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Diez hechos para el No-Gracias (Es decir, para no agradecer)

Al parecer ahora celebramos el día de acción de gracias también en Colombia. Pues bien, para no quedarme atrás decidí participar desde este espacio. Sin embargo, como mis comentarios no se caracterizan – infortunadamente – por el optimismo, decidí hablar de lo que no agradezco. Además, como ahora están tan de moda los conteos, me aventuré a hacer el mío.

Acá están los diez hechos por las cuales no se puede dar gracias en lo local (Bogotá), lo nacional y lo internacional. Comienzo por lo local.

  1. El cambio climático y Gustavo Petro. Desde que el Alcalde de Bogotá encontró que con este tema podría tener un respiro de su pésimo mandato, por lo menos fuera del país, la situación se empeoró para la ciudad: ahora es intocable no solo porque es la paz hecha hombre, sino que si lo tumban, estaremos destinados a una catástrofe ambiental.
  2. Los escándalos del Polo.  El Partido político cuyos líderes posan de adalides de la moral, se equivoca cada vez más. Respaldaron la corrupta administración de Samuel Moreno y ahora a Clara López, cuyo esposo está involucrado en el escándalo. No solo eso: ella fue una funcionaria activa, muy cercana a Samuel Moreno, durante toda su Alcaldía: ¿Para la izquierda tampoco aplica la responsabilidad política?
  3. Las próximas elecciones. Así se una o no la izquierda, se presente o no Clara López, este no es el peor problema para el país. Las próximas elecciones, al parecer, se definirán a partir de quién puede ofrecer más Estado. Ningún debate se ha dado en torno a los límites en las funciones del Estado. Por el contrario.
  4. Las peleas de las entidades de control. No encuentro los adjetivos suficientes (vergonzoso, inadmisible, criticable, condenable) para describir el molesto enfrentamiento entre los líderes de las “ías” (Contraloría, Procuraduría y Fiscalía). No han cumplido con sus  – poco claras – funciones por andar buscando protagonismo y llevar sus problemas personales a la agenda pública.
  5. La visión de los ciudadanos sobre para qué es el Estado. Los dos puntos anteriores, como lo he dicho en varios comentarios, se deben a la visión que tenemos los ciudadanos sobre las funciones del Estado. En Colombia nos creímos el cuento del Estado como un padre y hacemos énfasis en que debe proveernos de todo. La última versión son las manifestaciones en contra de la reforma a la salud que se resume en dos críticas, absurdas: la salud es un derecho (que no lo es) y, por lo tanto, su provisión debe ser ilimitada y “gratuita”. Entre otras, lo que los críticos no se cuestionan es: ¿quién paga?
  6. La eterna discusión sobre las cifras. Lo anterior se debe, en gran parte, a que a los medios solo llegan las opiniones de algunos, que entienden las cifras desde sus modelos mentales fatalistas y conducentes al estatismo. Si las cifras son negativas, creen que están viendo en desarrollo sus escenarios catastróficos. Si no, las ponen en duda.
  7. La “movilicitis”. Creo que lo que no se debe agradecer en este punto es la palabra que me inventé. Pero lo que quiero decir con ella es que la sociedad colombiana se obsesionó con las marchas, las movilizaciones, los paros y demás. La cosa ya es casi enfermiza. Hay marchas para todo, casi todos los días. Lástima que todas estas movilizaciones sean para exigir menos libertad y no más.
  8. El tema de Nicaragua. Lo que está sucediendo con Nicaragua, la segunda demanda contra Colombia, demuestra varias cosas. La primera, preocupante, es que el Estado colombiano no es capaz de cumplir, ni siquiera, con las funciones en las que todos estamos de acuerdo. Pero también demuestra que es necesario actuar, con una estrategia política, ante el hostil vecindario en el que se encuentra el país. Comparto la visión de analistas, como Laura Gil, sobre la necesidad de negociar para este caso puntual. Pero creo que la discusión se está quedando en el ámbito jurídico, sin tener en cuenta que en el ámbito internacional eso no es lo que más importa.  
  9. Lo que muestra el acuerdo con Irán. No sé si agradecer, pero sí debe apoyarse el acuerdo alcanzado con Irán. Ésta es una buena noticia para el mundo porque disminuye las posibilidades de una guerra y, además, frena las intenciones bélicas – molestas, insoportables – del gobierno de los Estados Unidos. No obstante, también muestra la incapacidad de regímenes, como el iraní, para cumplir con sus promesas domésticas. Por ello, siempre recurren al chantaje internacional para tapar su incapacidad y, de paso, parecer interesados por la paz. Lo peor de todo es que muchos les creen.
  10. Lo dicho por el Papa. Nunca he abordado el tema del Papa. No me interesa. No obstante, esta semana, al criticar el capitalismo, la ambición y el individualismo (es decir, lo que todos critican. Nada nuevo) se demostró, una vez más, que la iglesia es lo más anti-natural, anti-ser humano que puede existir. Como el socialismo. Lo paradójico es que por ello persisten: se basan en creencias que no se pueden comprobar, alimentan a los individuos de esperanzas que nunca se sabe si se cumplirán y, en el entre tanto, alimentan su poder de discursos vacíos y de la generación de temor en sus seguidores.

En resumen, no hay nada para agradecer en relación con el Estado. A pesar de todo ello, la persistencia de espacios para el crecimiento individual y la existencia de individuos que los aprovechen para perseguir sus intereses: esto es por lo que se debe agradecer siempre. La individualidad, la existencia de la libertad es por lo que realmente se debe estar agradecido.

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