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Historia del PIB mundial

Historia del PIB mundial

¿El milagro chino? No. Es la recuperación normal del lugar que desde siempre había ocupado. Lo que se debe estudiar de China es por qué perdió el lugar que, casi por naturaleza, tenía. India no ha podido recuperarlo. ¿Por qué? Además, interesante cómo Estados Unidos aparece, como de la nada, desde el siglo XIX. ¿Por qué? En los tres casos, la respuesta es una: factores institucionales que fomentan una mayor o menos libertad. Entre mayor libertad, se puede esperar una mayor creación de riqueza, en términos absolutos y relativos. ¿Y los países europeos? Bien, gracias.

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MODELOS

Un anuncio importante pasó desapercibido por los medios colombianos esta semana. Tal vez la situación de paros y movilizaciones sociales han desviado la atención. También puede deberse al debate que ha generado la tensión de los últimos días entre el gobierno nacional y la oficina del representante para los derechos humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU) que, a todas estas, no entiendo por qué algunos consideran que ha sido de mucha utilidad en la – siempre – delicada situación que en este aspecto tiene el país. Con todo, espero que las razones sean las anteriores y no que nuestros medios, debido a la visión que sobre algunos temas tienen las mayorías, decidan eliminar algunos hechos por considerarlos contrarios a lo que “queremos seguir pensando” en Colombia.

El anuncio al que hago referencia es el del Fondo Monetario Internacional sobre la situación económica china. A mediados de la semana, esta organización señaló que la sostenibilidad del crecimiento de ese país se ve amenazada. La cosa es mucho más compleja, pero tres razones aportan los expertos para alertar sobre la posibilidad del agotamiento del crecimiento de China. Primero, su dependencia del sector externo, es decir, su concentración en exportación de bienes. Segundo, la limitada evolución del consumo doméstico y la mayor importancia del gasto público. Tercero, el tipo de crecimiento de los últimos años, que ha sido estimulado por el Estado y que ha tenido dos impactos. Por un lado, ha afectado la estabilidad del – ya antes débil – sistema financiero. Por el otro, la “inversión” de recursos se ha hecho en sectores que no incrementarán la productividad. El informe lo pueden encontrar en la página del FMI.

Este anuncio es bien importante porque desde ya las cifras (esas que se pueden manipular y que cada cual utiliza según su posición) están mostrando algo que mencioné hace algunas semanas en uno de mis comentarios adicionales. En ese les contaba que un medio nacional había publicado esa semana un artículo cuyo título era algo así como las claves del modelo chino. En ese reportaje se mencionaban algunos de los logros que se pueden enumerar de la China actual (como la imponente infraestructura) y se preguntaban (algo que no contestaron) por qué se había logrado este impulso en una economía bajo un régimen autoritario.

¿Por qué relaciono la noticia de esta semana con lo que escribí hace algún tiempo? Pues bien, por dos razones. Primero, porque veo que existe una profunda confusión sobre lo que es el modelo chino y las razones de su éxito. Segundo, porque, debido a esa confusión, países como Colombia pueden extraer las lecciones equivocadas y, además, crear esperanzas falsas.

Sobre lo primero, creo que existen tres grandes fuentes de confusión. Primero, en la actualidad, la mayoría de analistas en diferentes áreas están dedicados a explorar las razones del crecimiento chino y sobre las posibilidades de su desarrollo en un futuro cercano. Se habla mucho, por ejemplo, de cuándo se convertirá este país en la economía más grande del mundo. No obstante, como señaló Niall Ferguson en un libro reciente (Civilización. Occidente y el Resto, 2012), lo que tendríamos que preguntarnos es, más bien, cuáles fueron los errores que cometieron en ese país para haber perdido el primer lugar. China fue la economía más grande del mundo hasta, más o menos, el siglo XVIII. Tiene todas las condiciones objetivas para serlo: tamaño de la población, territorio, capacidad de invención (como atestigua su pasado), entre otros. Lo interesante, entonces, de este caso es develar cómo cometieron tantos errores, durante tanto tiempo, para que, incluso hoy, no hayan podido recuperar un puesto que les pertenece por razones “naturales”.

Una segunda fuente de confusión ha sido la de las razones del crecimiento. En América Latina, se hace énfasis en la existencia de una dictadura comunista. Se olvida, en general, que dictaduras semejantes han causado inmensos fracasos, como fue el de la ex Unión Soviética. También se olvida que el Partido Comunista Chino ha tenido el poder desde 1949 y el éxito económico no comenzó sino hasta finales de la década de los 80. Entonces, los buenos resultados (admirables, para algunos) hasta el momento no se deben a la dictadura, sino a las decisiones que ésta ha tomado. El fracaso se presentó cuando se adoptaron planes como el del Gran Salto Adelante o el de la Revolución Cultural. El éxito no llegó sino hasta cuando se habían consolidado los procesos de apertura iniciados por Deng Xiaoping en 1978. Además, esos buenos resultados han llegado a los sectores – productivos y geográficos – que se han beneficiado de las reformas capitalistas. Fíjense, entonces, que el chino es otro ejemplo más de la superioridad del capitalismo por sobre cualquier otro régimen económico. No existe ningún milagro: es la fuerza de un sistema productivo que ha demostrado su efectividad en todos los casos en los que se le ha permitido a cada individuo tomar sus propias decisiones.

Las dos confusiones anteriores llevan a una tercera. Como China es considerada un “milagro” y éste se debe a un modelo que, supuestamente, combina una fuerte dictadura comunista con altas tasas de crecimiento, se considera que este modelo es inagotable. Por ello es que, en casi todos las proyecciones que hacen los organismos internacionales (más cifras, fíjense), se concluye que China será la economía más grande en 2015…o en 2020…o en 2030…o en 2050. Fechas semejantes se dan para los otros indicadores: peso en el producto interno bruto mundial, porcentaje del comercio exterior global, producto interno bruto per cápita, etc.

Lo interesante del anuncio de esta semana es que esa percepción está cambiando…aunque no sea en América Latina. El modelo chino no es eterno, ni garantía de éxito en términos de desarrollo. ¿Por qué? Porque, como mencioné en el párrafo anterior, las reformas capitalistas han tenido efectos muy positivos solo en algunos sectores (aquellos que han sido liberalizados), mientras en los demás se sigue aplicando la receta del fracaso:los mandatos de una dictadura comunista. Si China no adelanta las reformas hacia una mayor liberalización en el futuro, como señaló esta semana el FMI, su milagro será cuestión del pasado. Como lo fue, en su momento, el milagro soviético, o el japonés, o el de Asia Pacífico…

Las confusiones que describo han provocado que en América Latina, algunos extraigan las lecciones equivocadas. Por ejemplo, se considera que la planeación centralizada es la fuente del éxito económico. O que la clave del crecimiento está en exportar, mientras se reducen las importaciones. O que el papel central del desarrollo está en el gasto público. O que todos los problemas económicos (baja productividad, o baja competitividad) se solucionan con una sola cosa: construcción de infraestructura. La de la planeación y la del gasto público son lecciones completamente equivocadas. Ningún país se ha desarrollado porque tenga un grupo de genios decidiendo lo que los demás deben hacer (planeación) o como resultado del gasto excesivo – e irresponsable – que hacen esos mismos genios. Por el contrario, esas son ideas que han llevado a muchos países al fracaso. Los énfasis en las exportaciones y en la construcción de infraestructura, aunque son aspectos importantes, no son la clave del desarrollo. Exportar es tan importante como lo es importar. Tener infraestructura facilita los intercambios o la movilidad, pero no reemplaza los muchos otros factores que garantizan el éxito económico: el libre comercio, la libertad económica, las decisiones individuales…esto es, ¡el capitalismo real!

Las confusiones y las lecciones equivocadas para abordar el “milagro” chino también han producido algunas esperanzas falsas…que solo llevarán a una nueva frustración. La más reiterativa es que si China se convierte en el centro de nuestra política exterior, estaríamos del lado de los “ganadores”. Incluso si esto último fuera cierto, no debe ser el Estado el que decida hacia dónde concentrar, por ejemplo, nuestro comercio. China es importante, pero ya hemos cometido antes el error de concentrarnos en un solo país. Además, los socios comerciales de un país deben resultar de los cálculos y de las decisiones de los empresarios. Para ello, sin embargo, necesitaríamos de una estrategia de apertura unilateral.

La segunda esperanza falsa es la conveniencia del dirigismo económico. Me parece que acá el problema está en que en América Latina no hemos reconocido que llevamos al menos dos siglos con algo muy cercano al autoritarismo económico y nunca ha funcionado, ni funcionará. Precisamente, las principales fallas de la economía china actual se encuentran en los ámbitos que aún controla el Estado.

Por último, está la esperanza de que por más equivocadas que sean las decisiones que tomemos en la actualidad, sus efectos se pueden corregir fácilmente en el futuro. ¡Esto no es cierto! Las decisiones tienen consecuencias inesperadas que generan un fenómeno que se conoce como dependencia del sendero. Éste consiste, más o menos, en que los efectos futuros de nuestras decisiones de hoy limitan nuestras alternativas en ese futuro…como en China. Una de las razones por las cuales las reformas hacia un verdadero capitalismo, que les garantizaría un modelo, tal vez no tan chino, pero sí efectivo y mucho más humano, no se han materializado es que se han cometido tantos errores en el pasado que las alternativas disponibles hoy impiden, en muchos casos, profundizar esas reformas. Dos ejemplos. Primero, la dictadura misma. ¿El Partido Comunista Chino no presentará los anclajes suficientes como para impedir que se piense en la necesidad de reducir su poder en todas las dimensiones de la vida y de la economía? Segundo, el modelo de crecimiento. ¿Existen incentivos suficientes para que las autoridades chinas permitan una mayor libertad a sus habitantes, que incrementaría, por ejemplo, el poder de las clases medias lo que, a su vez, estimularía el consumo interno y reduciría su dependencia del ámbito exterior?

Mientras en el mundo se debate sobre el agotamiento del “modelo” chino, esperemos que en Colombia se puedan resolver las discusiones sobre nuestro “desarrollo”: si es bueno extender un año o más la permanencia de la Oficina de la ONU en nuestro país con el fin de garantizar…bueno, de garantizar que sus funcionarios pasen una temporada más en uno de los países más felices del mundo…es decir, que disfruten del “modelo” colombiano.

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