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PISA y Educación: algunos puntos para comenzar el debate

La noticia de esta semana definitivamente fueron los resultados de Colombia en las pruebas PISA (Program for International Student Assessment)Los pésimos resultados han desatado un fuerte debate nacional.

Con esa capacidad a la auto-crítica que tenemos en el país, se han perdido de vista varios aspectos que no son del todo negativos. Primero, el debate mismo. El hecho que el tema haya generado tanta preocupación demuestra que todavía tenemos alguna habilidad para discernir entre lo importante de lo urgente – o de lo anecdótico. Segundo, el debate no se está dando solo en Colombia. En Estados Unidos, Francia y España los resultados también han generado preocupación. Tercero, no se debe olvidar que estamos muy mal ubicados en un grupo de países que han decidido, unilateralmente, participar. Muchos otros de América Latina, por ejemplo, ni siquiera se atreven a exponer a sus estudiantes a las pruebas.

No obstante, los puntos dos y tres que acabo de mencionar pueden sonar a – y, en efecto son, puras – patadas de ahogado. La verdad es que no importa cuántos sean ni si el problema no es solo para Colombia. Al país le fue muy, muy mal en las pruebas, lo que demuestra, no que nuestros jóvenes, que ya casi llegan a la universidad, tengan pocos conocimientos, sino que con los que cuentan no les sirven para resolver problemas prácticos. Es decir, para enfrentarse a la vida. Por ello, no cuentan con herramientas suficientes para ser exitosos en el futuro.

Con algo tan grave en mente, sin embargo, el debate que se está presentando no le da la talla a los problemas evidenciados. Además de nuestra capacidad de auto-crítica (molesta por lo excesiva, pero necesaria) se ve afectada por la forma como, en general, abordamos los debates.

Primero, todo ha quedado en buscar culpables específicos. Unos han culpado a los profesores, quienes ya se han defendido y acusado a los estudiantes. Seguramente como éstos no tendrán ni idea de cómo les fue (nuestros jóvenes no se caracterizan por su interés por la actualidad política ni por su interés por…algo), la cadena de culpas se diluirá en el tiempo.

Por otro lado, algunos han pedido la cabeza de la actual ministra de educación. Otros han pedido, además, la de la ministra del gobierno Uribe. Asumamos que las obtengan: ¿con eso ya se soluciona el problema? No es posible que haya alguien que crea que el resultado se debe a que la ministra de turno haga bien o mal su trabajo, que es político, en Bogotá.

Pero como así se piensa, esto refleja un problema más profundo que, además, afecta casi todos los debates sobre asuntos públicos en el país. Éste tiene que ver con que se presume que el desempeño de la sociedad (en su economía, en su ética, en los servicios que se proveen o, claro está, en la calidad de su educación) resulta de la planeación, coordinación y diseño que se haga desde el gobierno.

Y esta idea es completamente equivocada. La educación, así como la mayoría de fenómenos sociales, es un sistema complejo, producto de la interacción entre los individuos, su capacidad de organización y la estructura de incentivos – formales e informales – existentes.

El no reconocer lo anterior lleva a una simplificación exagerada de las cuestiones a debatir que, paradójicamente, resultan en la complejidad excesiva de su verdadera naturaleza. Ejemplos de esto último son los enfoques que se le han dado a la cuestión de los malos resultados y que se han concentrado únicamente en pensar que la solución será el incremento de la financiación estatal a la educación pública o, como he visto en redes sociales, al cambio del modelo “neoliberal” que supuestamente existe en el país.

Me explico. En Colombia (como en otros países) no aceptamos que el sistema educativo sea resultado de muchos factores que no podemos controlar de manera directa, sino que resulta de la interacción entre miles y miles de individuos. Así, los problemas del sistema educativo que tenemos son resultado de miles de estudiantes, de sus familias, de los profesores, del entorno en el que se encuentran, de los valores que ellos tienen, de sus prioridades, de sus planes, entre muchos otros factores. A su vez, todo lo anterior tiene relación directa con el entorno social que condiciona esos planes, los modelos mentales que se crean y de las necesidades que tienen percepciones específicas sobre cómo puede ser alcanzadas o satisfechas.

Por lo anterior, la única forma de mejorar el sistema educativo existente es a través de su mayor descentralización. Dicho de otra manera, a través de su liberalización. En la recepción que esta simple afirmación tiene demuestra que no se pueden concebir soluciones aparentemente simples. Preferimos grandes planes, con miles de metas, que deban ser ejecutados por pesados ministerios para tener a quién culpar por nuestra incapacidad de lograr nuestros propios objetivos.

Como lo que acabo de afirmar es considerado casi un sacrilegio en diferentes ámbitos y como un despropósito o una propuesta ignorante, en otros, se debe profundizar en ella. Proponer que la solución al problema de la educación solo se logra a través de su liberalización no es bien recibido por las mayorías.

Sin embargo, es la única solución, además de lo dicho, por la naturaleza misma del servicio del que estamos hablando. La educación no es un bien público, aunque sea algo deseable. No es un bien público porque no cumple sus características (no es rival ni excluyente). Por lo tanto, la mejor forma de su provisión es a través del mercado. Es más, ésta es la única forma de mejorar su calidad.

Pero esto es impensable, irrealizable. Nadie va a proponer, mucho menos aceptar, que el Estado deje de intervenir en un sector que se considera estratégico. Con esta realidad, es necesario, sin embargo, introducir el componente de competencia en el sistema educativo. Un sistema de vouchers como el propuesto desde hace décadas por Milton Friedman es la mejor solución, demostrada por diferentes sistemas educativos en el mundo.

Para lo demás, lamento decirles que no existe mayor cosa para hacer. Como demostró F.A. Hayek hace muchos años, los sistemas sociales complejos no pueden ser alterados ni diseñados para alcanzar fines previamente definidos porque no tenemos, como humanos, la capacidad para hacerlo. Sobre lo demás, trataré de volver en próximos comentarios adicionales semanales. Estoy leyendo juiciosamente los volúmenes del informe PISA y mirando la base de datos que proveen para contrastar lo mucho que se ha dicho hasta el momento con lo que se propone.

Por lo pronto, ojalá la próxima semana a Álvaro Uribe no se le ocurra decir otra bobada más, ni que Juan Manuel Santos decida salir haciendo otra payasada o que las FARC hagan otra de sus absurdas propuestas porque podríamos perder lo poco que hemos avanzado en un debate que sí es importante para el país y del cual, ojalá, salgan resultados reales y no contentarnos con una renuncia más de una ministra a la que seguramente le hubiera ido muy mal en PISA, así como a los senadores que tanto le exigen.

COMENTARIO ADICIONAL. De lo que he avanzado, ¿sabían que el país sí mejoró en su desempeño en todas las áreas? Mejoramos el promedio en matemáticas en 1,1 puntos, el de lectura en 3,0 y el de ciencias en 1,8. Así que el problema es que los demás países de la prueba están haciendo las cosas mejor que nosotros.

COMENTARIO ADICIONAL II. Otro hallazgo: ¿sabían que Colombia es uno de los países que mejor paga a sus profesores, como porcentaje del PIB, de la muestra?

COMENTARIO ADICIONAL III. Trataré de sistematizar toda la información y publicar, cuando la tenga, varios comentarios sobre ello.

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Discusiones

Estas dos semanas han estado cargadas de fuertes polémicas en el país. Todas ellas tienen dos características: no son debates, sino diálogos entre sordos y los objetos de discusión son superficiales, así como la forma de abordarlos.

La primera fue la elección de Óscar Iván Zuluaga como candidato del Uribe Centro Democrático. Los críticos han considerado que Álvaro Uribe logró imponer su títere. Unos más radicales, como León Valencia, han utilizado la estrategia de deslegitimar su elección a través de generar dudas sobre su relación con los paramilitares y/o algún pasado criminal, que nadie ha comprobado.

Los uribistas, por su parte, consideran que éste era el mejor candidato posible y hablan de sus supuestas credenciales del pasado para demostrarlo. Se ha hablado de Zuluaga como el mejor alcalde de un pueblo que nadie conoce hace muchos años, así como de su supuesta gran gestión como Ministro de Hacienda.

Así, la campaña se va convirtiendo en un monótono ejercicio de personalización sin concentrarse en lo realmente importante: las ideas, las propuestas.

Pero esta polémica pasó a un segundo plano por un hecho realmente determinante en el futuro y el desarrollo del país: los grafitis del cantante Justin Bieber. La polémica llegó incluso al análisis de su presentación y de si dobló o cantó en vivo.

Para la policía nacional, los dibujos fueron una muestra de la expresión artística del cantante. Para los críticos, indignados, ésta fue una muestra más de la actitud complaciente de los colombianos para con los extranjeros.

Ha sido tan profunda la polémica que los argumentos se concentraron en preguntarnos qué hubiera sucedido si algún cantante colombiano (ponga acá usted el nombre de cualquier artista popular que quiera) hubiera hecho lo mismo en Canadá….¿ven? La respuesta a esta pregunta es determinante para nuestro futuro como nación.

Rápidamente, esta profunda discusión fue eclipsada por el colapso de un techo en la Universidad Nacional. Se podría pensar que esta polémica sí es central para el país: se está hablando de educación. Sin embargo, esta visión está errada por dos razones. Primero, porque no se está abordando la situación real de la educación, sino de su infraestructura. Segundo, porque la polémica no se ha centrado sino en criticar la falta de recursos para financiar las universidad públicas.

No obstante, ¿la situación de precariedad de estos edificios no demuestra, más bien, que la opción no puede ser más inversión pública? ¿No será necesario explorar, realmente, la posibilidad de nuevas fuentes de ingreso? Además que concentrarse exclusivamente en criticar la falta de mayor inversión estatal es desconocer, por un lado, la nada despreciable cantidad de recursos que se destinan a este sector y, por el otro, que los recursos no son ilimitados y que existen diferentes rubros que requieren de la inversión.

Sin haber concluido la anterior, esta semana se presentaron dos polémicas más. La primera ha tenido, la verdad, muy poco impacto. Ésta se generó como resultado de las incursiones de aviones rusos en el espacio aéreo colombiano.

Aunque éste puede ser un asunto importante para el país, en realidad no lo es tanto, si el único análisis al que lleva (como en efecto lo ha hecho) es el de si Colombia debe responder o cómo hacerlo. Este énfasis es superficial en tanto no profundiza en cuál es el país que se pretende crear de cara al ámbito internacional ni mucho menos las estrategias que serán utilizadas para responder ante los desafíos que se presenten en el futuro…sobre todo de nuestros “hermanos” latinoamericanos.

Esta última parte de la discusión se evita porque algunos consideran, de nuevo en una dinámica de diálogo entre sordos, que las relaciones con los países del Socialismo del siglo XXI deben estar basadas en su concepción como amenazas a nuestra seguridad, mientras que otros piensan que no es deseable desafiarlos, ni cuestionarlos en ningún momento por….bueno, la verdad es que no es clara la razón.

La otra polémica vino por cuenta del acuerdo que se dio en el segundo punto de la agenda en el marco del proceso de paz. Éste sí es un tema determinante para el futuro del país, pero los avances que se den no lo son, entre otras, por dos razones. Primero, nadie sabe lo que se está negociando. Segundo, no se puede hablar de un acuerdo hasta tanto no se hayan agotado todos los temas pendientes.

En consecuencia, la polémica sobre este avance no solo es sobre algo superficial, sino que se basa en el absoluto desconocimiento sobre lo que está sucediendo y sobre el futuro del proceso. Pero no solo es superficial sino que se basa en posiciones antagónicas, irreconciliables. Los enemigos del proceso utilizan el mantra de la impunidad. Pareciera como si para ellos, antes de esta negociación, Colombia hubiera sido un país ejemplo de justicia eficiente, capaz de procesar y castigar a todo aquél que osara romper sus leyes.

Los amigos del proceso, por otro lado, reciben con júbilo el avance y anticipan la llegada de la paz en el corto plazo. Para ellos, nada importa la arrogancia demostrada por los representantes de la guerrilla en la mesa de negociación. Tampoco importa que, hasta el momento, no se prevea una desmovilización efectiva de este grupo ilegal. Mucho menos tienen en cuenta que la guerrilla, como cualquier otro actor en un conflicto, tiene unos intereses y unos cálculos que pueden cambiar con el tiempo. No. Para los “amigos” del proceso, todo se reduce a una supuesta voluntad de paz que, además una gran parte de ellos, encuentra (sin justificación alguna), en la guerrilla y que le exige al gobierno.

En todos los temas se hace evidente la capacidad que tenemos en el país de plantear polémicas realmente importantes y que las abordamos de manera rigurosa y profunda. Algunos culparán a los medios pero la verdad es que las mayorías se prestan fácilmente para reproducir las discusiones sobre temas irrelevantes que solo muestran lo mucho que falta para que nos concentremos en abordar los aspectos que nos han impedido generar desarrollo.

Ni la elección de Zuluaga, ni la indignación por lo que haga un cantante cualquiera en el país, ni una mayor inversión en los edificios de la Universidad Nacional, ni los sobrevuelos ilegales que hagan países extranjeros, ni los avances en puntos parciales del proceso de paz son los debates que necesitamos. 

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