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¡A la hoguera! (Y no lo dice el Procurador)

Inadmisibles, odiosas, ignorantes, desagradables. Éstos son algunos de los adjetivos que se me ocurren para calificar las declaraciones de la señora María Luisa Piraquive en el video que esta semana se conoció en Colombia y en el que la líder de una de las muchas iglesias cristianas del país explica su posición frente a la posibilidad de que un “discapacitado” se convierta en pastor de su iglesia.

Es inaudito que aún persistan visiones tan ignorantes sobre los individuos que se consideran diferentes. Lo que me parece esperanzador es que casi nadie ha salido en su defensa. Al contrario, el video apareció – y comenzó a circular – de manera espontánea, lo que demuestra la indignación que esas palabras causaron en gran parte de la población. Tanto es así que el tema se convirtió en uno de interés nacional.  

Sin embargo, esta indignación, como suele suceder en Colombia, pasó a ser rápidamente un llamado a la acción de las autoridades. Nos hemos acostumbrado a que, ante cada hecho con el que las mayorías estén en desacuerdo o que les moleste, se debe resolver con la intervención del Estado. No me quiero imaginar si aún existieran los castigos físicos como las hogueras, las horcas o la guillotina lo ocupadas que estarían por estos días.  

Pero no. Ahora existe la famosa ley anti-discriminación. Tan pronto el video llegó a los medios, comenzó a pedirse su aplicación. Tal vez porque eso no es posible o por la dificultad de demostrar el hecho, muy rápidamente la venganza se centró en la investigación de los manejos financieros que la familia Piraquive le ha dado a sus bienes y a su empresa, la Iglesia cuyo nombre es mejor no aprenderse.

¿No deben rechazarse las declaraciones de esta ignorante líder cristiana? ¡Claro está! Y eso es lo que ha hecho una gran parte de la población. En consecuencia, lo que se puede esperar es que algunos de sus seguidores actuales y muchos de los potenciales, decidan irse a otra empresa…perdón, iglesia. No hay peor sanción para esta señora que la generada por el fracaso de su fuente de ingresos y de expresión de odio. 

Lo que sucede es que esa sanción depende de la decisión de las personas y no del Estado. Recién promulgada la ley anti-discriminación la critiqué por diversas razones. Una de ellas es el hecho de que el Estado no puede eliminar las acciones que sean consideradas censurables por las mayorías. Para eso están los individuos y su capacidad de decidir.

No todo lo que no nos guste que hagan los individuos puede ser objeto de cárcel o de persecución por parte del Estado. ¿Y si la Iglesia no desaparece? Pues eso también depende de los individuos. Si muchos de ellos creen ciegamente en lo que semejante personaje les dice, no hay nada qué hacer. El Estado no puede obligarlos a pensar diferente. Ojo, esto es importante. ¿Acaso ésa no es una de las principales críticas a la labor que ha adelantado el Procurador? Si no nos gusta lo que Alejandro Ordoñez ha tratado de hacer al imponer su visión de lo correcto o moral, no podemos hacerlo a los demás.

En el mismo sentido, está el tema de la responsabilidad. Cada individuo es responsable de las decisiones que toma y de las cosas en las que cree. Si éstas son tan tontas como las expresadas por esta señora Piraquive, seguramente serán objeto de sanción moral. Pero ésta no tiene que ser por medios legales.

Como decía, la persecución se está dando también en el plano financiero. ¿Es la familia Piraquive lavadora de activos, ladrona o evasora de impuestos? Eso no lo sabemos en este momento. Para afirmarlo tenemos que esperar al resultado de los procesos en curso.

Por ahora, lo que quiero discutir es lo siguiente. Recuerdo que alguna vez, hace muchos años, salió publicado un informe en la desaparecida revista Cambio en el que se cuestionaba la oscuridad sobre los manejos financieros de esta iglesia. ¿Nunca las autoridades tuvieron en cuenta esas denuncias? Porque lo que resulta preocupante en este caso no es si ella ha cometido delitos o lo absolutamente ignorante que es, sino la gran ineficiencia de nuestro Estado.

Tenemos que esperar a que existan escándalos de personas específicas para que el Estado decida cumplir su función de ejercer justicia. En este sentido, además de ineficiente, nuestro Estado funciona como un showman: a partir de los aplausos. Si una causa es popular, la investiga. Si no, la deja en el olvido. ¿Es a este Estado al que las mayorías pretenden darle el poder de sancionar a los que discriminan? No puedo entender esa elección.

Me parece muy bien que la investigación se haya iniciado. Ojalá ésta continúe y nos permita saber si, además de ignorantes y discriminadores, la familia Piraquive está conformada por delincuentes. En el entretanto, los colombianos tenemos que dejar de actuar sin pensar en las consecuencias de nuestros actos. Por defender los derechos, se le otorgaron funciones casi ilimitadas a la Procuraduría y miren en la situación en la que nos encontramos en Bogotá hoy, como resultado de haber puesto esa organización en las manos equivocadas.

Siempre existirán personas que nos desagraden por su forma de ser, de actuar o por sus ideas. Pero no porque no nos gusten a las mayorías, podemos actuar como si aún viviéramos en la época de la cacería de brujas. Las hogueras, la persecución, la venganza y el odio dejémoselos a personajes como el procurador y la señora Piraquive. El resto de los individuos, que aún tienen la capacidad de indignarse por todo lo malo que ellos representan, no puede caer en sus mismos métodos para sancionar a los que afectan la vida en sociedad. Una sociedad liberal se reconoce por la existencia de todo tipo de personas e ideas, incluso por los que tienen ideas que nos desagradan. Tratar de silenciarlos, incluido el uso de leyes políticamente correctas, es una forma de darles una victoria, tal vez no como personas, sino a las ideas que representan.

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