Archivos Mensuales: enero 2014

Debates perdidos

No sé qué será. Tal vez sea el hecho que en un mismo día pueden sucederse tres o cuatro noticias relevantes en el país. Tal vez sea el parroquialismo colombiano, esa actitud de desinterés por lo que sucede en el entorno global, complementada por la creencia, equivocada, de que somos el país más importante – por lo bueno y por lo malo – del mundo. No sé qué será pero existe evidencia para mostrar que en el país ignoramos muchos de los aspectos de los que podríamos observar en el resto del mundo para evitar cometer errores o, por lo menos, para no generarnos falsas expectativas.

No estoy hablando de la situación caótica, no anticipada, en la que nos encontramos debido a la destitución (que no es destitución pero que podría serlo aunque no se sabe si lo será) de Gustavo Petro. Tampoco hablo del ejemplo que tenemos en Venezuela y Argentina de los efectos de adoptar los modelos equivocados que todo lo prometen y que todo lo destruyen.

A lo que hago referencia es a un hecho más simple. Esta semana, dos reconocidos economistas estadounidenses, William Easterly y Jeffrey Sachs, tuvieron su enésimo intercambio sobre el tema que los ha enfrentado por muchos años: la efectividad de la cooperación internacional. Lo interesante de este intercambio es que, al final, ambos contradictores han llegado al mismo punto, defendido por Easterly desde el principio: la cooperación internacional no genera desarrollo, ni crecimiento. A lo sumo puede generar algunos resultados positivos en ciertos casos, en temas puntuales, enmarcada en circunstancias específicas.

Mientras esto sucede en el mundo, en Colombia, como si nada, el presidente del Senado, Juan Fernando Cristo, propone una novedosa iniciativa: ¡un Plan Colombia II! Lo peor es que la expone en Estados Unidos, país donde ha tenido lugar el intercambio que les mencioné.

La propuesta no sería criticable si, en su esencia, no partiera del supuesto del que parte y que se resume en que la cooperación internacional es la mejor forma para generar desarrollo. Cristo considera que un nuevo Plan Colombia es necesario para ayudar en el proceso de consolidación del Estado, en el posconflicto y en el crecimiento de las regiones más pobres del país. Lo ridículo del caso no es solo que esté tan equivocado sino que lo esté, teniendo a su disposición todo lo que se ha escrito sobre el tema y que, como les dije, esta misma semana se movió hacia un consenso que antes nunca se había dado.

Pero además de esto, la propuesta del senador no puede ser bien recibida en Colombia por muchas razones. Primero, porque desconoce las molestias que el Plan Colombia en su primera versión generó en el país y que seguro resurgirán en cualquier versión que se impulse. Mucho se discutió sobre la subordinación a los Estados Unidos y sobre la incapacidad del gobierno colombiano para definir los usos de los recursos.

Ahora, si me dicen que esta vez no habrá problema porque este plan está pensado en los temas “sociales”, pues eso demostraría que somos un país de hipócritas y de oportunistas (segunda razón), como lo es el senador Cristo. El problema no era, entonces, que hubiera una subordinación del país a los Estados Unidos sino que los recursos se gastaran en lo que las “mayorías” no esperaban.

Y esto lleva a la tercera razón. El Plan Colombia original fue criticado por su énfasis en lo militar. Tal vez, si el énfasis está en lo “social” servirá para generar crecimiento o desarrollo. Además de falsa, esta idea desconoce el hecho que los recursos seguirán siendo invertidos según los intereses estadounidenses. En el mismo sentido, desconoce que no estamos hablando de cualquier país, sino de Colombia, en donde un día sí y el otro también escuchamos escándalos de corrupción. ¿Quieren ponerles más recursos a disposición de los corruptos?

Un punto adicional es que exigir más cooperación es desconocer que Colombia ya no es el mismo país, de ingresos bajos y de bajo crecimiento, de hace algunos años. Yo sé que es muy difícil creer que las cosas están mejorando porque es mejor quejarse, como nos gusta, y pensar que todo es desastroso. Pero las cosas han cambiado, aunque de manera lenta. Eso lo demuestran no solo las cifras sino aspectos cotidianos como el consumo de proteínas, el acceso a bienes y servicios, entre otros.

Que falta mucho, replicarán algunos. Es cierto. Pero eso no quiere decir que podamos, a través de una fórmula mágica acelerar la inclusión de los más desfavorecidos o eliminar de un tajo la pobreza y la miseria en el país. Para hacerlo necesitamos responsabilizarnos por nuestro destino y éste es otro elemento que afectaría un Plan Colombia II (cuarta razón). Cuando se propuso el primero, les dimos la responsabilidad a los gringos (como de manera despectiva nos referimos a los que, cuando nos conviene, llamamos nuestros principales aliados) del manejo y definición de nuestro conflicto armado y del tema de las drogas. ¿Ahora también los vamos a responsabilizar por eliminar la pobreza y por generar desarrollo? Eso sí ya es el descaro absoluto.

La última razón que encuentro es que apoyar esta iniciativa plantearía un retroceso en la construcción de la identidad del país en el ámbito internacional. Es cierto que Colombia no es ningún líder en ningún lado, como pretendía el presidente Juan Manuel Santos. Pero lo que sí es cierto es que hemos dejado de lado la actitud de “pasar el sombrero”, de mendigar recursos por todo el mundo que tuvimos hasta finales del primer gobierno de Álvaro Uribe Vélez.

Que nos vean en el mundo como iguales, que podemos competir en igualdad de condiciones, por ejemplo, puede ser molesto para algunos (como los proteccionistas), pero ésta es la fuente de otros logros como los incrementos en la inversión extranjera, la eliminación de visas (que también les molesta a algunos, pero que beneficia a tantos), la puesta en marcha de acuerdos comerciales (que tantos detestan pero que mostrarán sus beneficios en el largo plazo), entre otros.

Por todo lo anterior, el senador Cristo debería haber pensado mejor su propuesta y haberse limitado a callar que se le da tan bien. En el entretanto, ésta pasó de agache entre los avisos de tutelas que benefician al alcalde Petro y la noticia de profundas implicaciones políticas, económicas y sociales que capturó la atención del país por estos días: la lesión de Falcao. Ojalá que la falta de atención también signifique su pronto olvido.

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¡A la hoguera! (Y no lo dice el Procurador)

Inadmisibles, odiosas, ignorantes, desagradables. Éstos son algunos de los adjetivos que se me ocurren para calificar las declaraciones de la señora María Luisa Piraquive en el video que esta semana se conoció en Colombia y en el que la líder de una de las muchas iglesias cristianas del país explica su posición frente a la posibilidad de que un “discapacitado” se convierta en pastor de su iglesia.

Es inaudito que aún persistan visiones tan ignorantes sobre los individuos que se consideran diferentes. Lo que me parece esperanzador es que casi nadie ha salido en su defensa. Al contrario, el video apareció – y comenzó a circular – de manera espontánea, lo que demuestra la indignación que esas palabras causaron en gran parte de la población. Tanto es así que el tema se convirtió en uno de interés nacional.  

Sin embargo, esta indignación, como suele suceder en Colombia, pasó a ser rápidamente un llamado a la acción de las autoridades. Nos hemos acostumbrado a que, ante cada hecho con el que las mayorías estén en desacuerdo o que les moleste, se debe resolver con la intervención del Estado. No me quiero imaginar si aún existieran los castigos físicos como las hogueras, las horcas o la guillotina lo ocupadas que estarían por estos días.  

Pero no. Ahora existe la famosa ley anti-discriminación. Tan pronto el video llegó a los medios, comenzó a pedirse su aplicación. Tal vez porque eso no es posible o por la dificultad de demostrar el hecho, muy rápidamente la venganza se centró en la investigación de los manejos financieros que la familia Piraquive le ha dado a sus bienes y a su empresa, la Iglesia cuyo nombre es mejor no aprenderse.

¿No deben rechazarse las declaraciones de esta ignorante líder cristiana? ¡Claro está! Y eso es lo que ha hecho una gran parte de la población. En consecuencia, lo que se puede esperar es que algunos de sus seguidores actuales y muchos de los potenciales, decidan irse a otra empresa…perdón, iglesia. No hay peor sanción para esta señora que la generada por el fracaso de su fuente de ingresos y de expresión de odio. 

Lo que sucede es que esa sanción depende de la decisión de las personas y no del Estado. Recién promulgada la ley anti-discriminación la critiqué por diversas razones. Una de ellas es el hecho de que el Estado no puede eliminar las acciones que sean consideradas censurables por las mayorías. Para eso están los individuos y su capacidad de decidir.

No todo lo que no nos guste que hagan los individuos puede ser objeto de cárcel o de persecución por parte del Estado. ¿Y si la Iglesia no desaparece? Pues eso también depende de los individuos. Si muchos de ellos creen ciegamente en lo que semejante personaje les dice, no hay nada qué hacer. El Estado no puede obligarlos a pensar diferente. Ojo, esto es importante. ¿Acaso ésa no es una de las principales críticas a la labor que ha adelantado el Procurador? Si no nos gusta lo que Alejandro Ordoñez ha tratado de hacer al imponer su visión de lo correcto o moral, no podemos hacerlo a los demás.

En el mismo sentido, está el tema de la responsabilidad. Cada individuo es responsable de las decisiones que toma y de las cosas en las que cree. Si éstas son tan tontas como las expresadas por esta señora Piraquive, seguramente serán objeto de sanción moral. Pero ésta no tiene que ser por medios legales.

Como decía, la persecución se está dando también en el plano financiero. ¿Es la familia Piraquive lavadora de activos, ladrona o evasora de impuestos? Eso no lo sabemos en este momento. Para afirmarlo tenemos que esperar al resultado de los procesos en curso.

Por ahora, lo que quiero discutir es lo siguiente. Recuerdo que alguna vez, hace muchos años, salió publicado un informe en la desaparecida revista Cambio en el que se cuestionaba la oscuridad sobre los manejos financieros de esta iglesia. ¿Nunca las autoridades tuvieron en cuenta esas denuncias? Porque lo que resulta preocupante en este caso no es si ella ha cometido delitos o lo absolutamente ignorante que es, sino la gran ineficiencia de nuestro Estado.

Tenemos que esperar a que existan escándalos de personas específicas para que el Estado decida cumplir su función de ejercer justicia. En este sentido, además de ineficiente, nuestro Estado funciona como un showman: a partir de los aplausos. Si una causa es popular, la investiga. Si no, la deja en el olvido. ¿Es a este Estado al que las mayorías pretenden darle el poder de sancionar a los que discriminan? No puedo entender esa elección.

Me parece muy bien que la investigación se haya iniciado. Ojalá ésta continúe y nos permita saber si, además de ignorantes y discriminadores, la familia Piraquive está conformada por delincuentes. En el entretanto, los colombianos tenemos que dejar de actuar sin pensar en las consecuencias de nuestros actos. Por defender los derechos, se le otorgaron funciones casi ilimitadas a la Procuraduría y miren en la situación en la que nos encontramos en Bogotá hoy, como resultado de haber puesto esa organización en las manos equivocadas.

Siempre existirán personas que nos desagraden por su forma de ser, de actuar o por sus ideas. Pero no porque no nos gusten a las mayorías, podemos actuar como si aún viviéramos en la época de la cacería de brujas. Las hogueras, la persecución, la venganza y el odio dejémoselos a personajes como el procurador y la señora Piraquive. El resto de los individuos, que aún tienen la capacidad de indignarse por todo lo malo que ellos representan, no puede caer en sus mismos métodos para sancionar a los que afectan la vida en sociedad. Una sociedad liberal se reconoce por la existencia de todo tipo de personas e ideas, incluso por los que tienen ideas que nos desagradan. Tratar de silenciarlos, incluido el uso de leyes políticamente correctas, es una forma de darles una victoria, tal vez no como personas, sino a las ideas que representan.

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