
  3. Las próximas elecciones. Así se una o no la izquierda, se presente o no Clara López, este no es el peor problema para el país. Las próximas elecciones, al parecer, se definirán a partir de quién puede ofrecer más Estado. Ningún debate se ha dado en torno a los límites en las funciones del Estado. Por el contrario.
  4. Las peleas de las entidades de control. No encuentro los adjetivos suficientes (vergonzoso, inadmisible, criticable, condenable) para describir el molesto enfrentamiento entre los líderes de las “ías” (Contraloría, Procuraduría y Fiscalía). No han cumplido con sus  – poco claras – funciones por andar buscando protagonismo y llevar sus problemas personales a la agenda pública.
  5. La visión de los ciudadanos sobre para qué es el Estado. Los dos puntos anteriores, como lo he dicho en varios comentarios, se deben a la visión que tenemos los ciudadanos sobre las funciones del Estado. En Colombia nos creímos el cuento del Estado como un padre y hacemos énfasis en que debe proveernos de todo. La última versión son las manifestaciones en contra de la reforma a la salud que se resume en dos críticas, absurdas: la salud es un derecho (que no lo es) y, por lo tanto, su provisión debe ser ilimitada y “gratuita”. Entre otras, lo que los críticos no se cuestionan es: ¿quién paga?
  6. La eterna discusión sobre las cifras. Lo anterior se debe, en gran parte, a que a los medios solo llegan las opiniones de algunos, que entienden las cifras desde sus modelos mentales fatalistas y conducentes al estatismo. Si las cifras son negativas, creen que están viendo en desarrollo sus escenarios catastróficos. Si no, las ponen en duda.
  7. La “movilicitis”. Creo que lo que no se debe agradecer en este punto es la palabra que me inventé. Pero lo que quiero decir con ella es que la sociedad colombiana se obsesionó con las marchas, las movilizaciones, los paros y demás. La cosa ya es casi enfermiza. Hay marchas para todo, casi todos los días. Lástima que todas estas movilizaciones sean para exigir menos libertad y no más.
  8. El tema de Nicaragua. Lo que está sucediendo con Nicaragua, la segunda demanda contra Colombia, demuestra varias cosas. La primera, preocupante, es que el Estado colombiano no es capaz de cumplir, ni siquiera, con las funciones en las que todos estamos de acuerdo. Pero también demuestra que es necesario actuar, con una estrategia política, ante el hostil vecindario en el que se encuentra el país. Comparto la visión de analistas, como Laura Gil, sobre la necesidad de negociar para este caso puntual. Pero creo que la discusión se está quedando en el ámbito jurídico, sin tener en cuenta que en el ámbito internacional eso no es lo que más importa.  
  9. Lo que muestra el acuerdo con Irán. No sé si agradecer, pero sí debe apoyarse el acuerdo alcanzado con Irán. Ésta es una buena noticia para el mundo porque disminuye las posibilidades de una guerra y, además, frena las intenciones bélicas – molestas, insoportables – del gobierno de los Estados Unidos. No obstante, también muestra la incapacidad de regímenes, como el iraní, para cumplir con sus promesas domésticas. Por ello, siempre recurren al chantaje internacional para tapar su incapacidad y, de paso, parecer interesados por la paz. Lo peor de todo es que muchos les creen.
  10. Lo dicho por el Papa. Nunca he abordado el tema del Papa. No me interesa. No obstante, esta semana, al criticar el capitalismo, la ambición y el individualismo (es decir, lo que todos critican. Nada nuevo) se demostró, una vez más, que la iglesia es lo más anti-natural, anti-ser humano que puede existir. Como el socialismo. Lo paradójico es que por ello persisten: se basan en creencias que no se pueden comprobar, alimentan a los individuos de esperanzas que nunca se sabe si se cumplirán y, en el entre tanto, alimentan su poder de discursos vacíos y de la generación de temor en sus seguidores.

En resumen, no hay nada para agradecer en relación con el Estado. A pesar de todo ello, la persistencia de espacios para el crecimiento individual y la existencia de individuos que los aprovechen para perseguir sus intereses: esto es por lo que se debe agradecer siempre. La individualidad, la existencia de la libertad es por lo que realmente se debe estar agradecido.

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