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Palabras no son soluciones

Esta semana, al leer sobre los resultados de la Cumbre de la CELAC que tuvo lugar en Cuba, me acordé de una advertencia que les hago a mis estudiantes cuando deben entregar un ensayo para alguno de mis cursos: No porque repitan mucho una idea, quiere decir que la estén demostrando. En el proceso de aprendizaje se cae mucho en este error. Algunos estudiantes creen que porque hacen una afirmación en la introducción, luego la repiten en el cuerpo del ensayo y, al final, la incluyen como conclusión, quiere decir que esa idea ya está demostrada.

Pues bien, me acordé de esa advertencia porque la misma se debe extrapolar al quehacer de la política, más si hablamos de la decisión de actuar frente a hechos que se consideran problemáticos y que se han incluido en la agenda pública.

Con esto quiero decir varias cosas. Primero, que repetir una misma idea o un asunto problemático no es igual a solucionarlo. Segundo, que es necesario demostrar no solo la existencia del asunto, sino hacer conocer su dinámica, incluidas las razones y cómo se manifiesta. Tercero, que, para hablar de solucionarlo, no bastan las menciones al problema ni los diagnósticos, sino que se deben identificar las formas viables de solución de manera explícita.

No obstante, en la vida política, así como en mis cursos, muchas veces no se pasa de la repetición que se considera demostración. 

Fíjense que no voy a enfocarme en la tendencia, tan reiterativa en los políticos, de elegir un término, vaciarlo de contenido y de significado, y utilizarlo para referirse a todo lo contrario que significa. En la Cumbre esto es evidente en, entre otras, la supuesta defensa de la democracia que se hace nada más ni nada menos que desde Cuba y cuya referencia fue incluida en la Declaración final de la Cumbre por el Estado cubano.  

De lo que hablo es de algo más sencillo, más común y, por lo mismo, más dañino para la acción estatal y la solución de los problemas que se consideran públicos. El mejor ejemplo que se me ocurre es el de la pobreza. Estamos de acuerdo en que es un problema y hasta podemos conocer sus causas y su dinámica. Sin embargo, en la práctica, los estados repiten constantemente el lema de “tenemos que acabar (luchar contra, extinguir) la pobreza”. Para ello, se crean organismos en cuyo nombre no puede faltar el estribillo “de lucha contra la pobreza”. Y, en últimas, no se soluciona en nada el fenómeno. Lo dicho: no por decirlo muchas veces, se demuestra…o se soluciona.

Pues bien, la declaración de la cumbre de la CELAC es un paradigma de la tara a la que hago mención. Ésta se plantea dos objetivos principales: fortalecer el proceso de integración y fomentar el desarrollo (con muchos adjetivos, pero de eso no es de lo que estoy hablando).

Se considera que el de fortalecer la integración es importante porque, supuestamente, mejora la inserción de la región, así como su proyección en el mundo. ¿Cómo van a hacerlo? Pues de la manera obvia: ¡diciéndolo! Lo dicen en la introducción, en el punto 2 y en los 4, 5 y 6. Y en el 7 y 8. Como para que no quede duda, lo retoman en los puntos 76 al 78. Ninguna demostración, ninguna estrategia de fortalecimiento (más allá de la preparación de la cumbre con la Unión Europea del punto 78). Con la mención es suficiente.

El objetivo del desarrollo lo vinculan con el de democracia desde la introducción. Es decir, lo convierten en un asunto político. Interesante es que reflejan en todo el documento el diagnóstico que se hace sobre la falta de desarrollo en la región: la culpa es de los demás. Por ello, hacen llamados a la “comunidad internacional” para que disminuya la “fragilidad y desequilibrios sistémicos”. También en los puntos 10 y 11 reiteran que es necesaria la ayuda de los países desarrollados para acabar con la pobreza.

Tal vez como un esfuerzo para concretar el objetivo planteado, entre los puntos 11 al 23, 25 y 26, 42, 54, 57 al 60, 61 y 65, 66, se mencionan (no se dice nada de cómo se van a resolver) los problemas que ellos identifican como necesarios para hablar de desarrollo. Hablan de erradicación del trabajo infantil, del hambre, de la desigualdad, de la condiciones laborales, de la seguridad alimentaria, de la educación, de la agricultura, de la agricultura familiar, del Estado de bienestar, de la salud, de la vivienda, de los pueblos indígenas, del agua, de los bienes culturales, del comercio solidario, de las asimetrías, de los desastres naturales, de la corrupción, de la delincuencia organizada…ah, y de la cooperación internacional. La intención del documento es solucionar todos estos problemas, mencionándolos.

Pero es interesante notar que no solo los líderes políticos latinoamericanos creen que muestran su preocupación porque repiten hasta el cansancio lo mismo, sino que, además, crean una referencia circular. Todos los asuntos por los que demuestran preocupación creen que se solucionan por medio de otras cumbres, de otras declaraciones, de otras menciones.  

Por ello, entre los puntos 27 y 36 confirman su apoyo a los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), en particular en los que tiene que ver con la lucha contra el cambio climático. Pero acá sí tienen una estrategia impecable para alcanzar estos propósitos: en el punto 63 afirman que los países de la CELAC tienen la intención de obtener más puestos en la burocracia de la Organización de Naciones Unidas y eso lo obtendrán a través del punto 64: apoyando la reforma de la ONU para que sea más “democrática”.

Y, además de la creación de referencias circulares, se cae en otro problema: la auto-complacencia. Como la idea es repetir mucho lo que les preocupa para que se asuma que así se soluciona, pues deben felicitarse por hacerlo. Así, en el punto 49 felicitan a Bolivia porque se desarrolló: lanzó un satélite, instrumento que, además, garantizará el ejercicio de los derechos humanos en ese país (!). En el 62 vuelven a felicitarlo por otra demostración de su desarrollo (!) en tanto es presidente del Grupo de los 77 (G-77). En el 55 se felicitan por una Cumbre para proteger la cultura. En el 56 felicitan a Colombia por su proceso de paz. En el 70, felicitan a Irán. En el 73, toman nota (no clasificó para felicitación) del tratado sobre comercio de armas. En el 74 vuelven a tomar nota de las reuniones de la CELAC con Rusia, China, Turquía, entre otros.

Vuelven las felicitaciones en el punto 75. Acá nos felicitamos todos por la puesta en marcha del Foro CELAC – China. La declaración termina, no con felicitaciones, pero sí con agradecimientos al presidente Sebastián Piñera (79) y a Costa Rica, Ecuador y República Dominicana (80 – 82). En el último punto, el 83, nos agradecemos todos por la realización de esta cumbre.

Y no vayan a creer que todo son alegrías. Muchas son las tristezas, nuevas preocupaciones de la región. La más importante, el punto 3, es el fallecimiento de un hombre de la talla de Hugo Chávez. En el punto 24 aparece Haití. En el 37, nuestros líderes se comprometen a investigar la drogadicción (?). En el 50 nos preocupa la situación de Argentina en relación con las Malvinas. En el 51, pedimos que nos dejen utilizar nuestros recursos naturales. En el 52, rechazamos el bloqueo a Cuba (razón de su subdesarrollo y no el pésimo modelo que tiene desde 1959). En el punto 53 nos declaramos una zona de paz y en el 67 manifestamos la preocupación por Siria. En los puntos 39 y 40 expresamos nuestra preocupación por el colonialismo y contra las certificaciones unilaterales, en particular, las que afectan a Cuba.

Pero el tema que reúne todas las facetas de lo que estoy mostrando es el de las armas nucleares (sí, hasta ese tema está incluido). Primero, se celebra la reunión sobre desarme nuclear en el punto 68. Luego, en el 71 se muestra preocupación por la situación nuclear en Medio Oriente. Pero lo que más preocupación les genera a nuestros líderes es el descubrimiento, nunca antes pensado por nadie en el mundo, de que una detonación nuclear sería una grave catástrofe mundial, de inconmensurables consecuencias humanitarias. Eso sí, después de la preocupación, pasamos a la auto-complacencia: en el punto 72 nos felicitamos porque, a través del Tratado de Tlatelolco, los latinoamericanos proscribimos ese tipo de armas en la región.

¿Ven? Muy centrada la declaración de la CELAC en los objetivos planteados. El resultado de todo lo anterior, además, es que para los dos objetivos esenciales (el fortalecimiento de la integración y el desarrollo), resultan rechazando tajantemente los únicos instrumentos que podrían ayudar a conseguirlos. En el punto 43 se habla de la necesidad de protegerse de las controversias con inversionistas extranjeros. En el 44, se pide una regulación del sistema financiero global. En el 45, se pide la condonación de la deuda. En el 46, se exige que la inversión extranjera beneficie solo a los intereses de nuestros estados y no de los privados. En el 47, se subraya la necesidad (!) de una planificación regional que puede ser asumida por la CELAC.

¡Ochenta y tres acuerdos! Sí, 83. Éste es el total de puntos que tiene la declaración. Y lo peor es que ninguno generará ningún efecto concreto, más allá de la mención que hacen de casi todos los temas concebibles y de actualidad. Lo peor es que los mismos temas se repiten en cualquier otra declaración de los procesos de integración latinoamericanos. Lo peor es que se repiten en las cumbres de cualquier organización internacional. Pero los problemas no se solucionan porque se mencionen mucho y la decisión de acabarlo no implica la acción y, mucho menos, las decisiones correctas para enfentarlo.

¿Cuál es el objetivo de las cumbres? De acuerdo con lo que he mostrado, al parecer, es evitar la solución de problemas a través del lenguaje. ¡Qué peligrosa tendencia!

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