Archivos Mensuales: febrero 2014

Fantasías útiles

La semana pasada Colombia fue sorprendida con la noticia de un atentado en contra de la candidata Aída Abello, reconocida líder de la izquierda democrática y cuya historia está marcada por la persecución, hasta el punto que tuvo que abandonar el país luego de otro atentado en su contra a mediados de los años 90. Tal vez precisamente esa historia llevó a que la noticia generara tal impacto. Editoriales y análisis se apresuraron a condenar el atentado.

En un primer momento, se pensó lo obvio: las fuerzas de la extrema derecha volvieron a ensañarse en contra de la candidata. Como en el pasado. Ella misma confirmó que éstas eran sus sospechas en declaraciones a los medios.

A pesar de lo anterior, lo realmente sorprendente es que no haya generado el mismo impacto la noticia – también sorpresiva – de que el atentado no fue adelantado por grupos de derecha, sino por la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), como este mismo grupo lo reconoció.   

El uso de la violencia en medio de la campaña política es condenable. Por ello, es comprensible la alarma que generó el atentado. También, es comprensible que (casi) nadie les haya creído a las autoridades cuando éstas afirmaron que el atentado había sido cometido por el grupo guerrillero que finalmente aceptó los hechos. Por un lado, siempre existen temores a que la historia se repita. Por el otro, nuestras autoridades no se han ganado la confianza como resultado de los muchos excesos en los que han incurrido.

Sin embargo, éstas tenían razón. ¿Y la respuesta? Hasta el momento de escribir estas líneas: ninguna. Nadie ha aparecido con una editorial en la que se reconozca el error. La candidata no ha concedido una nueva entrevista (por lo menos en los medios en Internet) para retirar lo dicho en la anterior. Nadie ha aceptado el error de comprensión del atentado.

No quiero dedicar estas líneas a criticar tal posición. Así es. Así ha sido. Así seguirá siendo. Pero lo que sí quiero es tratar de comprenderla. Me parece que esta actitud es la esencia misma de la supervivencia política de las posturas estatistas (y no solo de izquierda): la promoción del terror, de los escenarios apocalípticos, así sean estos meras fantasías. A su vez, ¿qué puede explicar la necesidad de recurrir a esta estrategia? La incapacidad que tiene cualquiera de esas ideologías de sustentar, a través de la lógica y de la deducción (no de ejemplos puntuales, de cifras o de casos extremos), sus posturas. A falta del uso de la razón, apelan a argumentos metafísicos.

No digo que ésta sea una estrategia deliberada. Puede que no. Pero es necesaria. Los estatistas no pueden reconocer que, en este caso, Colombia no es el mismo país de hace diez, veinte o treinta años. Lo único que pueden creer es en un país que, siempre, va hacia una situación peor. Por eso, según sus planteamientos, es necesario un cambio de sistema, de modelo. Esto lleva, en el caso de algunos estatistas, como los del Uribismo, a caer en la contradicción de que, a pesar de haber tenido ocho años en el poder, consideran que la situación empeoró desde el día uno del gobierno de Juan Manuel Santos.

Del lado de la izquierda, la posición es un poco más sencilla porque nunca han tenido el poder. Y cuando lo tienen, como en las sucesivas alcaldías de Bogotá, justifican los desastres como resultado del desviacionismo de Lucho, de la corrupción de Moreno o de la fantasiosa persecución a Petro.

Reitero que comprendo que la candidata Abello se haya apresurado a buscar culpables, basada en su experiencia. Pero es criticable que se hayan dejado llevar sus seguidores que, además, han permanecido en el país, a diferencia de su líder. ¿No se han dado cuenta que, a diferencia de los 80 y 90, las extremas están haciendo política desde la legalidad? ¿No les causó curiosidad, por lo menos, que haya un atentado, precisamente, contra Aída Abello, una candidata más, mientras que no lo ha habido contra figuras más importantes de la izquierda radical en el país?

Ahora bien, el hecho que no hayan pedido excusas o reconocido su error de interpretación tampoco se debe, creo yo, a una decisión deliberada, sino, más bien, a la creencia real que tienen en las ideas metafísicas, en las teorías de la conspiración. ¿No es más impactante rechazar el atentado porque lo ejerció una mano negra, fuerzas oscuras o algo semejante a rechazarlo por el error cometido por una guerrilla que, además, les genera simpatía por las ideas que ésta defiende?

La construcción de mártires es un proceso que les ha funcionado muy bien a las religiones. El estatismo, al ser una doctrina cuyas lógicas la ubican en la categoría de una religión más, también requiere de ello. Lo lamentable es que, para ponerlo de manera coloquial, el que pega primero, pega dos veces. Ya sabemos que el atentado lo adelantó la guerrilla. Esto demuestra, una vez más, la necesidad urgente de desmovilizar estos grupos ilegales. Sin embargo, no es esto lo que se está discutiendo, sino que la sola denuncia del atentado borró todo lo avanzado en el país en los últimos años y se está concentrando, una vez más, en la necesidad de cambiar de rumbo. La realidad dista mucho de las fantasías creadas, pero éstas es difícil desmontarlas.

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Palabras no son soluciones

Esta semana, al leer sobre los resultados de la Cumbre de la CELAC que tuvo lugar en Cuba, me acordé de una advertencia que les hago a mis estudiantes cuando deben entregar un ensayo para alguno de mis cursos: No porque repitan mucho una idea, quiere decir que la estén demostrando. En el proceso de aprendizaje se cae mucho en este error. Algunos estudiantes creen que porque hacen una afirmación en la introducción, luego la repiten en el cuerpo del ensayo y, al final, la incluyen como conclusión, quiere decir que esa idea ya está demostrada.

Pues bien, me acordé de esa advertencia porque la misma se debe extrapolar al quehacer de la política, más si hablamos de la decisión de actuar frente a hechos que se consideran problemáticos y que se han incluido en la agenda pública.

Con esto quiero decir varias cosas. Primero, que repetir una misma idea o un asunto problemático no es igual a solucionarlo. Segundo, que es necesario demostrar no solo la existencia del asunto, sino hacer conocer su dinámica, incluidas las razones y cómo se manifiesta. Tercero, que, para hablar de solucionarlo, no bastan las menciones al problema ni los diagnósticos, sino que se deben identificar las formas viables de solución de manera explícita.

No obstante, en la vida política, así como en mis cursos, muchas veces no se pasa de la repetición que se considera demostración. 

Fíjense que no voy a enfocarme en la tendencia, tan reiterativa en los políticos, de elegir un término, vaciarlo de contenido y de significado, y utilizarlo para referirse a todo lo contrario que significa. En la Cumbre esto es evidente en, entre otras, la supuesta defensa de la democracia que se hace nada más ni nada menos que desde Cuba y cuya referencia fue incluida en la Declaración final de la Cumbre por el Estado cubano.  

De lo que hablo es de algo más sencillo, más común y, por lo mismo, más dañino para la acción estatal y la solución de los problemas que se consideran públicos. El mejor ejemplo que se me ocurre es el de la pobreza. Estamos de acuerdo en que es un problema y hasta podemos conocer sus causas y su dinámica. Sin embargo, en la práctica, los estados repiten constantemente el lema de “tenemos que acabar (luchar contra, extinguir) la pobreza”. Para ello, se crean organismos en cuyo nombre no puede faltar el estribillo “de lucha contra la pobreza”. Y, en últimas, no se soluciona en nada el fenómeno. Lo dicho: no por decirlo muchas veces, se demuestra…o se soluciona.

Pues bien, la declaración de la cumbre de la CELAC es un paradigma de la tara a la que hago mención. Ésta se plantea dos objetivos principales: fortalecer el proceso de integración y fomentar el desarrollo (con muchos adjetivos, pero de eso no es de lo que estoy hablando).

Se considera que el de fortalecer la integración es importante porque, supuestamente, mejora la inserción de la región, así como su proyección en el mundo. ¿Cómo van a hacerlo? Pues de la manera obvia: ¡diciéndolo! Lo dicen en la introducción, en el punto 2 y en los 4, 5 y 6. Y en el 7 y 8. Como para que no quede duda, lo retoman en los puntos 76 al 78. Ninguna demostración, ninguna estrategia de fortalecimiento (más allá de la preparación de la cumbre con la Unión Europea del punto 78). Con la mención es suficiente.

El objetivo del desarrollo lo vinculan con el de democracia desde la introducción. Es decir, lo convierten en un asunto político. Interesante es que reflejan en todo el documento el diagnóstico que se hace sobre la falta de desarrollo en la región: la culpa es de los demás. Por ello, hacen llamados a la “comunidad internacional” para que disminuya la “fragilidad y desequilibrios sistémicos”. También en los puntos 10 y 11 reiteran que es necesaria la ayuda de los países desarrollados para acabar con la pobreza.

Tal vez como un esfuerzo para concretar el objetivo planteado, entre los puntos 11 al 23, 25 y 26, 42, 54, 57 al 60, 61 y 65, 66, se mencionan (no se dice nada de cómo se van a resolver) los problemas que ellos identifican como necesarios para hablar de desarrollo. Hablan de erradicación del trabajo infantil, del hambre, de la desigualdad, de la condiciones laborales, de la seguridad alimentaria, de la educación, de la agricultura, de la agricultura familiar, del Estado de bienestar, de la salud, de la vivienda, de los pueblos indígenas, del agua, de los bienes culturales, del comercio solidario, de las asimetrías, de los desastres naturales, de la corrupción, de la delincuencia organizada…ah, y de la cooperación internacional. La intención del documento es solucionar todos estos problemas, mencionándolos.

Pero es interesante notar que no solo los líderes políticos latinoamericanos creen que muestran su preocupación porque repiten hasta el cansancio lo mismo, sino que, además, crean una referencia circular. Todos los asuntos por los que demuestran preocupación creen que se solucionan por medio de otras cumbres, de otras declaraciones, de otras menciones.  

Por ello, entre los puntos 27 y 36 confirman su apoyo a los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), en particular en los que tiene que ver con la lucha contra el cambio climático. Pero acá sí tienen una estrategia impecable para alcanzar estos propósitos: en el punto 63 afirman que los países de la CELAC tienen la intención de obtener más puestos en la burocracia de la Organización de Naciones Unidas y eso lo obtendrán a través del punto 64: apoyando la reforma de la ONU para que sea más “democrática”.

Y, además de la creación de referencias circulares, se cae en otro problema: la auto-complacencia. Como la idea es repetir mucho lo que les preocupa para que se asuma que así se soluciona, pues deben felicitarse por hacerlo. Así, en el punto 49 felicitan a Bolivia porque se desarrolló: lanzó un satélite, instrumento que, además, garantizará el ejercicio de los derechos humanos en ese país (!). En el 62 vuelven a felicitarlo por otra demostración de su desarrollo (!) en tanto es presidente del Grupo de los 77 (G-77). En el 55 se felicitan por una Cumbre para proteger la cultura. En el 56 felicitan a Colombia por su proceso de paz. En el 70, felicitan a Irán. En el 73, toman nota (no clasificó para felicitación) del tratado sobre comercio de armas. En el 74 vuelven a tomar nota de las reuniones de la CELAC con Rusia, China, Turquía, entre otros.

Vuelven las felicitaciones en el punto 75. Acá nos felicitamos todos por la puesta en marcha del Foro CELAC – China. La declaración termina, no con felicitaciones, pero sí con agradecimientos al presidente Sebastián Piñera (79) y a Costa Rica, Ecuador y República Dominicana (80 – 82). En el último punto, el 83, nos agradecemos todos por la realización de esta cumbre.

Y no vayan a creer que todo son alegrías. Muchas son las tristezas, nuevas preocupaciones de la región. La más importante, el punto 3, es el fallecimiento de un hombre de la talla de Hugo Chávez. En el punto 24 aparece Haití. En el 37, nuestros líderes se comprometen a investigar la drogadicción (?). En el 50 nos preocupa la situación de Argentina en relación con las Malvinas. En el 51, pedimos que nos dejen utilizar nuestros recursos naturales. En el 52, rechazamos el bloqueo a Cuba (razón de su subdesarrollo y no el pésimo modelo que tiene desde 1959). En el punto 53 nos declaramos una zona de paz y en el 67 manifestamos la preocupación por Siria. En los puntos 39 y 40 expresamos nuestra preocupación por el colonialismo y contra las certificaciones unilaterales, en particular, las que afectan a Cuba.

Pero el tema que reúne todas las facetas de lo que estoy mostrando es el de las armas nucleares (sí, hasta ese tema está incluido). Primero, se celebra la reunión sobre desarme nuclear en el punto 68. Luego, en el 71 se muestra preocupación por la situación nuclear en Medio Oriente. Pero lo que más preocupación les genera a nuestros líderes es el descubrimiento, nunca antes pensado por nadie en el mundo, de que una detonación nuclear sería una grave catástrofe mundial, de inconmensurables consecuencias humanitarias. Eso sí, después de la preocupación, pasamos a la auto-complacencia: en el punto 72 nos felicitamos porque, a través del Tratado de Tlatelolco, los latinoamericanos proscribimos ese tipo de armas en la región.

¿Ven? Muy centrada la declaración de la CELAC en los objetivos planteados. El resultado de todo lo anterior, además, es que para los dos objetivos esenciales (el fortalecimiento de la integración y el desarrollo), resultan rechazando tajantemente los únicos instrumentos que podrían ayudar a conseguirlos. En el punto 43 se habla de la necesidad de protegerse de las controversias con inversionistas extranjeros. En el 44, se pide una regulación del sistema financiero global. En el 45, se pide la condonación de la deuda. En el 46, se exige que la inversión extranjera beneficie solo a los intereses de nuestros estados y no de los privados. En el 47, se subraya la necesidad (!) de una planificación regional que puede ser asumida por la CELAC.

¡Ochenta y tres acuerdos! Sí, 83. Éste es el total de puntos que tiene la declaración. Y lo peor es que ninguno generará ningún efecto concreto, más allá de la mención que hacen de casi todos los temas concebibles y de actualidad. Lo peor es que los mismos temas se repiten en cualquier otra declaración de los procesos de integración latinoamericanos. Lo peor es que se repiten en las cumbres de cualquier organización internacional. Pero los problemas no se solucionan porque se mencionen mucho y la decisión de acabarlo no implica la acción y, mucho menos, las decisiones correctas para enfentarlo.

¿Cuál es el objetivo de las cumbres? De acuerdo con lo que he mostrado, al parecer, es evitar la solución de problemas a través del lenguaje. ¡Qué peligrosa tendencia!

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